Diario de Morelos
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Rompen silencio militares

A 35 años de haberse alistado en el Ejército, el coronel Guadalupe Arias Agredano escribe desde su prisión en el Campo Militar número uno.

Ahí ha estado los últimos seis meses de su vida, tras haber sido capturado el 14 de noviembre de 2011 por la justicia militar, quien lo acusa de presunta responsabilidad en la muerte del joven Jethro Ramsses Sánchez Santana, asesinado en mayo de 2011.
El coronel, quien ha participado en operativos de combate al crimen organizado y que suma más de 100 puestas a disposición ante autoridades federales, aguarda en su encierro. Espera a que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resuelva a qué tribunal le corresponde juzgar las acusaciones en su contra.
Desde su encierro, el otrora comandante del 21 Batallón de Infantería de la 24a. Zona Militar se confiesa con Diario de Morelos. Acepta responder un cuestionario enviado por DDM. Relata su versión de los hechos, que culminaron con la muerte de Jethro Ramsses, quien contaba con 26 años. El texto, escrito con su puño y letra, el cual posee este medio, es reproducido a continuación.

“Domingo 1 de mayo del 2011: Por ser día festivo y domingo, me encontraba en mi domicilio particular y me habían visitado mi madre, tres hermanos, una sobrina y dos nietos de mi hermana mayor. Un día antes habíamos festejado en el 21 Batallón de Infantería el Día de Niño, prácticamente estuve en casa desde las 10:00 a.m. hasta el otro día, 2 de mayo, conviviendo con mis familiares.
El 2 de mayo en la mañana a las 6:00 hrs. me informó el Oficial de Cuartel  que la Fuerza de Reacción había salido en la noche por una riña en el Recinto Ferial, habiéndose incorporado sin novedad y la Base de Operaciones de Alpuyeca había salido a fin de hacer presencia en las inmediaciones del recinto como ya estaba ordenado por la 24/a Zona Militar, igualmente habiéndose incorporado a su Base en la Caseta de Alpuyeca. Aproximadamente después de tres días, a través de los medios de comunicación locales, empezó la efervescencia del joven Jethro Ramsés (sic) y otra persona, que habían sido detenidas en el recinto ferial por la policía de Seguridad Pública, por haber tenido una pelea con locatarios de la misma Feria en un puesto de comida, posteriormente, los entregaron a personal de la Policía Federal, porque se ostentaban como miembros de ‘la Familia Michoacana’, y ‘posteriormente los habían entregado a personal militar’.
Preguntando a los oficiales de la fuerza que ese día fueron, el teniente, de apellido Albañil,  y el subteniente  Raciel me indicaron que únicamente habían asistido con el teniente Guerra sin que se asegurara persona alguna. Por razonamiento lo entendí, la Policía Federal jamás pondría a alguna persona bajo resguardo militar sin que existiera por lo menos un oficio de responsiva, o bien, por ser también autoridad federal les competía el asunto por ser de su incumbencia”.
“No recuerdo el día, pero cuando se detuvo al comandante Bosco de la policía -en ese entonces director de Seguridad Pública Metropolitana (no dice a quién)-, manifestó que el día del problema en el recinto ferial él asistió en compañía de Bosco -y por tratarse de detenidos que eran personas presuntamente de la delincuencia organizada, Bosco se puso muy nervioso -tanto- que al otro día le solicitó vacaciones -cosa que su jefe policiaco le concedió- y que ahora, por los comentarios y el actual problema penal que tiene Bosco, sospechaba que posiblemente tenía algo que ver con la desaparición de Jethro. Este comentario -dice el coronel en prisión- lo hizo incluso del conocimiento de otras personas en la 24/a Z.M.  Con el paso de los días y la presión creciente de los medios de comunicación surgieron nuevas inquietudes, inclusive el personal mostraba cierta pesantez y lentitud en el trabajo, por lo que fueron entrevistados cada uno de los oficiales y tropa del personal que había asistido al recinto ferial el primero de mayo”.
 
Comienza la presión
El coronel continúa con su relato: “Me acompañó en la entrevista el Tte. Cor. de infantería Diplomado de Estado Mayor Alcántara, subjefe del Estado Mayor de la 24/a Z.M., y coincidimos que el personal estaba nervioso y caía en confusiones, denotando que algo ocultaban. Se ejerció mayor presión  en las entrevistas, y la razón salió a relucir, llegando por la mañana personal de la Policía Judicial Militar, asegurando a los oficiales teniente de Infantería, José Guadalupe Orizaga y Guerra, y Subtte. Raciel,  el teniente Legorreta, oficial de información del Batallón y  el teniente Albañil al parecer fue avisado,  pero no se presentó en la unidad en esa fecha”.
 Antes incluso de que hubiera orden de aprehensión, el suscrito fue llevado a las oficinas de la Comandancia, donde tuvo que permanecer incomunicado.
El documento del coronel Arias Agredano hace algunas importantes  precisiones:
1.-“En forma general, el teniente coronel Pedro Santiago Chávez  era el encargado de coordinar las  puestas a disposición junto con el personal de oficiales por tener relación de amistad con agentes del ministerio público de Cuernavaca y ser de profesión abogado. Cuando existía alguna denuncia por parte de personas que acudían a la unidad, inicialmente eran atendidas por el teniente Legorreta  junto al teniente coronel Pedro. Las analizaban y me daban a conocer sus razonamientos y si era asunto de exploración pedía yo permiso a la 24/a Z.M. para su seguimiento.
2.- Casi nunca tuve contacto con las personas que denunciaban, las atendía el teniente coronel.
3.-Igualmente, visitas que acudían al Batallón eran atendidos por Pedro, por ser su esposa periodista, coordinaba el teniente coronel Pedro las notas periodísticas y cuando se requería el apoyo para las puestas a disposición de vehículos, al parecer eran familiares de su esposa y coordinaba los arrastres.
3.-Como lo mencioné, las entrevistas de las personas que acudían a denunciar eran atendidas por Legorreta y Pedro, posteriormente veía que pasado un tiempo, eran visitados por esas personas -más- tratándose de personal femenino-, pero ya en forma personal y no de trabajo.
4.- Por los indicios, el teniente coronel Pedro, en contubernio con los oficiales Orizaga, Raciel, Legorreta y Albañil, sabían de los hechos relacionados con el joven Jethro.  Así lo hacen ver sus declaraciones, quizá imaginando que yo no me presentaría (al Juzgado Militar). Todas las versiones coinciden, como si fuera una sola, que se manifiesta un acuerdo entre ellos”.
 
La captura
Platica el coronel que el 11 de noviembre de 2011, con una maleta en mano y transportándose en metro, acudió por su propio pie a entregarse al Segundo Juzgado Militar ubicado en la ciudad de México, aproximadamente a las 1:00 horas. Sabía que de vencer el plazo sería acusado de deserción. Esa misma mañana, el helicóptero que transportaba al secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora, había caído en las inmediaciones del D.F. y  Morelos, por lo que el juez le manifestó que estaban saturados y no lo podían atender, por lo que le dieron una cita para el miércoles. En una versión que coincide con la declaración de Arias Agredano, un familiar narra lo que sucedió al día siguiente:
 “12 de noviembre: ‘Ibamos en la camioneta a casa de su hermana a una fiesta familiar, su mamá,  un menor de seis años, su hermano y yo, cuando de repente se nos atraviesa una camioneta tipo Van color azul rey y dos vehículos más por la parte posterior, de los cuales bajaron sujetos encapuchados armados, nos encañonaron a todos y  a él lo bajaron y subieron a la camioneta”.
El coronel recuerda:“Eran como quince, todos armados y apuntándonos, con palabras altisonantes me bajaron a golpes, sin identificarse o presentar alguna orden de aprehensión, reaccioné pensando que se trataba de un secuestro, me esposaron y me vendaron los ojos”.
El familiar, quien se reserva su nombre, acompleta la narración: “Su hermano saltó al asiento de enfrente y seguimos al vehículo pensando que se trataba de un secuestro. Nos topamos con una patrulla y solicitamos el auxilio para rescatarlo, calles adelante, la policía del D.F. estableció un retén y todos se detuvieron. El momento fue muy tenso... pensamos, comenzarían los disparos de ambos lados. Encapuchados y sin dejar de apuntarnos con las armas, los sujetos finalmente  se identificaron como Policía Judicial Militar y alegaban  a los agentes del Distrito que cumplían con una orden de presentación.   
Arias Agredano relata que fue hasta que llegaron a la enfermería militar cuando le quitaron la venda y se identificaron ante él como Policía Judicial Militar, y que un teniente de Caballería, durante todo el trayecto “manifestaba que me dieran en la madre por ser Coronel”.
“Cabe mencionar que si en verdad estuve como desertor, nunca me escondí ni estuve huyendo, todo el tiempo estuve en mi domicilio particular, hasta el día de mi presentación. No sé si porque el día que me presenté  y el día 12 me apresaron, bien pudo haber sido un mecanismo de los propios juzgados”, reafirma el texto del militar.












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