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Uno quisiera que las noticias fueran al revés:  buenas en lugar de malas. Digamos, que los productos y servicios básicos bajaran de precio, no que subieran, o que la inseguridad descendiera y la seguridad aumentara. Pero la realidad no concilia las antípodas, nada ni nadie pueden hacerlo, así que la gente está habituada a que todo puede suceder. O casi. Por ejemplo, que cualquier día de estos sepa a gasolina el agua de la llave, y a gasolina huela el agua de la ducha… pues gasolina contiene.

Les sucedió a los habitantes de Ocotepec, el viernes, horas antes de que por la tarde un comunicado del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca alertara sobre la “suspensión temporal” del servicio de abastecimiento “debido a la presencia de gasolina en el agua”. Resaltó la posibilidad de una fuga de combustible en el ducto de Pemex que pasa a unos 80 metros de la fuente acuífera que fue ubicada como el foco de la mezcla con gasolina, y precisó que además de en Ocotepec el suministro del líquido vital fue cortado en las colonias Gloria Almada, El Mirador así como en Jubilados y Pensionados. Pero nada de la posibilidad de una fuga de combustible propiciada por presuntos “huachicoleros”, según sucedió la madrugada del miércoles 26 de abril en un “chupón” oculto en una vivienda de la colonia Tulipanes que se incendió y debieron ser desalojadas las familias de los domicilios asentados en la manzana del sitio de la conflagración cuyas llamas alcanzaron cinco metros de altura. La mezcla de agua y gasolina en Ocotepec hace recordar la desgracia del sector Reforma de Guadalajara, a cuyo drenaje fueron descargados cientos de miles de litros de gasolina, explotó y causó muerte y destrucción en 1992. Esta noticia dio la vuelta al mundo, de modo que un incidente que tuvo lugar dos meses después activó un evento mayor. Pasó que en junio de aquel año trabajadores de Pemex lavaron el ducto de Cuernavaca, vertieron los residuos en un tanque de 55 mil litros que se rebasó, los desechos llegaron a la barranca del Rastro y mataron a mascotas del vecindario. La gente se hallaba alarmada, había una especie de sicosis nacional por el estallido del drenaje de Guadalajara y, entonces combativo u oportunista, el PRD encabezó un movimiento exigiendo la reubicación de los depósitos de Pemex… que fueron “cambiados” pero sin que se movieran un centímetro por un decreto del a la sazón gobernador Antonio Riva Palacio López, no obstante el argumento irrebatible de que “se encuentran en un área aledaña a CIVAC que carece de la zona de protección que exige la ley para salvaguarda de la población”. Dos décadas más tarde, en marzo de 2013 el actual gobernador Graco Ramírez retomó el tema de la reubicación de la planta. Reunido con el entonces director general de la paraestatal, Emilio Lozoya Austin, le sugirió que sopesara la posibilidad de la mudanza del conjunto de tanques, considerando que “al paso del tiempo, con el crecimiento de la mancha urbana fue quedando dentro de una densa zona poblacional, por lo cual la sociedad demanda su retiro”. Pero el presidente Enrique Peña Nieto no se dio por enterado. Y así hasta el día de hoy, cuando miles y miles de personas continúan viviendo con el riesgo bajo sus pies, en las calles, las casas y las plazas públicas por cuyo subsuelo pasa el ducto de Pemex que trae gasolina de la Ciudad de México a Cuernavaca. Tantos años llevan así, que se acostumbraron a pisar el peligro. Son los vecinos de otras y las colonias Ocotepec, Ahuatepec, Antonio Barona, Milpillas, Universo, Flores Magón, Tulipanes y Niño Artillero. Miles, como miles más pueblan la Ampliación Flores Magón, Zodíaco, Unidad Morelos, Ramón Hernández Navarro, Ciudad Chapultepec, Revolución, Otilio Montaño, Morelos, Santa Martha, Ampliación Chapultepec, Vicente Estrada Cajigal, Alegría y Bugambilia. Estas últimas, desperdigadas en las inmediaciones de los tanques de almacenamiento de la paraestatal que hace medio siglo están en el Paseo Cuauhnáhuac, con una sola diferencia: que antes no había “huachicoleros” y hoy sí. ¿Ya no se acuerdan?: ochenta tomas clandestinas en el primer cuatrimestre de este año reportó en Huitzilac el alcalde de ese municipio, Alberto Cruz Mendoza, al pedir que soldados del Ejército Mexicano vigilaran el ductos de Pemex “porque (los incendios que causa la ‘ordeña’ de hidrocarburos) representan un riesgo latente para la población”. Si fue fuga de combustible accidental, tampoco lo dijeron… ME LEEN MAÑANA. 

Por José Manuel Pérez Durán

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