Cuernavaca, Morelos.- “Mi peregrinar tardó ocho años; durante ese tiempo fui con varios médicos hasta que yo descubrí que tenía fibromialgia. Es una enfermedad muy dolorosa que no se ve, pero duele mucho y la gente no te entiende”, aseguró Ana Judith Antilla Anaya.
Ella tiene 40 años de edad y dos hijos, el más pequeño de ellos padece autismo. Su vida no ha sido fácil y atribuye al estrés su padecimiento.
“No ha sido fácil, mi mamá tuvo una enfermedad difícil, no comprendía qué pasaba hasta que crecí, pero fue complicado lo que sucedió y eso me generó mucha angustia y estrés, después me casé y tuve a mi hijo con autismo, y en 2010 detecte esta enfermedad”, dijo.
Señala que fue un peregrinar, desde 2010 comenzó a sentirse mal, cansada, con mucha migraña, dolor de huesos, y no sabía que tenía algo; “no podía imaginar tanto dolor. Acudí al IMSS, investigaron y un reumatólogo me detectó esclerodermia, pero continuaba con los dolores hasta que descubrí que podría tratarse de fibromialgia, lo consulte con el médico y de inmediato dijo sí”.
Asegura que su vida no ha sido fácil, consideró que es una enfermedad complicada porque no se ve y constantemente recibe frases como: “Pero te ves bien”, “No se te nota nada”, “¿Por qué estás tan cansada?”.
La gente no comprende esta enfermedad, dice Ana Judith, por ello en las asociaciones y otros grupos de ayuda encontró apoyo y comprensión quienes padecen lo mismo.
“El doctor me comentó que la esclerodermia también puede desencadenar fibromialgia; pero no estoy segura qué llegó primero, lo cierto es que ha sido complicado vivir con este padecimiento, porque llega la depresión, aunado al problema de salud que enfrento con mi hijo”, finalizó.

Por: Marcela García
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