En lugares innumerables de México no llueve mucho que digamos. En los páramos de Zacatecas, San Luis Potosí, Sonora o Chihuahua bromean con que las ranas aprenden a nadar a los diez años. Tierras temporaleras, las zacatecanas son campeonas en la producción de frijol, pero sólo cuando llueve. Tratándose del campo y de tantas cosas de las que depende el hombre, el agua es vida. En Cuernavaca tenemos dos bendiciones. Regularmente llueve de noche y muy seguido a cubetazos. Iluminado el horizonte por los relámpagos, pareciera que el cielo se va a caer, mientras que el agua baja a raudales en las cuestas y descarga en la otra bendición, las barrancas, así que rara vez hay inundaciones. A la mañana siguiente vuelve a brillar el sol, los pájaros se sacuden el agua de las plumas, cantan y uno se imagina que las plantas también están cantando, alegres, alimentadas por la humedad y los rayos solares. Un paraíso que suele olvidársenos, pero que sin embargo entraña riesgos. Los aguaceros no les preocupan a las familias que habitan casas sólidas en zonas seguras; pero sí les quita el sueño a quienes habitan viviendas frágiles, temiendo que en cualquier momento se inunden las tierras bajas, que se deslaven los bordes de las barrancas y las proximidades de minas de arena. El chaparrón de la noche del lunes prendió timbres de alerta, reportados al otro día por Protección Civil no decesos humanos, afortunadamente, pero sí árboles caídos, encharcamientos e inundaciones en la carretera federal México-Cuernavaca, el fraccionamiento San Jerónimo, la colonia Flores Magón y en el Paso Exprés. Nada comparable, vale decir, con la tromba que la misma noche azotó a la Ciudad de México; afectadas más de mil viviendas en colonias de las delegaciones Xochimilco, Tlalpan y Coyoacán porque entre otras causas allá no hay barrancas y la topografía es plana. Llegado aquí el Paso Exprés del libramiento de la autopista como una maldición en múltiples sentidos, si aún hay alguien que lo dude, que le  pregunte a los que moran viviendas que quedaron colgando en lo alto de los carriles laterales. Afectados por las obras que duraron dos años, varios ya se quejaron en la Comisión Estatal de Derechos Humanos, pero de nada les servirá; dudosa además la versión de que el alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo gestionó en el gobierno federal cien millones de pesos para que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes repare los daños que “han sido contabilizados”. Pero si Cuernavaca está libre de inundaciones, otros municipios no. Hace dieciocho y trece años fue el río Yautepec, y en 2013 el desbordamiento del Amacuzac. Con diferencias apenas notables dadas las afectaciones por los desastres, de 2009 a 2013 se registraron severos daños por inundaciones. La más grande inundación que recordamos data de 1998, en la que el nivel del río Yautepec sobrepasó dos metros y los perjuicios fueron gravísimos, aunque no al grado de once años después cuando en agosto de 2009 el caudal rebasó los diez metros sobre las orillas del cauce. El del 14 y 15 de septiembre de 2013 se consideró como un desbordamiento histórico del río Amacuzac: dejó en seis comunidades de ese municipio, en Puente de Ixtla y Jojutla decenas de familias sin hogar, pérdidas de ganado, cultivos y múltiples averías en caminos y carreteras. Las comunidades de Cajones y Huajintlán (Amacuzac), El Coco y El Estudiante (Puente de Ixtla) y Tehuixtla, Chisco Río Seco y Vicente Aranda (Jojutla) fueron sacudidas por el agua. El reporte de daños incluyó el puente La Fundición que enlaza las poblaciones de Tilzapotla, La Tigra y El Zapote, en la sierra de Huautla. En Yautepec, los cuarentones todavía recuerdan que de las 11 de la noche del martes 25 a las 4 de la mañana del miércoles 26 de agosto de 2009, la intensa lluvia y el torrente acumulado desde Los Altos provocaron una crecida histórica que alcanzó 10.80 metros. En 300 minutos pasaron como caballos desbocados 108 mil litros o 108 metros cúbicos por segundo. Incontenible, la corriente inundó dos mil casas, el mercado municipal, cientos de comercios en el centro del pueblo así como una veintena de escuelas… Todo lo cual, pasado y presente, les importa un soberano pito a los alcaldes. Citados este miércoles por la Junta de Gobierno del Instituto de Desarrollo y Fortalecimiento Municipal, la mayoría mandó a representantes. Protección Civil les iba a hacer una serie de recomendaciones sobre la   prevención de contingencias en temporada de lluvias. Y lo peor: de los treinta y tres, sólo doce han entregado planes de contingencias. ¡Vaya irresponsabilidad!.. ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

TAGS EN ESTA NOTA:



Loading...