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Yautepec, Morelos.- Gloria Salgado Licona, originaria de Yautepec, y que en el 19 de septiembre de 1985 tenía 17 años, es otra de las sobrevivientes de la tragedia que marcó a un país entero.
“Vivía en Tlalpan, me desperté a las 6:30 am pues tenía laboratorio donde cursaba la secundaria. Se me había hecho tarde y decidí que no iría a la primera hora. Volví a la cama y pasando unos mintuos comencé a sentir un movimiento muy fuerte, me paré en busca de mi mamá, tambaleándome por el pasillo, donde un candil se azotaba contra las paredes. Se estaba bañando y me dijo que estaba mareada, pero le corregí diciéndole que estaba temblando”, relata.
“En eso se fue la luz y sólo teníamos un radio de pilas que encendí. Lo primero que escuche fué ‘Edificio Súper Leche derrumbado’; yo no entendía nada… pasaron unos 5 minutos y el locutor seguía contando los edificios que habían caído”, añade.
Sin embargo, un nombre la hizo estremecer, al oír que el “Instituto Cultural” en Tlalpan, estaba también derrumbado.
“No podía creerlo, el teléfono fallaba y no podíamos enterarnos qué pasaba. Me dirigí a donde había estado mi escuela… es indescriptible la sensación que tuve cuando vi sólo un espacio vacío en lugar del edificio, sólo quedaron las escaleras, todo estaba cerrado, no pasaban coches, sólo ambulancias, la gente vuelta loca gritando”, asegura.
“Al entrar a lo que quedaba de escuela vi alumnas golpeadas, heridas; murieron 12  así como la maestra… algunas sobrevivientes contaron que cuando comenzó el terremoto ella les pidió que se quedaran quietas, pero algunas desobedecieron y corrieron a las escaleras, el edificio se derrumbó salvo las escaleras que eran un cubo”, asegura Gloria.
Comenta que desde ese entonces no deja de pensar que se salvó de milagro. “Lo más terrible fue ver el campo de beisbol cubierto de cuerpos con kilos de hielo encima donde las personas iban a buscar a sus seres queridos… Ese olor jamás lo olvidaré, olor a muerte y dolor. Los ataúdes escaseaban y veía cajas de madera en camiones que llegaban a los velatorios del ISSSTE por montones”.
Gloria ahora no vive en el DF, pero asegura que cuando siente un temblor, “salgo de donde esté y busco una explanada segura, siento terror y regresan todos los recuerdos de aquel día, el peor de mi vida”.

"Es indescriptible la sensación que tuve cuando vi sólo un espacio vacío en lugar del edificio, sólo quedaron las escaleras, todo estaba cerrado, no pasaban coches.” Gloria Salgado Licona, sobreviviente del sismo del 85

Por: Guillermo Tapia Rocha /  [email protected]