CUERNAVACA, MORELOS.- En España, los reyes católicos Isabel y Fernando fundaron el Tribunal de la Santa Inquisición en 1478, con la bendición del papa Sixto IV. El Tribunal estaba integrado por eclesiásticos, conocedores del dogma y moral católica. Ellos se encargaban de juzgar los delitos relacionados con la fe y las buenas costumbres. Este Tribunal también era el responsable de juzgar a aquellos que tenían otras religiones como los musulmanes y los judíos, además de vigilar la sinceridad de sus conversiones.
En América, la Inquisición fue establecida por Felipe II en 1570 y tuvo tribunales en México, Lima y, más tarde, en Cartagena de Indias. En México, el arzobispo Zumárraga realizó 183 procesos religiosos, 13 de ellos contra indígenas. Sin embargo, recibió advertencias sobre el trato contra ellos, y desde entonces los excluyeron “por ser nuevos en la fe”.
El inquisidor Torquemada estableció en forma categórica que los reos no deberían sangrar ni sufrir lesiones, por lo que se idearon métodos e instrumentos bastante extraños que cumplían el objetivo.

Galileo Galilei
Fue procesado por la Santa Inquisición, obligado a abjurar, condenado como hereje y a prisión domiciliaria el 22 de junio de 1633.

Juana de Arco
Fue capturada por los borgoñones y entregada a los ingleses. Los clérigos la condenaron por herejía, y el duque Juan de Bedford la quemó viva en 1431.

Tomás de Torquemada
(1420 - Ávila, 16 de septiembre de 1498) fue un presbítero dominico castellano, confesor de la reina Isabel la Católica y primer inquisidor general de Castilla y Aragón en el siglo XV.  Torquemada inició el mayor periodo de persecución a judeoconversos, en 1480.

Juan de Zumárraga (Vizcaya, 1468 - México 1548)
Primer obispo de la diócesis de México .  De 1536 a 1543 ejerció el cargo de inquisidor apostólico y llevó 183 causas contra los sospechosos de idolatría. La mayoría de los acusados eran líderes indígenas, curanderos, y también españoles, incluso dueños de grandes propiedades que eran confiscadas.

Los peores instrumentos de la inquisición
En los casi 400 años de existencia de la Santa Inquisición, fue aplicada a las casi 5 mil víctimas, una variedad de torturas con el fin de hacerlos confesar sus crímenes contra la Iglesia.
Estas son algunas de  las más usadas en su tiempo.

Cuna de Judas
Ataban a las víctimas por las muñecas, las levantaban con una polea y después las dejaban caer sobre una pirámide puntiaguda con la finalidad de clavar su ano, escroto o vagina.

Doncella de Hierro
Fue una especie de sarcófago provisto de estacas metálicas muy afiladas en su interior; de este modo, a medida que se iba cerrando se clavaban en el cuerpo de la víctima que se encontraba dentro, provocándole una muerte lenta y dolorosa.

El potro
La víctima era atada de pies y manos a los dos extremos del aparato. Era estirada lentamente hasta que todas sus articulaciones se dislocaban.

Tormento de agua
Obligaban a las personas a beber cubetas llenas de agua (10 litros) continuas. El torturador se ayudaba de un embudo y le impedía respirar a la víctima, su estómago no aguantaba más y después de sufrir tanto, explotaba.

La garrucha
Ataban por la espalda las manos del prisionero, le ponían peso extra en los pies y lo colgaban  con una polea por las muñecas. Cuando estaba lo más arriba posible, lo dejaban caer sin que tocara el suelo. Normalmente los brazos se le dislocaban.

La rueda
Se comenzó a utilizar en Francia en el siglo XVI. Existían distintas maneras en las que alguien podía ser torturado con este aparato. La primera utilizaba esta rueda de madera para atar en toda su área al mártir desnudo, después los torturadores lo golpeaban hasta el cansancio con hierros candentes o simplemente lo mutilaban mientras una hoguera ardía debajo de él.

La araña.
Diseñado especialmente para las mujeres que habían engañado a Dios acostándose con el diablo, la araña de hierro torturaba los senos femeninos. Se ataba a una mujer a un poste y se le colocaba el aparato como si fuera una pinza metálica por todo su seno. Después con una gran fuerza, se le arrancaba por completo.

La pera.
Se introducía por la boca, vagina o recto. Una vez en el interior, se expandía a la fuerza. La cavidad era destrozada y, en muchas ocasiones, los torturados morían de dolor. Tenían puntas en el extremo que servían para desgarrar la garganta, cérvix o intestinos.

 

Por: Ddm Redacción / [email protected]

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