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Que era títere de los hermanos Julio y Roberto Yáñez, decíamos incluido el columnista; se rumoraba que el PSD le pagó cinco millones de pesos para que fuera su candidato a la presidencia municipal, y que no sería Cuauhtémoc Blanco Bravo quien gobernaría el Ayuntamiento de Cuernavaca, sino los Yáñez y el presidente del PSD, Eduardo Bordonave. Como el aludido callaba, su silencio lo confirmaba como figura decorativa, famoso por su condición de ex futbolista del seleccionado nacional… hasta que de pronto hizo honor a su segundo apellido, se puso bravo, sacó la casta del tepiteño habituado al juego rudo, primero echó de la cancha a Roberto, quitándole el puesto de secretario general, y sólo una semana después, anteayer, se desmarcó del PSD, partido en el que en realidad jamás militó. De pasadita destituyó a funcionarios afines al clan de los Yáñez. Hoy debemos admitirlo: sus críticos lo subestimamos, pero con más los dichos carnales y Bordonave, a quien Cuauhtémoc no puede sacudirse pues funcionario de elección popular es, reducido, eso sí, al papel de regidor solitario. El “Cuau” les salió respondón. Presumió: “Soy un hombre de pocas palabras y he tomado la decisión de deslindarme del PDS y las acciones que ha tomado Roberto Yáñez para desestabilizar al Ayuntamiento y las cuales siguen realizando. Les aclaro que no pertenezco a ningún partido. Ellos (Roberto y Julio) ya no tienen nada qué ver en el Ayuntamiento, lo han estado desestabilizando y no lo voy a permitir”. No precisó cuáles “acciones desestabilizadoras”, limitado al anuncio de los ceses de los titulares de las secretarías de Desarrollo Social, Israel Yúdico Herrera; de Infraestructura, Obras y Servicios Públicos Municipales, Jorge Sánchez Becerril; de Asuntos Jurídicos, Jesús Jiménez Abad, y de Comunicación Social, Jaime Rosas Jiménez. Quedados sin chamba éstos a diferencia de otros que también son gente de los carnales Yáñez y de Bordonave pero siguen despachando en el ex hotel Papagayo, a lo mejor demandan a la Comuna por “despido injustificado”, puede que si ahora no son liquidados con una “lana” pasado el tiempo la consigan, y la nota es que les sacaron la tarjeta roja. Cuauhtémoc no será ya el proyecto para gobernador del PSD, pero se vale especular. Según se ve el futurismo, si en el 2018 se concreta la coalición PRD-PAN, él podría ser el candidato al relevo de Graco Ramírez. ¿Por qué? Porque en el sol azteca la caballada luce escuálida, teniendo enfrente la popularidad del ex futbolista profesional, el senador Fidel Demédesis no ganaría ni en su feudo de Temixco; el secretario general del Gobierno de la Nueva Visión, Matías Quiroz, se ha mostrado como un funcionario eficaz, de trato terso que no suele buscarse problemas, de modo tal que sería un candidato ideal… pero para repetir como alcalde de Tlaltizapán; del rector de la UAEM, Alejandro Vera, se dice y repite que, si ha adoptado el rol de “rebelde social”, ello se debe a que ansía ser candidato independiente a gobernador o por cualquier partido, preferentemente Morena, aunque llegado el caso también le meterían la “cuauhtemiña”. Tanta especulación no es en balde; estos y otros cálculos ocupan y preocupan a los aspirantes a gobernador del PRD, el PAN y el PRI. Mientras tanto, al menos divierten. Y también sólo por ahora el presunto negociazo con la concesión del alumbrado público de Cuernavaca, autorizado el viernes anterior por los diputados del Congreso Estatal, con los Yáñez y su gente fuera ya del Ayuntamiento, para “las formas” la permanencia del español José Manuel Sanz en el cargo de secretario técnico pero vice alcalde en los hechos para operar a$unto$ como el contrato del alumbrado que hasta eso: será bienvenido por los cuernavacenses pues nos sacará de las tinieblas… ENTRE los que cafres manejan cual enajenados y el laberinto del llamado Paso Exprés que resulta Paso de la Muerte menudean  los accidentes, 132 del 2014 a la fecha, 17 de ellos de consecuencias fatales que les arrebataron la vida a 11 personas. Los datos son del delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, José Luis Alarcón Ezeta, cuya advertencia de que ahí la velocidad no debe pasar de 60 kilómetros por hora se queda corta. Veinte o máximo 30 parecen razonables para evitar choques y volcaduras de tráileres de carga y vehículos particulares. Eso así como más señalamientos, insuficientes los que alardea Ezeta, por ejemplo, en la entrada a Buenavista, donde no hay señal alguna y los automovilistas se siguen de largo. Ezeta, un peligro para Cuernavaca… ME LEEN MAÑANA.

Por. José Manuel Pérez Durán /  [email protected]