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Agobiado por las críticas coincidentes de que el Paso Exprés fue hecho con las patas, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Esparza, reparte culpas al Gobierno del Estado. Lord Socavón anuncia la  construcción  de  un  muro en el lugar de socavón, propuesta en  cambio  por el gobierno  local un  puente grande y resistente En el  lugar del muro al que hacerlo llevará dos meses más de afectaciones al tránsito.

La gente surifrá, repetirá el juego de la oca.  ¿A dónde irán y de dónde vendrán tantas personas? Muchos en carros, camionetas, taxis, “rutas” y motos. Muchísimos más caminan, presurosos, bañados en sudor, agotadas hace rato las botellas de agua. Familias enteras varadas en las esquinas aguardan impacientes el microbús que las lleve de regreso a casa. Pero tardarán horas para poder llegar, cada vez más parecida Cuernavaca al infierno vial del ex Distrito Federal. Lo que a las  chavas y los chavos no les importa. Matan el tiempo echando desmadre, confundidos los gritos, las palabritas y las palabrotas con los claxonazos estridentes y el ulular lastimero de la ambulancia que se acerca, sacadas inútilmente las manos del paramédico por la ventanilla para que le abran paso. Los carros van a vuelta de rueda. Paran, avanzan y retroceden. Tú que manejas, a tu esposa la agarró un dolor de panza. Le pasa todos los años por estas fechas, cuando al calor aprieta. Te echa la culpa: “Ha de ser por la quesadilla de chales que me compraste”. Y tú piensas que eso le pasa por tragona. Te desplazas unos pocos metros, vuelves a frenar y retrocedes otra vez. Tu mamá vive contigo, lo cual no tiene feliz a tu señora. Se preocupa por ti más que la dueña de tus quincenas. Son las diez y no llegas. Su nieta de doce años, que es tu hija, le dice que no te llevaste el celular, de modo que no tiene caso marcarte. Tu jefecita te conoce hasta el modo de andar. Teme que tus amigotes te “sonsacaron” y que, para no variar, te fuiste de parranda. Pero tú lo único que quieres es llegar a tu casa y ni por dónde seguir. Vas bajando la avenida Morelos a la altura del Diario. Imposible continuar. Tienes suerte o eso crees. Alcanzas a ver que el carril sur-norte está despejado. Te las arreglas para dar vuelta en “u” y consigues llegar a donde empieza Nezahualcóyotl. De nada te sirve: nuevamente quedas embotellado. A ratos debes apagar el motor. Nadie avanza y tu carcacha amenaza calentarse. Para colmo, la gasolina está retecara y hace semanas que tu jefe no te paga viáticos. Como puedes, logras llegar a Acapantzingo. Padeciste  pero ya pasaste Motolinía, bajaste por Leyva, seguiste por Rufino Tamayo y llegaste a Díaz Ordaz. De ahí a Tabachines será un brinco nomás, y una vez que agarres el libramiento no pararás hasta llegar a tu casa en Temixco. Para entonces llevas hora y media conduciendo. De tanto enclochar te duele la planta del pie izquierdo, tienes la espalda hecha cisco. En una de esas que paras observas a una gorda a la que le hacen “casita” para que haga pipí. Estás en las mismas: hace ratote que te hizo efecto la botella de litro y medio. Por fortuna te falta poco para llegar a Tabachines. Dos cuadras solamente y estarás deslizándote en el libramiento de la autopista. Nuevamente calculaste mal. El Paso Exprés no te libra del embotellamiento. El juego de la oca: carriles centrales sin acotamiento, camiones cargueros y de pasajeros que pasan rosando tus espejos laterales. Escuchas la radio. El director de Protección Civil, Fernando Manrique Rivas, dice que el Paso Exprés es de alto riesgo para automovilistas y vecinos del entorno. Habla de irregularidades: material suelto en la colonia Acapantzingo, falta de señalización y que la SCT no construyó canales de agua pluviales, lo cual provocará inundaciones en la próxima temporada de lluvias. ¡Vaya novedad!, eso ya lo sabias. Caes en la cuenta que la de nosotros es una ciudad de primera, porque manejamos en primera y no alcanzamos a meter segunda. Coche pegado con coche, besándose las defensas (ahora se dice “facias”), hasta que al fin consigues llegar a tu hogar, dulce hogar. Ni te acuerdas de meter el Vocho. Corres al baño y sólo después de que has vaciado la vejiga sientes que el alma te vuelve al cuerpo. Tu mamá te regaña porque tardaste tanto. Subes a la recámara. Tu esposa te pide (¡ordena!) que vayas a la farmacia, pues la medicina que ha tomado no le hizo nada. Te le quedas viendo y piensas: “ahora sí la mato”. Pero ni modo: de nuevo a la calle y que Dios te agarre confesado. Pasaste dos años atrapado en las obras del Paso de la Muerte, esa vialidad dizque de primer mundo en la que te atascaste la Semana Santa, la que el jefazo de la SCT, Gerardo Esparza, presumió apenas fue inaugurada que junto con el segundo piso del viaducto Tlalpan pondría a los capitalinos en Acapulco “en poco más de tres horas, pero se hicieron más de cinco. Estaría muy reque te bien que a las a empresas que hicieron el Paso Mortal Donald Trump les encargara el muro fronterizo para que se cayera  luego, luego… ME LEEN  MAÑANA.

Por José Manuel Pérez Durán

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