Cuernavaca, Morelos.- A ella no le incomoda hablar abiertamente de la orfandad, de padre y madre, en la que quedó cuando tenía seis años de edad; junto con sus cinco hermanos ingresó a la casa-hogar “Nuestros Pequeños Hermanos” en Miacatlán, donde –irónicamente- la tragedia de haber perdido a sus progenitores le ofreció una mejor opción de vida y de destino.

“Mi nombre es Emilia Cárdenas Ponce. Nacida en Michoacán. Mis padres fallecieron cuando yo tenía la edad de seis años. Un tío que vivía en el Estado de México nos trajo a vivir con él y su familia. Él ya tenía seis hijos propios y nosotros éramos seis hermanos. Cuidar, vestir y alimentar doce bocas, creo que se le complicó un poco e inició la búsqueda de un lugar adecuado para internarnos”, expone, dejando ver de inmediato una personalidad afable que, seguramente, la ayudó a ver en la adversidad, una oportunidad.

A sus 42 años, es un caso de éxito del programa Mujeres Jefas de Familia del gobierno de Morelos.

Después de un periodo de intenso aprendizaje y de oportunidades que la vida le puso enfrente, y ella supo aprovechar, decidió establecerse definitivamente en Cuernavaca.

Una de esas oportunidades le sirvió para aprender inglés, y estudiar el bachillerato; no fue a la universidad porque en el camino se le atravesó el amor; se casó y tuvo
dos hijas.

Pero con el inglés como herramienta de vida, en 1999, reingresó a “Nuestros Pequeños Hermanos”, ahora como responsable del Departamento de Padrinos, en El Salvador; hizo la misma labor en Guatemala y entonces comprendió que la licenciatura le hacía falta; la hizo en línea; en 2009, regresó a México, se separó y buscó una institución para cumplir con las prácticas profesionales.

Supo de la Sedeso y allí cumplió con el trámite y, de paso se enteró de los apoyos para Jefas de Familia.

Aplicó tres veces al programa, hasta que en 2015 fue beneficiada para elaborar barras de granola, con una de sus hermanas y una amiga.

Por: ANTONIETA SÁNCHEZ
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