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Río de Janeiro.- El mítico estadio Maracaná y miles de personas en todo el mundo fueron testigos del apagado del fuego en Río 2016, ante el canto romántico, nostálgico de Mariene de Castro.

Mientras la escultura quinética creada por Anthony Howe para acoger la llama Olímpica en los Juegos de Rio 2016 gira, es bañada por agua para disminuir el fuego hasta que se apaga totalmente, para provocar los aplausos y finiquitar el adiós de Río 2016.

La ciudad brasileña se despidió en medio del recuerdo de su pasión por el deporte para entregar la estafeta a Tokio, que en el 2020 tendrá la oportunidad de mostrar su grandeza tecnológica con los Juegos Olímpicos.

Atrás quedó la alegría brasileña, la cultura que hace única a Brasil y desde luego el calor de su gente que dio abrigo a los Juegos, en una ceremonia basada en un concepto similar al que se mostró en la apertura.