El pasmo vehicular envuelve a la ciudad, del Polvorín al Calvario, Juárez, Humboldt, Leyva, Palmira, Obregón, Cuauhtémoc, Plan de Ayala y las transversales. De por sí complicado, el circuito del mercado Adolfo López Mateos está vuelto un desgarriate. Los atajos también se hallan atascados. A tanta gente varada le están tomando una hora los recorridos que en condiciones normales hace en diez minutos. Arribar al Zócalo por la cuesta del boulevard Juárez es imposible, así que los automovilistas giran a la derecha. Pero en Las Casas tampoco fluye el tráfico, atorada la fila larga de vehículos que espera el “siga” del semáforo, paradas en doble fila las “rutas” que levantan pasaje, sudando la gota gorda la agente de vialidad en la esquina de Leyva, frenados carros de modelos recientes y viejos ante el semáforo de Humboldt. Han pasado veinte minutos desde la vuelta por Las Casas para rodear y subir por Gutenberg cuando en el cierre de la esquina de Clavijero los automovilistas se encuentran con dos opciones: o desisten de su empeño o estacionan en el edificio Las Plazas, el único lugar al que sospechosamente siempre da acceso un policía de tránsito. Es mediodía y el colapso no da señales de terminar, atrapados miles en el embotellamiento colosal, furiosos los pasajeros de las “rutas” que sin previo aviso cambiaron sus derroteros mientras otros ruegan al taxista la dejada que niega pues “ni estando loco entro al centro”. Autobuses y microbuses estacionados ocupan carriles en Morelos, Adolfo López Mateos, Las Casas y otras arterias del centro histórico. Después se sabrá que son un centenar y medio que trajeron a antorchistas del interior de Morelos, el estado de México, el ex Distrito Federal, Hidalgo, Tlaxcala, Querétaro y otros lugares. En esos momentos surgen las palabrotas, los cuernavacenses están encabronados y se  preguntan: ¿ahora por qué? No pasará mucho rato para que lo sepan: otra vez Antorcha Campesina se ha apoderado de la Plaza de Armas. Los “animadores” del evento repiten consignas y exigencias en el micrófono. Quieren cuatrocientos lotes, y la gente de aquí que paga renta y escucha dice que dónde están dando para formarse. También piden abono, pero luego el secretario de Desarrollo Agropecuario, Roberto Ruiz Silva, afirmará que el gobierno ya ha cumplido con la entrega de fertilizante para el campo. Entonces, ¿de qué se trata? La respuesta la tiene el secretario Matías Quiroz Medina, quien declarará a reporteros: “Hay un interés que raya más allá de cualquier otra preocupación. Se observa el interés de golpear al gobierno, más que la defensa de sus representados”. Pero al cuernavacense común que es ajeno a la política lo que le importa es la tranquilidad que le es arrebatada por los antorchistas, miles que a las diez de la mañana caminaron de la glorieta de Las Palmas y no liberarán el Zócalo sino hasta pasadas las cuatro de la tarde. Para entonces el daño al comercio ya está hecho, y atropellado nuevamente el derecho al libre tránsito de la población. Movilizar a tantos antorchistas cuesta dinero, unos seiscientos mil pesos, promediado en cuatro mil el alquiler de cada uno de los ciento cincuenta autobuses y microbuses. ¿Pero quién financia a los dirigentes de Antorcha Campesina? ¿Los gobernadores de donde trajeron a los antorchistas? Preguntas nada extrañas pues así suele ser el golpeteo político, digamos insertado en el contexto rumbo a la elección presidencial de 2018. El mexiquense Eruviel Ávila figura en la carrera por la candidatura priista, y el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, busca la nominación del PRD. Puede ser que por eso el golpeteo a Graco, proveniente de la entidad mexiquense o cualesquier otras de la invasión antorchista a la capital morelense. Y lo peor: nada que podamos hacer los de aquí, a no ser que fuéramos unos cuantos miles cuernavacenses a bloquear el tráfico vehicular de Toluca, para que allá  sientan lo que aquí sentimos. Con otra: antorchitas locales y foráneos volverán  a hacer de las suyas, eso es casi seguro, y para acabarla de amolar,  los “líderes” de ruteros y taxistas están urdiendo asfixiar la movilidad de Cuernavaca. Amenazan con parar el servicio de micros, combis y taxis. Estrangularán el tránsito de vehículos y de personas, bloqueando calles y avenidas. Protestando contra el proyecto del Morebús le pegarán a los usuarios, docenas de miles en estado de indefensión pues aquí cada quien hace lo que quiere… ME LEEN MAÑANA.

Atril
José Manuel Pérez Durán
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