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Cuernavaca lleva años esperando al alcoholímetro, trece a partir de 2003 cuando el programa “Conduce sin alcohol” fue implementado en el entonces Distrito Federal y pronto demostró que evita accidentes automotrices de conductores en estado etílico. Antes polémica, la prueba de alcoholemia ya no tiene la oposición de los otrora llamados “discotequeros” (los dueños de los después bautizados como antros) que argumentaban que, al ser la nuestra una ciudad turística, la puesta en práctica del dicho programa ahuyentaría a los visitantes de fines de semana. Y seguirá aguardando un año más, según el anuncio del alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo. Aduce: “hay que trabajar mucho en la preparación y compra de equipos, acondicionar el área en donde se trasladarán a los detenidos”. (Equivoca el término: no son detenidos, pues delincuentes no son, sino infractores a quienes la autoridad resguarda en un recinto en donde se las pasa “la cruda” y a la mañana siguiente pagan la amonestación en efectivo o con trabajo comunitario, así como la sanción y el “arrastre” del vehículo llevado por la grúa al corralón). Su problema es la falta de dinero en la Tesorería Municipal para la construcción de instalaciones tipo “El Torito” de la capital del país y la adquisición de los aparatos que miden la ingesta de alcohol. (Dato curioso: estando también en crisis financiera, el Ayuntamiento de Temixco resolvió el problema. Práctico, no esperó a tener recursos para comprar equipos. Sus agentes de vialidad someten a los conductores a la prueba etílica pidiéndoles que soplen al rostro del policía, que bajen del vehículo y den unos pasos; los que caminan haciendo “eses” pagan la multa y listo). Mientras tanto, en “Cuerna” continuarán los accidentes de tránsito protagonizados por automovilistas borrachos, sobre todo las noches y madrugadas de viernes, sábados y domingos. Transcurrirá otro año para que en Cuernavaca el alcoholímetro evite tres de cada diez fallecimientos de hombres y mujeres que suelen manejar ebrios, la mayoría jóvenes, como lo acredita el hecho de que de 2003 a la fecha en la Ciudad de México el programa “Conduce sin alcohol” ha contribuido a reducir en 30 por ciento el índice de accidentes fatales asociados con el consumo de alcohol… Aparte los adoradores de Baco, eso de manejar vehículos automotrices es cuestión de cultura. Director de la Policía Vial de Cuernavaca, Huber Abarca Román presume la reactivación del programa 1x1. Consiste en que en los cruceros sin semáforos el conductor ceda el paso a un vehículo, éste a otro y así sucesivamente. Una cortesía que es incapaz de otorgar la mayoría de choferes de taxis y rutas, algunos cafres llegados del ex De Efe y del estado de México e igualmente muchos locales con complejo de “influyentes”. Es el 1x1 una práctica añeja en buti ciudades, entre otras, Aguascalientes que también soporta una tremenda carga vehicular pero cuyos gobierno y sociedad lograron aminorar los congestionamientos de tránsito. Con aproximadamente un automotor por cada tres habitantes, el problema de la movilidad automotriz y peatonal no es un tema menor en Cuernavaca, pero para al menos mitigarlo no es posible sin la cultura de urbanidad tanto de la sociedad como de la autoridad. La Cuernavaca de topografía accidentada, de subidas y bajadas, calles estrechas que no fueron planeadas para el parque vehicular de la actualidad pronostica un colapso dentro de muy pocos años. El 1x1 y el alcoholímetro son sólo una parte de la solución, otra la construcción de nuevas vialidades (abierta hace ya tres décadas, la última fue la avenida Teopanzolco) y, pese a que hoy parezca cosa de ciencia ficción, los segundos pisos en Obregón, Zapata, Plan de Ayala, Cuauhtémoc, Galeana, Matamoros, etc., etc.; también la edificación en el despoblado del lado poniente de la Cuernavaca nueva que saque de la Cuernavaca vieja a las dependencia de gobierno y en un plazo menor a las terminales de autobuses foráneos. Es Huber Abarca el funcionario de la administración municipal que más aparece en los medios. Le gana al presidente municipal, un día sí y otro también da declaraciones, anuncia operativos que rara vez se ven pues los embotellamientos son permanentes, le saca la vuelta a asuntos que “lo comprometen”, como el de que en siete años los pobres agentes de vialidad no han recibido uniformes, y se sale por peteneras asegurando ignorar el número de elementos que integran la corporación. Pero visto está que ni él ni Cuauhtémoc tienen idea del problema, gravísimo, del desplazamiento de personas y vehículos automotores… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]