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No es que a los pueblos indígenas les hayan dado demasiadas largas para que se conviertan en municipios. Miembro de la comisión que da seguimiento al proceso respectivo, la explicación de Juan López Palacios resulta pertinente. Antes de que Xoxocotla, Coatetelco, Tetelcingo y Hueyapan sean erigidos oficialmente como municipios, en cada una de estas comunidades el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática deberá levantar nuevos censos de población, hacer otro (¿el Instituto Nacional de Antropología e Historia?) de carácter originario e indígena, y también que la Secretaría de la Reforma Agraria o una institución similar señale límites y reservas territoriales. Todo lo cual deberá suceder antes del plazo para ello fijado, en abril, y luego nombrar consejos municipales en tanto son electos los alcaldes, síndicos y regidores… ¿hasta los comicios de 2018? Por una iniciativa del gobernador Graco Ramírez, en junio de 2016 el Congreso del Estado aprobó el decreto que desprenderá a Xococotla de Puente de Ixtla, Coatetelco de Miacatlán, Tetelcingo de Cuautla y Hueyapan de Tetela del Volcán. Morelos tendrá entonces ya no treinta y tres municipios sino treinta y siete, el último de los cuales, Temoac, fue creado el 17 de marzo de 1977 por decreto del a la sazón gobernador Armando León Bejarano tras una larga lucha de los pueblos de Temoac, Amilcingo, Popotlán y Huazulco que así lograron escindirse de Zacualpan de Amilpas. Sin embargo, hoy como antes y hace cuarenta y tantos años los ayuntamientos no son económicamente autosuficientes para pagar nóminas de trabajadores de base, funcionarios administrativos y de elección popular así como hacer obras y prestar servicios públicos, de manera tal que los municipios indígenas también dependerán de las participaciones federales y única ventaja será que no nacerán endeudados, como se halla la gran mayoría de los treinta y tres. ¿Por qué municipios indígenas? Cuestión de recordar un poco de nuestra historia. La civilización tlahuica habitó en el altiplano central de México, principalmente en lo que hoy es Morelos y una parte del suroriente del estado de México. Venida como parte de las tribus nahuatlacas que salieron del mítico Aztlán, esta civilización contaba con una rica arquitectura, cultura en artes y templos-pirámides donde adoraban a sus deidades, de los que conservamos en Coatetelco, Teopanzolco, Xochicalco y el Tepozteco, así como la pirámide-adoratorio de Yautepec, por cierto, aún sin explorar del todo. Xochicalco Ciudad de las Flores, pero cuyo nombre original se desconoce, es considerada como la ciudad-fortaleza más importante de Mesoamérica y reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura por sus siglas en inglés). Este vestigio fue un importante centro político, científico y artístico de influencia maya-tolteca. Destacan en la zona la Gran Pirámide, la Pirámide de las Serpientes Emplumadas, el Observatorio y el Juego de Pelota. Teopanzolco o “Templo Viejo” al oriente del centro de Cuernavaca, se desarrolló alrededor del siglo XIII, su plaza ceremonial consta de dos pirámides dedicadas a las deidades de la lluvia y de la guerra, Tláloc y Huitzilopochtli, además de dos templos menores dedicados a Ehécatl, Dios del Viento y a Tezcatliploca, el Dios del Humo en el Espejo. Este conjunto de templos es una reproducción del Huey Teocalli o Gran Templo de México-Tenochtitlan, y simbolizaba además el dominio azteca sobre el territorio tlahuica que era tributario de aquél. Los pueblos tlahuicas estaban organizados en unas sesenta pequeñas ciudades-estados, cada una gobernada por un rey o tlatoani quien heredaba el título. Además de la clase gobernante, sacerdotal y los guerreros, los antiguos pobladores de lo que hoy es Morelos eran mercaderes, artesanos y campesinos. Los cultivos básicos eran el maíz, el frijol y el algodón. La demanda de ropa de algodón era alta, y como para el crecimiento de éste el ahora territorio morelense era el único que tenía las condiciones necesarias, se convirtió en un producto importante en la economía tlahuica. Con un poco de esfuerzo no es difícil imaginar los campos blancos de algodón en los valles de Cuernavaca y Cuautla, sustituidos siglos después por la caña de azúcar que tiño de verde las planicies de Morelos… (Al lector una disculpa por el error del columnista en el Atril del lunes: no el Bellavista sino el ex hotel Chula Vista es propiedad de la UAEM)…

ME LEEN MAÑANA.

 

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]