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Obvio: no es lo mismo la Cuernavaca de la década de los sesenta del siglo pasado, con sesenta y tantos mil habitantes, que la Cuernavaca de la actualidad, habitada por 365 mil personas según el Censo de Población y Vivienda de 2010. Cuernavaca sería disfuncional sin el centro comercial Adolfo López Mateos, los mercados municipales de Buena Vista, Lomas de la Selva y Alta Vista; o la Zona Metropolitana, en donde viven 818 mil, sin las vialidades del Paseo Cuauhnáhuac y la carretera de cuatro carriles que corre de la capital a Alpuyeca; o el estado sin las autopistas Del Sol y la Siglo XXI. Esto último en términos de movilidad, el problema que en las últimas décadas se ha convertido en uno de los más graves de las grandes ciudades y del cual los morelenses tenemos el ejemplo cercano de la Ciudad de México, en  donde los segundos pisos del periférico y de más arterias se han vuelto tan necesarios como inevitables. Caótica la nuestra, es una ciudad que si no es ordenada colapsará dentro de muy pocos años. Deberán ser construida una central camionera, en las afueras de la mancha urbana para mudar del primer cuadro las terminales de autobuses que están ahí hace ya más de medio siglo, y una central de abasto al mayoreo que sustituya al mercado ALM y éste quede sólo para el menudeo. Teniendo aproximadamente un vehículo automotor por cada cuatro habitantes que circulan en calles estrechas y la topografía accidentada de colinas y barrancas, en Cuernavaca la construcción de nuevas vialidades es cada día más urgente y menos inaplazable. Con esto tiene que ver la movilidad de vehículos y de personas, pero, miopes, hay grupos e individuos que no lo ven así. Los que este sábado bloquearon la Autopista del Sol lo hicieron por intereses personales, no en defensa de la colectividad. Desquiciaron la circulación, desviados por la carretera federal miles de automovilistas, locales y turistas, los primeros tardando hasta dos horas para poder llegar a su destino y los segundos desistiendo de ir a los balnearios pues además les esperaba el regreso a la Ciudad de México que, dada la lentitud de desplazamiento por las obras del mal llamada Paso Exprés, les llevaría tres horas más. Dedicados a la transportación de personas, se entiende la oposición al Morebús de algunos concesionarios de “rutas” porque durante muchos años ese ha sido su negocio; pero que no afecten a terceros, impidiendo el derecho constitucional al libre tránsito. Hacerlo constituye un delito, que si continuamente cometen los concesionarios del denominado sistema de transporte colectivo con itinerarios fijos sólo lo explica la impunidad por el exceso de tolerancia de parte de la autoridad. Las ciudades evolucionan, deben hacerlo. El Morebús es sólo una parte del ordenamiento de la movilidad de personas y vehículos; otra es la construcción de la central camionera que saque del centro a las terminales de autobuses de pasajeros. Comentado este tema en varias ocasiones, ha sido un antiguo sueño guajiro. Fue por allá de fines de los setenta cuando empezaron a ser construidas en el Distrito Federal y en capitales estatales, pero no en Cuernavaca. Andando los años hubo más de un intento, pero en eso quedaron. De hecho, para la obra jamás realizada el terreno había sido donado por el ejido de Chapultepec en las cercanías de la subestación eléctrica de la CFE, la planta de almacenamiento de Pemex y la Preparatoria Uno. El proyecto venía del sexenio 1970-76 del gobernador Felipe Rivera Crespo, inimaginable entonces para los cuernavacences la mancha urbana que sólo una década después empezaría a extenderse a Jiutepec, Yautepec, Zapata, Temixco y Xochitepec mientras las terminales, en esa época antiguas ya, de las líneas Flecha Roja, México-Zacatepec y Estrella de Oro se quedaban donde aún están. Estorbando en zonas densamente transitadas (Morelos, Abasolo, Galeana y Las Palmas) y posteriormente instalada otra en La Selva y una más en el boulevard Cuauhnáhuac, agudizaron los conflictos de vialidad y de contaminación ambiental. En toda ciudad funcional hay periférico y una o más centrales camioneras. Son los casos de otras así como Guadalajara, León, Aguascalientes, Zacatecas, Querétaro o Monterrey. Pero de esto nada aquí, ahora y desde hace un titipuchal de años con un transporte de tercer mundo, carcachas dos de cada tres “rutas” a las que los “líderes del transporte” se resisten a cambiar por unidades nuevas, menos contaminantes y más cómodas. El Morebús es una realidad, una urgencia para Cuernavaca que merece y necesita un medio de transporte moderno… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]