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Les roban teléfonos celulares, cientos, así que lógicamente hay un mercado negro de estos aparatos. Recurrente el modus operandi de los asaltantes, les arrebatan a los pasajeros el poco efectivo que traen, y a los choferes las monedas y los billetes de la recaudación del día; abandonan las “rutas” y se dan a la fuga. Actúan de noche y de día en cualesquier lugares, son jóvenes, violentos y rápidos; se hacen con unos cuantos pesos y teléfonos móviles, se reparten el producto del botín y a los dos o tres días asaltan otro microbús. Rara vez son atrapados por el mando único de la Policía Estatal, pero más tardan en salir de la cárcel que en volver a asaltar. Los pasajeros se han vuelto precavidos, antes de abordar las “rutas” se persignan, los hombres ocultan sus celulares en los calcetines, las mujeres en los corpiños, se dejan unas pocas monedas en las carteras y bolsos. Sucede todos los días, a muchos los han asaltado en más de una ocasión; pero deben transportarse al trabajo, la casa, las escuelas… y protegerse como Dios les da a entender… Noche del jueves 27 octubre pasado. Un joven de entre 17 y 20 años aborda un microbús de la Ruta 19 en la calle Morelos, a la altura de la colonia Amador Salazar de Yautepec. Saca de entre sus ropas un cuchillo, intenta asaltar al chofer, éste se resiste, forcejean por la posesión del arma, el operador descuida el volante y choca la unidad. Pero ya se han acuchillado mutuamente en pecho, cabeza, brazos y piernas. El delincuente saca la peor parte, desciende malherido de la ruta y pretende huir, se desvanece y cae al piso. Atendido por los paramédicos de la ambulancia que ha sido llamada, es trasladado al Centro de Salud, donde fallece. Feroz, la pelea ha sido presenciada por los pasajeros, hombres, mujeres y niños que regresan a casa. Se asustan, pero no se extrañan gran cosa porque de alguna manera se han habituado a las noticias de violencia criminal que hace años campea en Yautepec… Solo dos días antes, la tarde-noche del 25 de octubre, armados de cuchillos cuatro individuos asaltan a los pasajeros de una ruta 17, en la colonia Guadalupe de los Arenas de Emiliano Zapata. Los despojan de efectivo y objetos de valor, le quitan el dinero de “la cuenta” al chofer que se resiste y es lesionado en la mejilla izquierda. Una vez consumado su “trabajo”, los delincuentes bajan del “micro” en la zona del canal y huyen. Gastarán el dinero del botín, puede que en drogas y alcohol, y pronto volverán a su “especialidad” de robar en las rutas… Es de madrugada cuando cuatro sujetos suben al autobús. Los pasajeros que duermen son despertados por el clásico grito de “¡esto es un asalto!”. El que parece ser el jefe de la banda coloca una pistola en la sien del conductor, mientras sus cómplices proceden a quitarles las carteras, los celulares y otros objetos de valor a los pasajeros. Tres kilómetros más adelante, otro grupo de maleantes espera a sus compinches en un costado de la carretera. Por orden de los asaltantes, el autobús empieza a aminorar la velocidad, y es entonces que un hombre que viajaba en el fondo del camión los acribilla a tiros. No falla, tiene puntería de apache. El cabecilla cae muerto casi en el acto. Malheridos, los otros tres bajan del vehículo pero su ejecutor camina decidido hacia ellos, y cuando ya están en el exterior los remata uno por uno. Frío, sereno, el hombre recoge las mochilas donde los asaltantes habían guardado las pertenencias de los pasajeros. Sube nuevamente al autobús, deja en el piso las mochilas, y sólo hasta ese momento rompe su silencio. Les dice: “Háganme el paro” antes de perderse en medio de la oscuridad y la espesura del bosque. Lo que ha pedido es que no lo delaten, que si interrogados son por la autoridad no describan sus rasgos físicos. Y no lo hicieron. Sucedió el 31 de octubre en la zona de La Marquesa, del estado de México. Bautizado por la prensa como “El Justiciero”, hasta hoy se especula si es un ex militar o un ex policía. Sin embargo, ¿qué tal si se trata de un policía o soldado en activo, encubierto precisamente para eliminar a los asaltantes de autobuses? Nadie lo sabe, pero tampoco nadie lo reprocharía, consciente la sociedad de que nadie debe hacerse justicia por propia mano, pero al mismo tiempo harta de las arremetidas de la delincuencia, de la impunidad, de las ineficacias y/o complicidades de las fuerzas del orden… El 75% de la población morelense es transportada en 25 mil “rutas”, así que comentan más en serio que en broma: necesitamos un “justiciero” como el de La Marquesa. A esto hemos llegado… ME LEEN MAÑANA.

Atril
José Manuel Pérez Durán
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