Si oral fuera el juicio contra el alcalde Cuauhtémoc Blanco, se desarrollaría más o menos así: El juez está sentado al escritorio del presídium, y en la primera fila de butacas el acusado, su abogado defensor y el fiscal. A la derecha del juzgador se halla el jurado compuesto por personas representativas de la sociedad cuernavacense. Transmitida la sesión en tiempo real por la radio y la televisión, es cubierta por fotógrafos y reporteros de medios impresos.
–Que pase el acusado –ordena el juez. Luego de jurar decir la verdad y sólo la verdad, el ex futbolista profesional se sienta en el banquillo de los acusados. La sala guarda silencio. El fiscal hace su primera pregunta:
–Diga su nombre completo y en qué trabaja.
–Cuauhtémoc Blanco Bravo. Soy el presidente municipal de Cuernavaca.
–¿En dónde y cuándo nació?
–En la colonia Tlatilco del Distrito Federal, el 17 de enero de 1973.
–¿A qué se dedicaba antes de ser alcalde?
–Fui futbolista profesional, de hecho todavía juego “cascaritas”, el fútbol es lo mío –contesta, sonríe socarrón, hace la “cauhtemiña”, el público estalla el primer aplauso pero el juez lo reprende, ordenándole: “¡Compórtese con seriedad! No está en un estadio de fútbol!”.
–¿Cuánto tiempo se dedicó a jugar fútbol profesional? –pregunta el fiscal.
–Dieciocho años, de 1992 a 2000. Jugué en los equipos América, Necaxa, Valladolid, Veracruz, Chicago Fire, Santos, Veracruz, Irapuato…
–Con eso basta –lo ataja el fiscal que precisa otra pregunta:
–¿Sabe usted por qué está aquí?
–Sí, porque los diputados quieren correrme. Que me dejen trabajar. Yo vengo del barrio…
–¡Limítese a contestar la pregunta! –le ordena el juez en medio de los gritos del público, dando tres martillazos sobre su escritorio al tiempo de tener que gritar: “¡orden o mando desalojar la sala!”.
–¿Sabe de qué lo acusan los señores diputados y los señores regidores? –le inquiere el fiscal?
–Dicen que violé la ley, porque antes de ser alcalde no vivía en Cuernavaca.
–Usted mintió; falseó su residencia en Cuernavaca. Presentó al organismo electoral un contrato de arrendamiento de una casa que jamás habitó. Los vecinos de esa colonia nunca lo vieron ahí, no lo conocieron como vecino por la sencilla razón de que usted no era su vecino. Usted no votó en Cuernavaca sino en el Distrito Federal. Por eso es investigado por la Fepade. Si como usted dice nació en Tlatilco, que luego vivió en el barrio de Tepito y por doce años jugó fútbol en equipos de la Ciudad de México, de otras ciudades y de otros países, usted no pudo haber vivido en Cuernavaca. Eso es imposible….
–Déjenme chambear. Los diputados quien correrme. Le obedecen al señor Rodrigo Gayooso… –implora y nuevamente es advertido por el juez de que debe limitarse a contestar de manera específica las preguntas que le son formuladas.
El fiscal insiste:
–Que diga el acusado sí o no vivió en Cuernavaca antes de ser el presidente municipal de esta ciudad.
Pero otra vez Cuauhtémoc evade el interrogatorio. Calla, se le nota desconcertado. Ya no sonríe ni hace la “cuauhtemiña” de cuando metía goles; ahora se los están metiendo a él. Dirige miradas de “qué digo” a su abogado defensor Cipriano Sotelo y a su apoderado José Manuel Sanz, quien junto con otro español lo han venido asesorando desde el inicio de su gestión como presidente municipal cuya revocación de mandato demandan trece de los treinta diputados del Congreso Estatal y la mayoría de los regidores que integran el cabildo de la Ciudad de la Eterna Primavera. El señor juez ordena que continúe la sesión, pero el fiscal aclara: “no tengo más preguntas”, de modo que el hombre de la toga y el birrete llama al defensor del acusado, quien se excusa: “no tengo preguntas”.
Envuelto de pronto en el silencio, entre el público se escucha un murmullo de alguien que parece conocer la ley: “No está fácil defender al pobre de Cuauhtémoc”. El juez da por concluida la sesión y fija una nueva fecha para que los hombres y las mujeres del jurado hagan sus conclusiones y él dicte la sentencia de culpable o inocente. Deja Cuauhtémoc el banquillo de los acusados mientras piensa: “Si he sabido en la bronca que me iba a meter, de wey les acepto a los Yáñez ser su candidato. Mejor me hubiera dedicado a ser el director técnico del América”. Se coloca a los lados de sus asesores y su abogado que lo esperan ansiosos. Los cuatro simulan sonreír, para que la porra no los vea preocupados. Se alcanza a escuchar a Cipriano decir: “No hay problema; ya habíamos quedado en que nos iríamos a la
controversia constitucional”. Y al diputado Jaime Álvarez exclamar: “¡qué goliza!”... ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

TAGS EN ESTA NOTA:



Loading...