Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

De política y cosas peores: El más poderoso de América Latina...

Un platillo volador descendió en el jardín. De él salió un marciano que le dijo al señor de la casa con ominosa voz gutural: “Llévame con tu jefe’’. Respondió el asustado tipo, tembloroso: “Mi señora salió’’... Llegó un sujeto al bar y le pidió una cerveza al cantinero. El hombre se la sirvió, y el tipo la bebió a grandes tragos. “¿Cuánto es?” –preguntó. “30 pesos” –le informó el barman. El hombre pagó, y el de la cantina se embolsó el dinero. No advirtió que en ese momento llegaba el dueño del establecimiento. Le preguntó éste: “¿Por qué te quedaste con el dinero?’’. Respondió sin turbarse el cantinero: “¿Qué le parece, jefe? Viene ese individuo; se toma una cerveza; se larga sin pagar, y a mí me deja méndigos 30 pesos de propina’’... La señora y su marido fueron a comprar la despensa de la semana. Al llegar al súper ella le dijo, preocupada: “Creo que es mejor que te quedes en el coche, Domiciano. Hace más de dos años que no me acompañas a hacer las compras, y el doctor te recomendó no hacer corajes’’... El doctor Duerf, psiquiatra, se inquietó porque uno de sus pacientes se había retrasado en sus pagos. “No se preocupe, doctor –lo tranquilizó el individuo-. Le pagaré hasta el último centavo, o dejaré de llamarme Napoleón Bonaparte”… Pienso que la única manera de mejorar la calidad de las escuelas primarias y secundarias es propiciando que los padres de familia tengan participación directa y permanente en la educación de sus hijos. En Estados Unidos, por ejemplo, los organismos llamados PTA (Parent Teacher Association) hacen que los padres intervengan en las labores de las escuelas a las que asisten sus hijos, vigilen el cumplimiento de las actividades escolares y propongan medidas tendientes a conseguir la superación de los planteles y de los profesores. Al mismo tiempo eso favorecce que las comunidades se comprometan en mayor forma con las escuelas, y las fortalezcan mediante el trabajo voluntario de los padres y de los mismos educandos. Tal acción trae consigo frutos abundantes, pues hay coordinación entre el hogar y la escuela en beneficio de los alumnos. Sigue latente en México, sin embargo, el problema de la evaluación de los maestros. Protegidos por un poderoso sindicato –el más poderoso de América Latina- muchos profesores se instalan en una cómoda rutina que les permite ir ascendiendo en el escalafón sin más merito que el paso de los años, en espera de que les llegue el anhelado tiempo de la jubilación. Así, la mediocridad se enseñorea de la labor educativa. Numerosos maestros lo son únicamente por dos motivos: el día 15 y el día último. No son en verdad maestros: son ganapanes que se limitan a cumplir con desgano sus tareas aprovechando cuanta oportunidad tienen para el ocio y sin sentir deseo alguno de superación. Hay, desde luego, excelentes educadores que lo son por verdadera vocación y que se entregan generosamente a la tarea de educar. Pero sin una evaluación continua el magisterio seguirá teniendo un desempeño menos que mediano. Si a eso se añaden abusos como los que en Oaxaca vemos, donde muchos niños y jóvenes están condenados por culpa de malos profesores a sufrir todos los daños que derivan de la ignorancia, ya se verá que el futuro de la educación en México no es hoy por hoy muy promisorio. Urgen cambios radicales a fin de hacer que las escuelas sean verdaderos centros educativos, y no reductos sindicales para proteger a los maestros que no cumplen su función. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado… Le dijo un señor a otro: “Mi pueblo está sumamentge atrasado. La gente votó por don Adolfo Ruiz Cortines”. Dice el otro: “Mucha gente votó por don Adolfo Ruiz Cortines”. Replica el primero: “¿En la elección pasada?”… Un tipo estaba en el hospital, vendado de pies a cabeza como momia egipcia. Llegó un amigo a visitarlo, y le preguntó consternado: “¿Qué te sucedió?’’. Narró con voz penosa el infeliz: “Traté de amores a una mujer. Ella se puso furiosa al oír mi proposición, y me atacó con un mazo de herrero. Me fracturó el cráneo; me quebró la nariz y la mandíbula; me echó afuera todos los dientes; me rompió las costillas y me fracturó los brazos y las piernas’’. “No le hagas caso -lo consoló el amigo-. Se está haciendo la difícil’’...

 

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