Después de la ejecución de cuatro hombres en un antro de la colonia Otilio Montaño por parte de un comando de sicarios, el miércoles pasado, el asesinato a balazos de un sujeto, la mañana de este domingo en un bar de Tlaquiltenango, los políticos volverán a traer a cuento la regularización de establecimientos etílicos. Al primer evento, el secretario del Gobierno Estatal, Matías Quiroz Medina, reaccionó haciendo un llamado a los presidentes municipales para que sean “cuidadosos” en la expedición de licencias de funcionamiento, controlen los horarios de funcionamiento y clausuren los negocios que no cumplan la norma. Sin embargo, solamente el alcalde de Jiutepec, Manuel Agüero Tovar, acató el exhorto, clausurada la cantina en donde fue ultimado el cuarteto de parroquianos y reportado un “tour” en el que fueron sancionados los dueños de comercios irregulares, muy pocos, por cierto... De los cuales ya se sabe hay montones, sin permisos, operando en el marco añejo de complicidades de antreros y funcionarios municipales, millonario el producto de “las mordidas” repartidas de abajo hasta arriba en un negocio de corrupción más viejo que la costumbre de dormir acostado. ¿Qué no? “La ruta del sol”, le decían los adoradores de Baco. Arrancaban las noches del viernes o el sábado en el centro de Cuernavaca, seguían en El Polvorín, compartida la cena ya de madrugada; luego a Temixco y a Zapata, pillados allí por los primeros rayos del astro rey; dependiendo del aguante, el regreso a Cuernavaca era a las siete u ocho de la mañana, rematada la parranda maratónica con una pancita en el mercado López Mateos, y sólo hasta entonces, secos los bolsillos y agotada la gasolina, retirarse a casa. Pero entonces se podía, había seguridad, y el único riesgo eran las peleas a puñetazos o los “borrachazos” por accidentes de tránsito que a veces arrojaban saldos fatales. Sucedió hasta fines de los ochenta, pero desde antes ya se hablaba de controlar los bares, botaneras, restaurantes con venta de bebidas alcohólicas y toda suerte de antros. Un tema más antiguo que la tos, posible tanto en la capital como en pueblos del interior en donde cualquiera puede abrir negocios de vicio pagando mordidas o amparándose para que no sean clausurados por la autoridad. Urgido de ingresos monetarios, recientemente el Ayuntamiento citadino anunció que abriría una ventanilla única de actualización del padrón de licencias de funcionamiento, es decir, para regularizar establecimientos “pirata” que venden bebidas espirituosas. Esto junto con que por fin el alcoholímetro sería puesto en acción, el mismo que Cuernavaca lleva esperando catorce años a partir de 2003 cuando el programa Conduce sin Alcohol fue implementado en el ex Distrito Federal y pronto demostró que evita accidentes automotrices de conductores pasados de copas, como lo acredita este dato: para el 2011, en la Ciudad de México el alcoholímetro había sacado de circulación a 90 mil conductores ebrios, muchos de los cuales probablemente se salvaron de perder la vida o de quedar lisiados en accidentes de tránsito vinculados a la ingesta de alcohol. Funciona en Temixco y Jiutepec, pero en Cuernavaca no ha pasado del “ya merito”…FIELES practicantes del dicho codicioso de “lo caído, caído”, las empresas a las que les fue concesionada la construcción del Paso Exprés –la española “Construcciones Aldesem” y la mexicana “Epccor Construcción”– no han enderezado los entuertos que dejaron, entre muchísimos otros, levantar protecciones en los costados del puente de la avenida Palmira, estrecho, dejada una roca grande que la tierra aflojada por las lluvias puede precipitar a la cinta asfáltica y caer sobre los coches que circulan en sentido sur-norte. Reticentes al gasto que implica corregir esos defectos sólo “ocultos” a la mirada complaciente del delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), José Luis Alarcón Ezeta, el Ayuntamiento y la Dirección de Protección Civil de Cuernavaca (PCC) nada han podido hacer por los vecinos de las colonias que resultaron afectados por el Paso de la Muerte. Inútil la declaración del secretario de la Comuna, Samuel Sotelo Salgado, de que luego de una reunión con habitantes de Chamilpa, Satélite, Antonio Barona, Las Águilas, Acapantzingo y El Polvorín “buscará” ser el intermediario entre éstos y la delegación de la SCT, y vanas las denuncias al director de la PCC, Fernando Manrique Rivas, por familias cuyas viviendas fueron dañadas durante la ejecución de los trabajos, lo son porque en este país de impunidades puede más el dinero de los presuntos “moches” que la salvaguarda de la sociedad civil… ME LEEN MAÑANA. 

Atril
José Manuel Pérez Durán
[email protected] 

TAGS EN ESTA NOTA:



Loading...