Tal es la encrucijada en el Zócalo. De hecho, el entorno de la Plaza de Armas es ya semi peatonal, dejado sólo un carril para la circulación vehicular excesivamente estrecho, “toreados los automóviles por los caminantes en la prolongación de Gutenberg a la bajada de Galeana y la cuesta de Rayón. Ensanchadas las banquetas, quedó muy poco espacio para la circulación de automóviles particulares, cerrada a taxis y rutas la calle que subía del boulevard Juárez por las obras de remozamiento que la convirtieron en “zona de proximidad”. Sin embargo se ve bien, ausentes los taxis a no ser que lleven pasaje y las rutas que ya no estorban en la calle Guerrero; hermoseadas las banquetas con árboles plantados más o menos maduros y bancas en la acera del edificio Vita Luz que, por cierto, se aprecian corrientitas, baratas, poco resistentes para el uso rudo que les espera; no como las de “fierro dulce” del Jardín Juárez en donde algunas deben datar de 1890 cuando el gobernador Jesús H. Preciado cambió las losas del piso y, traído de Inglaterra, desde entonces está ahí el kiosko diseñado por Gustave Eiffel, el autor de la torre icónica de París. Pero ese es otro rollo, y el asunto de hoy, que en términos generales uno muy distinto al de hace quince años es el corazón del centro histórico de la ciudad, remodeladas paulatinamente a partir del inicio de este siglo las calles Nezahualcóyotl, Hidalgo y Comonfort así como los callejones de Correos y Del Cubo, y meses atrás el tramo de Guerrero entre el edificio Bella Vista y el pasaje Tajonar hasta Degollado. Aquí yace el punto de la discusión, divididas las opiniones entre que siga peatonal o reabierta al tránsito de vehículos. Relativa la representatividad de la llamada Unión de Comerciantes de la Calle Guerrero, pues no representa a todos los establecimientos ahí establecidos y nada tiene que ver con las tiendas que atraen al mayor flujo de personas (Woolworth, Coppel, Telas La Parisina, Almacenes García, etc.), está en pro de la peatonalización pero su posicionamiento no es coincidente con las manifestaciones de la mayoría. Quizá una mesa de diálogo termine con el debate, convocada no por el Ayuntamiento, pues las obras en curso no son suyas, sino por el Gobierno del Estado y con la participación de la mencionada agrupación y de alguna otra aunque en los hechos resultan membretes solamente, los locatarios de las plazas Lido y Degollado, los propietarios de edificios y algún experto en ingeniería vial. Incluidas las obras en Lerdo de Tejada pero no así en No Reelección, que es la “más pior” del centro, el tema parecería trivial pero no ya que les concierne a docenas de miles de cuernavacenses… Y a las historias que ya ha contado el atrilero mas la ocasión valida reeditarlas. La de la Plaza de Armas: en 1950, el presidente municipal Luis Flores Sobral modificó el entonces llamado Jardín Morelos. Retiró las bancas metálicas (varias subsisten en el Jardín Juárez) y en su lugar fue empotrado un círculo de asientos de cemento. Con el transcurso de los años, el predio registró otras modificaciones hasta quedar como el Jardín de los Héroes, representados en un laberinto de estatuas el generalísimo Morelos, Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Jaime Nunó y Francisco Bocanegra. Mucho antes, el predio había visto de frente al Mercado Colón que desapareció el 15 de septiembre de 1910, al cumplirse el centenario del inicio de la guerra de Independencia de México y ser puesto en servicio el Mercado Municipal (o Del Reloj). A mediados de los sesenta, las estatuas fueron retiradas y enviadas a cabeceras municipales y colonias de la capital, naciendo la Plaza Cívica a la que aún se podía darle vueltas en coche. Pero a fines de los setenta fue otra vez cambiada, esta vez por el gobernador Armando León Bejarano. En los albores de 1992, Antonio Riva Palacio efectuó la octava (¿o séptima?) remodelación de la plaza que con el nombre de Jardín Morelos fue inaugurada el 15 de septiembre, instalada en el centro de la explanada la estatua del “Morelotes” que fue llevada del costado sur del Palacio de Cortés y en 2010 regresada a su ubicación original. Reformado en 2011 el lado oriente, la desaparición del Puente del Mariachi amplió la perspectiva de la explanada. Resumida, la historia del Jardín Juárez se inserta en el romanticismo de fines del siglo XIX, construido por el gobernador H. Preciado con dinero obtenido por medio de funciones de teatro que con este propósito hizo un grupo de jóvenes de la ciudad, cuando la gente contaba… ME LEEN EL DOMINGO.

 

Por José Manuel Pérez Durán

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