Cínico, grosero, vulgar, el último desplante de Donald Trump ha sido amenazar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador con “descertificar” a México por “incumplir sus compromisos internacionales contra el narcotráfico”. Ve así el presidente de Estados Unidos la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. La contestación de AMLO fue, concreta, sustancial, inobjetable, vendida en subasta la mansión incautada al narcotraficante Zhenli Ye Gon que compró el empresario regiomontano y promotor deportivo Carlos Bremer en 102 millones de pesos que serán repartidos a los 544 atletas mexicanos que participaron en los Juegos Panamericanos de Lima que concluyeron el domingo. Guardadas las proporciones, el tema se inserta en el exhorto de la coordinadora del grupo parlamentario del Partido del Trabajo en el Congreso del Estado, Tania Valentina Rodríguez Ruíz, quien solicitó (¿“con todo respeto”?) a la Secretaría de Salud del Estatal informe sobre las acciones que haya realizado para prevenir y erradicar el consumo de mariguana en el estado, particularmente en Cuautla. Más claro, sólo el agua… EN MORELOS, el censo poblacional de adultos mayores de 60 años asciende a poco más de 200 mil, equivalente al 11.2% de la población total del Estado. La celebración del Día del Anciano está en puerta. A partir de 1998, el 28 de agosto se conmemora en todo el país el Día del Abuelo o del Anciano. Data de 1982, con la Primera Asamblea Internacional de la ONU dedicada al envejecimiento. Se festejó a los adultos mayores por primera vez en 1983, primero en la Ciudad de México y al año siguiente en Monterrey. La visión del anciano a través del tiempo ha evolucionado. En los años 30, el anciano cumplía con el rol social de transmisor de cultura y experiencia. En esta etapa, “el anciano tiene que ser un santo, condenado a ser venerado, no tiene derecho a cometer el mínimo error, él tiene toda la experiencia, ya no puede sucumbir a la mínima tentación; tan consumido y arrugado como está, tiene que ser perfecto, ejemplo de todas las virtudes. Entre los años 40 y 50 se asoma por primera vez la imagen del “anciano institucionalizado”, empieza a verse como una necesidad que visite en ciertas horas o habite en forma permanente en un hogar de ancianos. Continúa, aunque con menor intensidad, la imagen del viejo o abuelo como transmisor de la cultura. Es, sin embargo, una persona activa que debe y necesita ocupar su tiempo libre, que no está feliz si no trabaja. Entre los 60 y los 80 la situación cambia. En una cultura que “endiosa” a la juventud en sus aspectos externos y tiende a cambios tecnológicos acelerados, los valores que los ancianos transmiten son desactualizados, desfasados y por ello reemplazados (incluso en autoridad) en esta función por modelos más jóvenes y actualizados, como el del tío, el tutor, el terapeuta. Es la peor etapa, ya que los ancianos han quedado sin rol social y son definidos por el rol de abuelos a quienes sólo los niños (y las mascotas) quieren. En las últimas décadas, la gente empieza a ver a los abuelos de acuerdo a su importancia y a los nuevos roles asumidos, porque hay cada vez más generaciones que llegan a los 65 años y aún fuertes, con ánimo y mentalidad positiva para saber disfrutar un poco más de la vida. Esto es debido al aumento global de la expectativa de vida, en dónde los adultos mayores aparecen como personas activas y con actitud optimista para vivir la vida. Así, al anciano o abuelo hoy se le asigna un papel mucho más digno dentro de la familia, más maduro y humano. En noviembre de 2003, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador publicó la Ley del Derecho a la Pensión Alimentaria, cuyo artículo uno dice: “Los adultos mayores de sesenta y ocho años, residentes en el Distrito Federal tienen derecho a recibir una pensión diaria no menor a la mitad de una unidad de cuenta de la Ciudad de México vigente”. Desde entonces, ampliado hoy el beneficio a nivel nacional. Cinco años después de establecida la fecha que recordamos, en 1987, al inicio de uno de sus conciertos en el Auditorio Nacional, Joan Manuel Serrat lanzó esta crítica que sigue vigente: “Esta sociedad, o sea nosotros, al hombre y la mujer, después de sacarles todo el jugo acostumbramos a condenarlos al pacto del hambre, arrinconarlos, a humillarlos. Y esto no es sólo una canallada, es peor. Esto es una demostración palpable de la estupidez de esta sociedad, o sea nosotros, porque por un lado aquellos que hoy se sienten jóvenes han de reconocer que con el transcurso del tiempo, a lo más que podemos aspirar es a envejecer con dignidad y difícilmente podrán hacerlo si los que hoy son jóvenes, no ayudan a los que hoy son viejos, a envejecer con esta dignidad”… (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
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