Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

Margina Sociedad a tribus

Libertad de expresión. El humano tiene la necesidad de expresar sus ideas y para ello todos los días inventa nuevas formas.

Luchan para que el sistema de gobierno y la sociedad los reconozcan como iguales. Con las mismas oportunidades, derechos y obligaciones. Libres de toda discriminación o represión, aunque tengan diferentes aficiones, gustos y pensamientos.


Son los jóvenes de al menos 33 tribus urbanas de Morelos, que quieren sacudirse el estigma y despegarse la etiqueta que los exhibe como “seres sin oficio ni beneficio”, “drogadictos” o “pandilleros”. Etiqueta construida en la percepción colectiva a través de los años.
El coordinador de la agrupación en la entidad, Gustavo René Bello González, intenta desmentir la apreciación, al menos para los grupos de Morelos.
“Es un sobrenombre con el que el sistema de gobierno y la sociedad nos han etiquetado. Así quieren identificar a raperos, metaleros, hippies, grafiteros, emos o brakes. Son muchos géneros urbanos que ellos catalogan como delincuentes o drogadictos, pero no es así”, refiere.
Dice que la gente piensa que ellos no tienen futuro, pero se equivocan. Lo que no saben o no entienden es el significado que cada clan expresa: por ejemplo, para ellos, el grafiti y el rap son modos de arte y cultura.
Desde hace más de una década, las tribus de Cuernavaca y de los municipios de su zona conurbada participan en actividades culturales, de arte y literatura. En conjunto con grupos como Morelos Positivo, organizan pláticas para prevenir la drogadicción y protegerse contra el VIH/SIDA.
Para los jóvenes de los distintos colectivos, las actividades nunca terminan. Hace unos días, con sus trazos y colores, unos 200 grafiteros tapizaron los muros y bardas aledaños al puente Panocheras, que está entre los límites de Acatlipa y Xochitepec.
“Trabajamos con colectivos de la Diversidad Sexual y con Grupos Positivos Morelos. También con brigadas universitarias. Hacemos deporte y organizamos eventos culturales tanto de grafiti, reggae y ska”, enfatiza Bello González.

Contra el sistema
Las tribus urbanas “pelean” para cambiar la idea que la sociedad tiene de ellas. Ya no quieren sufrir discriminación. Están unidas para construir un proyecto que dé una nueva  cara a estos géneros urbanos. Sin embargo, saben que es difícil convencer al gobierno y a los medios de comunicación.
“Dicen que los grafiteros son vándalos y delincuentes. Ellos crean la idea de que si eres rapero, tienes que ser machista y drogadicto. O los muestran como golpeadores; la televisión siempre nos etiqueta”.
Y es que los jóvenes de las tribus de Morelos trabajan sobre varios principios: cada uno es independiente y puede creer en el Dios que quiera. Pero, mientras la realidad la  construya un televisor, “es difícil que la gente piense lo contrario”.
“En las películas, siempre un rapero es un delincuente y asesina. Un grafitero que raya las bardas lo hace porque está drogado. Si son góticos, que siempre adoran al diablo y hacen rituales. ¡Pero eso no es lo que somos!”.
Las causas y los motivos de cada grupo son distintos. Algunos coinciden y otros difieren en sus ideas. Visto desde el punto de vista sociológico, explican que cada tribu tiene un porqué de su conducta y de lo que busca expresar con su manera de vestir y pensar.
 
El origen
Según el doctor en Sociología Julián Ereiva Peralta, en México, al igual que en Morelos, las tribus urbanas surgieron a partir de la migración de las familias de provincia a las ciudades, en busca de oportunidades de empleo.
Sin embargo, cuando se saturaron los espacios para la vivienda y los trabajos no fueron suficientes, muchos quedaron sin la posibilidad de incorporarse a la actividad laboral y comenzaron a crearse cinturones de pobreza y miseria.
“Esto creó una especie de inconformidad de los padres, porque no hubo empleo. Cuando los niños vieron que esto les demeritó su nivel y calidad de vida con relación a su anterior condición en el campo, les generó irritación y una expresión colectiva de rebeldía juvenil”, refiere el sociólogo.
Dice que entonces comenzaron a identificarse por su manera de vestir, música, ideales, objetivos y, en ocasiones, por el territorio en el que viven.
“Esto es un problema nacional, no generado por los chicos, sino por la forma en que los hombres y mujeres de Estado quisieron diseñar el país, concentrado en pocos espacios públicos, y en otros, prácticamente abandonado”, expresó el también catedrático de la UAEM.
Las quejas de las tribus son bastantes, sus integrantes denuncian que si en verdad el gobierno quisiera atenderlos, iría a los barrios más alejados y marginados de las ciudades, y que pondría atención en las regiones donde no tienen en qué ocuparse ni emplearse,  y mucho menos espacios para recibir educación.
Ante ello, Julian Ereiva afirma que estos temas no le interesan al gobierno, porque no son su prioridad. “Existe un conservadurismo de no mover ciertos resortes de desarrollo del país, o que el Estado gire hacia condiciones de popularidad de que los grupos más vulnerables sean incorporados al desarrollo”.
“Así nos gusta vestir, pero no hacemos violencia. Nos juzgan diferente por como somos, sólo porque nos vestimos un poco aguado o con lentes y gorra”.
Leysser tiene 22 años, es vecino del barrio bravo de la Carolina, trabaja en un negocio de comida rápida. Hace poco concluyó sus estudios de preparatoria. Por temor a que la apariencia no le favoreciera para obtener el empleo que ahora tiene, tuvo que cambiar su forma de vestir.
Sin embargo, pasado el tiempo, se dice sorprendido por el clima de respeto que hay entre sus compañeros de trabajo. “Ahora hasta les gusta que vista así y que les haga rap, y que les cante una canción. Es más, a veces tocan las canciones en el altavoz del restaurant”.

‘Me decían que era un vago y que andaba en malos pasos’
Su arte comenzó en la secundaria, rayando las hojas de sus cuadernos. Con el temor de ser aprehendido por la policía, se animó a extender su obra a las paredes del municipio de Temixco. Aunque en sus inicios sentía temor por lo que le dirían sus padres, decidió no dar marcha atrás, y desde entonces suma ya cuatro años en la “grafiteada”.
“Al principio me daba miedo porque decían: “Este chavo va a ser un vago, anda en malos pasos o se droga”, pero con el tiempo aprendí que no se trata de rayar o fastidiar a la gente. Se trata de expresarse, de tomar esto como un medio de comunicación”.
Dice que siente que no hace mal ni daña a nadie con sus aerosoles, y aunque está consciente de que tampoco hace un bien, por lo menos se expresa y siente que aporta su granito de arena para cambiar el mundo.
“Ojalá que la gente entienda el mensaje, aunque depende mucho de la perspectiva con la que lo vea. Yo quiero inspirar paz, igualdad y respeto ante los seres humanos”, expresa Eduardo, “El Miclo”.
Tiene 16 años y cursa el primer grado de educación técnica. Dice que sus padres conocen y apoyan su afición. “Mi papá sabe que le doy a la grafiteada. De algún modo tengo su apoyo mientras no me meta en problemas con la policía u otras personas”, menciona.

Quieren dejar fuera tabú de la sociedad
“Tribus urbanas somos todos”, asegura René Bello González. Desde hace más de 10 años, cuando tenía 15, asumió la coordinación de las Tribus Urbanas de Morelos con un solo objetivo: tratar de desaparecer ese tabú, el sobrenombre de tribus que los aísla del resto de la sociedad.
“Quisiéramos que nos reconozcan como seres humanos, como lo que somos, porque tribus urbanas somos todos; los que visten de traje, las mujeres que usan tacones, en fin, a cada grupo le gusta ser diferente y eso los distingue. Entonces, ¿por qué a ellos no les dicen forman parte de una “tribu”?, cuestiona.
René es un ejemplo de lo que más chavos quieren lograr y de lo que son. Tiene 25 años y está por concluir la carrera en Ciencias Biomédicas en el Centro de Ciencias Genómicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Dice que asumió la responsabilidad porque siempre le han inquietado los niños y jóvenes de las culturas urbanas.
No están solos. Gustavo explica que, para concienciar a la ciudadanía y a sus gobiernos, el colectivo Tribus Urbanas tiene presencia en Puerto Vallarta, Jalisco, también en los estados de Yucatán y Chiapas. Según su testimonio, en estas entidades nació el movimiento acompañado de grupos musicales como Panteón Rococó, Molotov y la Maldita Vecindad.












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