Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

Turismo en Morelos

La Semana Mayor le dio un respiro al maltrecho panorama que, en lo que va del siglo, vive Morelos en materia turística. Como ya se ha dado cuenta con anterioridad, el caos urbano, la basura, la inseguridad, el escenario del H1N1 y destinos competitivos en el centro del país han sido una prueba muy difícil para el sector en el estado, el cual asombrosamente se mantiene en pie, no sólo por la tenacidad y la experiencia de sus miembros, sino porque quienes saben lo que cuesta generar una fuente de empleo están conscientes de su valor y de cuánto representa para la economía local. Hoteles, restaurantes, centros nocturnos, balnearios, spas, parques acuáticos, campos de golf, sitios de turismo cultural, de aventura, Pueblos Mágicos y escuelas de idiomas se antojan envidiables; sin embargo, la variedad y la calidad de la oferta morelense, e incluso la voluntad de las autoridades, no son suficientes cuando el entorno no es el mejor.
Con mucha simpatía se recibieron las dos giras inaugurales del nuevo titular de Turismo en el estado, el jueves pasado, por la zona oriente, y el viernes, por la zona sur; existe hacia él un voto de confianza, e incluso la disposición de hacer equipo y un frente común; sin embargo, es importante tomar en cuenta consideraciones y factores externos, los cuales no son imputables ni a los empresarios ni a las nuevas autoridades; son ante todo el nuevo panorama que desde hace casi tres lustros existe en Morelos. Tradicionalmente, las Secretarías de Turismo en los Estados se conformaban de dos grandes áreas o subsecretarías: la de promoción y la de proyectos; antes bastaba con cubrir bien esas dos prioridades y una buena administración para poder contar con una política exitosa en materia de turismo; hoy siguen siendo el eje, pero ya no son suficientes. En primer orden, hay que abatir el mito de que la Semana Santa deja al sector con las “arcas llenas”; si bien, como lo mencioné al principio, estos días dan un respiro a las empresas, pero cuatro días no bastan para paliar un año con tendencias de visitantes a la baja. En segundo término, es imperativo revertir la mala imagen de Morelos en el exterior; así como en la década de los setentas del siglo pasado el Jet Set internacional apostaba por Cuernavaca, y en las colonias populares de la Ciudad de México, por los balnearios del oriente y sur del estado, hoy mucho daño nos hacen calificativos peyorativos como el de “Cuernabalas” o las alertas de las embajadas americana y europeas para que sus nacionales no visiten Morelos. Otro factor externo que mucho nos daña lo representa el hecho de que un jueves santo, por ejemplo, a los vacacionistas que vienen al estado, les tome cerca de tres horas cruzar la caseta de peaje de Tlalpan; urgen más vialidades y no dormirnos en los laureles del anacrónico discurso de que “Morelos es un estado bien comunicado”; mientras no se agilice la salida de la Ciudad de México y el intenso tráfico en el libramiento de Cuernavaca, o avenidas como Río Mayo, nuestro panorama turístico no será el mejor.
El rubro de las carreteras del estado es atroz; el caos urbano, la contaminación visual y el desorden dan la bienvenida a los visitantes. Como si lo anterior no fuera suficiente, el grafiti, la maleza, montones de basura y una colección de restos de perros atropellados completan el paisaje; a éste se añaden infinidad de puestos que sin ningún control, y como competencia desleal a los empresarios establecidos, expenden “micheladas” y alcohol a borde de los caminos. Ante esta imagen, es muy sencillo que cualquier otro estado que tenga la más elemental limpieza y orden en sus calles y caminos se convierta en un destino más atractivo que Morelos.
Y para “bailar con la más fea” nos resta Tequesquitengo: contaminado, inseguro, árido, sin ser reforestado e irónicamente con problemas de agua; afortunadamente el Presidente de la República incluyó al sitio entre sus compromisos de campaña, lo cual redunda en que al fin sea rescatado y explotado en toda su capacidad el lago y sus alrededores.
Lo anterior da cuenta de un panorama difícil, lo cual no debe tomarse como un discurso fatalista o como una zancadilla a mitad de la carrera, sino como las señales de advertencia de cuáles son los factores que merman la soberbia oferta turística de Morelos. Esto evidentemente es tarea de todos, porque tirar basura en las calles y caminos, por ejemplo, no es imputable al gobierno, sino a los ciudadanos carentes de educación y civismo, a quienes no les molesta no sólo tirar basura, sino vivir rodeados de ella.
Finalmente, la gran asignatura de Morelos, como gobierno y sociedad civil, es lograr no sólo tener una buena semana al año, sino mejor, un buen año completo; lograrlo no será sencillo, pero tampoco es una Utopía ni mucho menos una fantasía; sólo basta hacer un poco de memoria y recordar que no hace muchos años así era; si lo logramos antes, con menos medios y recursos, será imperdonable que no lo recuperemos ahora; sólo es necesario desearlo y ponernos manos a la obra.