Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

Atril: El tablazo a Tablas

Si la cédula profesional de “licenciado en educación primaria” del alcalde de Ciudad Ayala, José Manuel Tablas Pimentel, es “chafa” porque corresponda a la médica veterinaria Ma. Guadalupe Monreal Díaz (la número 2148661), es cosa que él mismo debe precisar. Si en efecto se ostenta y ha firmado documentos oficiales como un profesionista apócrifo, está en riesgo de ser acusado por el delito de usurpación de profesión. El asunto no es menor. Bastaría con que cualquiera de sus “amigos” presentara una denuncia en la Procuraduría General de la República, que no fuera “congelada” sino investigada y, sentenciado como culpable, perdiera el puesto y fuera llevado a prisión, pues los alcaldes ya no tienen fuero. Pero tampoco sería el primer usurpador. Primo del ex candidato perredista a la presidencia municipal de Cuernavaca, José Luis Urióstegui, el litigante José Luis Barrera Urióstegui se ganó a pulso el rango de “caza coyotes”. En 2001 desenmascaró al entonces secretario general de Gobierno, Eduardo Becerra Pérez, quien se decía “ingeniero” y “licenciado”, contrario a un informe de la Dirección de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública que el 18 de mayo de ese año contestó a Urióstegui que “de acuerdo con la consulta formulada al centro de cómputo y al archivo general de esta unidad administrativa resultó que no se tiene antecedente alguno” de que Becerra tuviera cédula profesional. La misma medicina le aplicó el cazador de coyotes al en esa época secretario de Seguridad Pública, Cesáreo Carvajal Guajardo, quien por algún tiempo se ostentó “ingeniero industrial” con la cédula número 8885468 fechada el 16 de enero de 1989. Y también, entre otros, apenas en febrero de 2012 al tesorero de Miacatlán, José Carmen Moreno Trejo, que se presumía contador público pero salió mentiroso… SERÁ la percepción popular lo que vaya marcando el descenso de la inseguridad pública. Ojalá. Mientras tanto la violencia continúa, contabilizadas ayer por reportes periodísticos y datos de funcionarios del gabinete de seguridad nacional dos mil 821 personas ejecutadas en hechos vinculados al crimen organizado durante los primeros cuatro meses del gobierno de Enrique Peña Nieto. Según esta cifra, de mantenerse el promedio al cierre del sexenio serían treinta y cinco mil ejecutados, tres o cuatro veces menor al saldo de más de cien mil muertes o muchas más de la guerra fallida de Felipe Calderón al narcotráfico. Ojalá no, aunque por ahora al cálculo de 23 personas ejecutadas cada día en el último cuatrimestre Morelos aporta una cuota de treinta cada mes, por los ajustes de cuentas entre grupos delincuenciales que mantienen desde los últimos meses del gobierno panista de Marco Adame. Si una diferencia hay es que en tanto el ex Presidente hoy día escondido quién sabe dónde (los periodistas que lo buscan no lo hallan en Harvard) gustaba de hacerle al agente del Ministerio Público y presumía en horarios estelares de la televisión los “logros” de su guerra desastrosa, Peña Nieto evade el tema de la inseguridad. Contrapuesto el discurso oficial de aquí al nacional, a lo mejor es hora de modificarlo y ponerlo en sintonía con la táctica oral del mexiquense… ME LEEN MAÑANA.

 

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