La mayoría de la población ha presentado, por lo menos una vez en la vida, insatisfacción o incomodidad con una o varias áreas de su imagen corporal, acto que podría considerarse ordinario.  
Sin embargo, cuando esta falta de satisfacción se torna excesiva, repetitiva, angustiante y produce malestar hacia algún defecto imaginario de la apariencia física, representa un problema de salud mental conocido como trastorno dismórfico corporal.
“El trastorno dismórfico corporal es una condición clínica grave presente aproximadamente en tres por ciento de la población general. La preocupación puede incluir cualquier aspecto de la apariencia física, por ejemplo, forma, tamaño, color o simetría. Este comportamiento se acompaña de compulsiones de camuflaje para pretender disimular el supuesto defecto, revisión exagerada en espejos, inseguridad y búsqueda de tratamientos estéticos, e incluso puede motivar ideas suicidas hasta en un 30 por ciento de las personas con TDC”, señaló Cristina Lóyzaga Mendoza.
Lóyzaga Mendoza es médico psiquiatra y coordinadora de la Clínica del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y de Trastorno del Espectro del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRFM).  
Subrayó que todos los seres humanos tienen obsesiones que forman parte de la vida mental normal, pero representa un problema cuando éstas duran más de una hora al día y afectan algún área del desempeño de la persona ya sea en el trabajo, escuela, las relaciones interpersonales.
En el caso de las personas con trastorno dismórfico corporal, dice, consideran partes de su cuerpo como feas, inapropiadas o hasta monstruosas, cuando a ojos de los demás no es así.
Afecta la calidad de vida porque no asisten a reuniones o a sitios donde pueden ser muy vistos, no quieren ir a la escuela o al trabajo, con todos los problemas económicos, sociales y familiares que esto conlleva”, agregó la especialista.
     Agencias

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