Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

Hasta la cocina: Prioridades y diferencias

Seguramente debe ser difícil para los gobernantes de este país decidir qué es prioritario, realmente prioritario. Lo digo porque cualquier tema que escojan parece estar ligado a otro y este a otro más y así repetidamente en una cadena en la que se suceden los eslabones y el último se engancha de nuevo con el primero. 
Pongamos por ejemplo la pobreza, asunto que ha ocupado desde el primer día de su mandato al presidente Peña Nieto, en tanto los ecos del régimen anterior permanecían en una confusión de datos y de negaciones de que la pobreza, pese a los índices del Inegi, aumentó en los últimos diez años… Aceptando que la pobreza en este país es ancestral, la única manera de enfrentarla parece ser con dinero. Dinero que, en un principio, evite que quienes están sumidos en ella se mueran literalmente de hambre y al mismo tiempo  con una economía que propicie trabajo para lograr que los márgenes de pobreza aumenten y la gente logre subsistir por sus propios medios. Por lo visto, lograr una y otra cosa es cuestión de dinero que en un primer lugar deberá de poner directamente el gobierno y en el segundo, facilitar que haya las condiciones para que se dé el desarrollo y el país crezca… 
El siguiente eslabón, y me atrevo a decir que entre problema y solución siempre aparecerá ese eslabón, es el del dinero. Para eso año con año el Congreso de la Unión decide la partida presupuestal para cada rubro. Tantos millones para la pobreza, que son los que debe manejar la Secretaría de Desarrollo Social, tantos para el Sector Salud, tanto para Educación, tanto para Seguridad… y así hasta agotar cada sector del gobierno.
Pero así como son tantos miles de millones los que se destinan a cada rubro, algo sucede con ese dinero para que no siempre llegue a su destino. ¿De cuánto dinero no nos enteramos que no se utilizó en el rubro asignado, por ejemplo, en los famosos kilómetros cuadrados de piso firme que hasta fue motivo de pleito entre los candidatos y candidata en campaña para las pasadas elecciones? ¿De cuántos no cientos, sino miles de millones de pesos no sabemos que se llevan literalmente los políticos en esa corrupción que impera entre ellos y que a nosotros se nos pierde entre las noticias diarias y con todo, pocos, muy pocos llegan a ser castigados y aún así, aún acabando en la cárcel, de quiénes hemos sabido que devuelvan lo que se llevaron? Es decir, las cadenas que se van conformando con cada uno de los eslabones grandes, son tan enredadas que forman una maraña que, al parecer, no se le ha podido hallar la hebra para poderla jalar y a ver cuántos y quiénes están enredados en ella. Y también, por más que le jale, difícilmente se llega al final. 
Ahí está ahora el caso de la maestra Elba Esther: sí está en prisión, sí se dio a conocer su ingeniería para poner a buen resguardo particular los millones que les esquilmó a los maestros y que fueron a dar, entre otras chucherías, a tiendas de lujo en Estados Unidos. Pero de eso a que veamos algún día que ese dinero reingrese a las cuentas del sindicato de maestros, está en chino… Entrados en el tema de la maestra Elba Esther Gordillo, veamos otro de los eslabones que tan son prioritarios como que uno de los primerísimos temas puestos en la mesa por el presidente Peña Nieto fue el de la educación. Creo que con sus excepciones, todos los mexicanos estamos conscientes de lo que implica ese grave rezago que es la educación en este país y cuando Peña Nieto propuso la reforma educativa, los aplausos cayeron en cascada. Con lo que no se contaba eran con dos estados, o a lo mejor tanto el gobierno de Eladio Aguirre, de Guerrero, como el de Gabino Cué, de Oaxaca, sabían de antemano que si podían contar, no lo hicieran con ellos. Quizá intuían la reacción de la CENTE, es decir la disidencia del sindicato de la maestra Elba Esther, que en esas dos entidades han constituido el eslabón de eslabones perdidos en la inmensidad de la cadena. Es más, ni Chuayffet parece tener claro qué ocurrirá con esa tan benéfica reforma educativa, si seguimos teniendo el rechazo, por lo pronto, de dos gobiernos estatales. Porque además, no hay que olvidar que parte de los eslabones de la cadena principal, los conforman los estados de la federación.
¿Qué harán esos gobernadores ante el desastre que constituyen los chicos y las chicas de la Cente? Nadie sabe, nadie supo. Uno recuerda que en otros tiempos esos revoltosos, que desde luego sus razones tienen para serlo, recibían dinero —maldito dinero, siempre se aparece cuando media un asunto político— para dejar de armar borlote en plena temporada de vacaciones, cuando se supone que las autopistas estarán a reventar de automovilistas deseosos de llegar a sus destinos, o para bloquear calles de ciudades que sobreviven del turismo, o para destruir inmuebles oficiales, o hacer cualquiera de esas diabluras que impiden que cientos de miles de chicos puedan ir a la escuela a medio aprender con ese sistema educativo añejo y obsoleto, con maestros que se obstinan en evitar un control, ni aceptan ponerse al día para mejorar la enseñanza. Quizá el viejo sistema de distribuir dinero, ya no da resultado, o algo más extraño está ocurriendo.
Puestos en el dilema de que ellos gobiernan pueblos “diferentes”, el gobernador de Guerrero y el de Oaxaca, al tiempo que dan lástima —y no lo digo en el sentido peyorativo, sino porque no es para menos ante la gravedad de su problema— ponen a pensar que esa “diferencia” estriba en estas tres posibilidades: 1, que los “maestros” ya no acepten dinero; 2, que lo acepten y los grupos de interés se mantengan en rebeldía; 3, que las autoridades de esos estados hayan decidido quedarse con el dinero porque de todas maneras se sienten incapaces de mantener el orden social. 
Comparto lo que el escritor Román Revueltas Redes dice a propósito de esos dos estados: “Oaxaca y Guerrero se encuentran en los últimos puestos de desarrollo humano y competitividad de este país. Esto, al parecer, no les quita el sueño a sus respectivos gobernadores. Lo que les angustia es la extorsión y las amenazas. No de los empresarios, desde luego, sino de esos maestros que pueden cerrar calles, carreteras, centros comerciales, aeropuertos y oficinas gubernamentales. Estos mandatarios acobardados son los últimos que van a poder transformar este país”… Hasta el sábado.