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Vaya que resultó fatídica para los hombres de negro la fecha 5 del Torneo de Apertura 2017 en el balompié mexicano ¡Les llovió en su milpita!

Echando a volar la sinceridad, se ha vuelto muy difícil para los encenagados de impartir justicia en el campo dirigir un partido de futbol. Por principio de cuentas debemos de reconocer que “el jueceo ha sido superado por el juego”.

En segundo lugar no es fácil encerrarse en un rectángulo de 105 metros de largo por 68 metros de ancho, con 22 millonarios, que quieren ganar a cualquier precio, “llegando hasta el extremo de utilizar incluso recursos lícitos”, para lograrlo.

Por el otro lado está “la cajita que idiotiza” vinculada con un gran número de intereses,  en donde pocos saben de futbol; pero todos (prácticamente sin excepción) “son unos eruditos en reglas de juego”.

También están (o mejor dicho estamos) los analistas arbitrales, quienes no nos conformamos con pedirles a los jueces que arbitren como nosotros lo hacíamos en su momento (que de entrada ya es un grave error); sino que, les exigimos que piten como nosotros soñamos hacerlo alguna vez, lo que lo convierte automáticamente en una utopía.

No podemos dejar fuera del enjuague a una bola de vividores que cada campeonato llegan a nuestro país procedente de lejanas tierras a revivir el pasado cambiando espejitos por oro y encuentran en el antiguo subterfugio de echarle la culpa al Nazareno de su desgracia e incompetencia,  la cura de todo sus males.

Tampoco podemos dejar fuera del enjuague los fuertes intereses económicos que privan en nuestro querido deporte, en donde una decisión puede hacer cambiar de manos el dinero con mucha facilidad.

Y por supuesto que también está la propia incompetencia de los árbitros quienes han sufrido una falta importante de instrucción y de adecuada preparación en nuestro país, por algo así como 12 años.

Es bajo este triste panorama que los silbantes se han convertido en las verdaderas estrellas del futbol mexicano.

Mucho ojo. Se están traspasando los límites. Culpar al árbitro de una derrota es el argumento más viejo del balompié (Aunque nunca haya escuchado, en contra parte; “culparlos” por la victoria); pero cuando se empieza a hablar, sin otra prueba que la personal opinión, de consignas, de que los jueces fueron instruidos para actuar en forma dolosa contra algún personaje o institución en particular, me parece que no solamente se está cayendo en la irresponsabilidad; sino en la difamación. ¿Será que el león cree que todos son de su condición?

Pero cuando esto toma dimensiones dramáticas, es cuando los mismos protagonistas del juego, léase: Jugadores, Cuerpo Técnico o Directivos, se atreven a poner en tela de juicio la honorabilidad de “los garantes de la moral del juego”.  ¡Vamos a convencer a todos de que esto está arreglado¡ y estaremos a un paso de…matar a la gallina de los huevos de oro.

Opinión
Eduardo Brizio
[email protected]