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Cuernavaca, Morelos.- Vestida con suéter rojo, pantalón a cuadros de diferentes colores, zapatos color café, con el pelo hacia atrás y sentada en una silla de ruedas, estaba María Elena Maza Lambros, quien fue abandonada por su propia hermana desde hace cuatro años en un asilo, en Cuernavaca, Morelos.
María Elena fue abandonada en la Casa Hogar San Rafael “Juventud Acumulada, A.C”. Desde el 5 de diciembre del 2012 llegó a las instalaciones ubicadas en la avenida Palmira, en la capital del estado.
Sentada en la silla de ruedas, María Elena, susurraba, cantaba en voz baja, tenía una mirada tímida y distante, miraba las puertas de la Casa Hogar, agachaba la mirada y volvía a entonar su melodía que poco se percibía.
La mujer de 63 años de edad fue dejada en la casa hogar por su propia hermana a 19 días de la Navidad y Noche Buena del 2012. Desde esa fecha, la mujer de pelo blanco y corto comenzó una vida diferente, pues no se imaginaba que había llegado a ese lugar para ser abandonada.
Su hermana, Perla Maza Lambros, firmó un contrato por 4 mil pesos mensuales para que María Elena estuviera atendida por 30 días. Hasta la fecha, después de cuatro años, ni directivos no personal del asilo han tenido noticias de familiares, amigos y de su propia hermana, que la abandonó.
Los días, horas, minutos pasan y no se sabe nada de su hermana, quien por los propios trabajadores de la Casa Hogar, representantes legales y otros, han tratado de contactarla a través de la dirección que dejó cuando firmó el contrato: avenida Universidad Edificio 3-204, Colonia Copilco, Distrito Federal.
María Elena Maza Lambros debe tener un trato especial médico, pues padece de una discapacidad intelectual, de sus facultades mentales, necesita un medicamento especial porque sufre también de convulsiones, ataques de nervios, el cual, por mínima humanidad, ha sido costeado por la casa hogar donde se encuentra.
A pesar de que se le atiende médicamente por el personal de la Casa Hogar, la mujer de 63 años de edad, está en espera de que regresen por ella.
Debido a su enfermedad, desconoce cuánto tiempo ha pasado, dónde está su hermana, por qué fue abandonada y por qué esta en ese lugar.
María Elena sólo mira la puerta de la entrada, susurra en voz baja y agacha la cabeza, luego de esa mirada perdida hacia la salida del lugar.

Se olvidan de ella. María Elena tiene una discapacidad intelectual, desconoce tanto el tiempo que ha permanecido en la casa hogar como dónde se encuentra su hermana, quien no se ha hecho responsable de los gastos generados por su atención y cuidado.

 

Por: CARLOS SOBERANES /  [email protected]