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Libra una pequeña gigantesca lucha

A su corta edad, la pequeña ha sido sometida a dos cirugías a corazón abierto, y ya se prepara para que dentro de un mes enfrente su tercera batalla; sus padres confían en la ayuda divina, y apelan a la comunidad para solventar los gastos médicos.

Al tercer día de vida, los médicos le diagnosticaron a Regina el “Síndrome de Ventrículo Izquierdo Hipoplásico”, un trastorno del corazón que, de acuerdo con la información que especialistas del Instituto Nacional de Cardiología dieron a sus padres, Eduardo y Elizabeth, afecta a uno de cada 600 mil niños.

No obstante, la preocupación aumentó al enterarse de que, al menos en las 23 cirugías que se han practicado en el nosocomio de alta especialidad en el último año y medio, ningún niño ha sobrevivido.
“El doctor le tomó mucho cariño a Regina. Por eso fue honesto y nos dijo que su situación era incompatible con la vida; que en México, en ese tiempo, como hace año y medio, le practicaron la cirugía a 23 niños, de los cuales, todos están muertos”, platican para DDM los papás de la pequeña.
Regina llegó al mundo el 20 de noviembre de 2010, a las 14:01 horas, en un hospital de la Ciudad de México. Su historia se compone de contrastes: de alegrías y tristezas; bendiciones y desesperación. De barreras económicas que nunca antes sus padres imaginaron que tendrían que vencer. Pero también de ángeles y milagros que, según ellos, siempre los han auxiliado en los momentos más adversos.
Con todos los pronósticos en contra, la pareja no se dio por vencida y encontró una esperanza: internar a su hija en el Children´s Hospital, de la ciudad de Boston, Massachusetts, en los Estados Unidos, para someterla a tres cirugías a corazón abierto, y así solucionar su padecimiento.
“Nos comentó el doctor que la única opción era viajar a Boston. Que él trabajó con especialistas de allá y que, obviamente, los resultados son mejores que en México; aquí no nos daban ni el uno por ciento de probabilidad de éxito”, refieren.
 
La cadena de milagros
Sin embargo, cada día que pasaba y Regina no recibía la atención adecuada, le restaba tiempo a su vida. El instinto de Elizabeth, su madre, y los diagnósticos de los doctores se lo advertían: “El doctor nos dijo que no podía hacer nada y yo le pedí mucho a Dios y a la Virgen de Guadalupe por su vida”.
“Les encomendé a mi hija un día que se puso muy mal, y nos dijeron que ya no había nada que hacer”. En el nosocomio se les pidió que decidieran si querían que conectaran a Regina a un aparato para prolongar su vida, o no hacer nada, para evitarle un mayor sufrimiento. Aunque la decisión no fue fácil, cuentan que acordaron tenerla todo el día en sus brazos y esperar a que llegara el momento.
Pero Elizabeth no perdió la esperanza y se refugió en su fe. “Ese día le dije a la Virgen: Virgencita, tú sabes que yo siempre había querido tener un bebé. Si tú crees que ella va a estar bien y que va a ser una niña sana, déjamela, y si no, pues entonces llévatela”.
Esa noche, el matrimonio recibió la respuesta a sus plegarias y salió del hospital completamente sorprendido. Regina se recuperó de una manera que aún no se logra comprender. La ayuda celestial les levantó el ánimo y les dio tiempo para fraguar un plan que le salvara la vida a su hija.
“¡Regina tiene que vivir, y nosotros la tenemos que ayudar!”, recuerda Elizabeth que exclamó a su esposo.
La familia contaba con un seguro médico de gastos mayores, pero había un problema: el seguro sólo era válido en la república mexicana. Así, el segundo milagro vino por parte de un agente de seguros, al que tenían apenas unas horas de haber conocido en el hospital. Su hija nació a la par con Regina, pero la internó en el nosocomio porque tenía problemas de reflujo. Fue este hombre quien les ayudó a negociar y a convencer a la compañía de seguros para que les liberara el recurso.
La empresa aseguradora accedió, por única ocasión, a pagar el monto de un millón 200 mil pesos, para la primera o la segunda operación. “Nos dijeron que darían ese dinero y nada más”, platica Eduardo.
No hubo tiempo que perder: tan pronto hicieron el depósito en el hospital estadounidense, abordaron un avión-ambulancia hacia Massachusetts.  
La familia arribó a Boston el 15 de diciembre de 2010. Un día después, sometieron a Regina a la “cirugía de Norwood”, una de las intervenciones de mayor riesgo. La operación tuvo una duración de 8 horas. Le bebé fue inducida a un coma por 5 días y permaneció con el pecho abierto por 4. Finalmente fue dada de alta del hospital el 5 de enero de 2011.
La intervención fue un éxito. Las modificaciones que hicieron los cirujanos al corazón de Regina evitaron que se cerraran algunas válvulas; asimismo, le conectaron un tubo artificial que unió las arterias del pulmón y la aorta, de las más importantes del órgano.
Regina había superado una de las tres pruebas, pero al triunfo lo acompañó un problema. El dinero que recaudaron de amigos, familiares y el seguro médico no era suficiente. La operación tuvo un costo de 154 mil dólares, contando el traslado especial desde México a la Unión Americana.
Por ello, Eduardo regresó a la república mexicana a redoblar esfuerzos en su trabajo; mientras que su esposa y su bebé permanecieron durante ocho meses en Boston. En ese tiempo le realizaron a Regina una segunda operación, la “cirugía de Glenn”. Con ésta, los galenos le restaron la carga adicional que realizaba el corazón al bombear la sangre por la parte media y superior del cuerpo.
Regina libró con éxito una batalla más, pero siguieron las complicaciones: presentó arritmia y le tuvieron que implantar un marcapasos.
Los médicos reportan que Regina es fuerte, pero sufre secuelas, por lo que los especialistas deciden adelantar la tercera y última cirugía.
“Regina sigue con un problema que no está completamente solucionado, y siento que esto aceleró a los doctores a tomar la decisión de adelantar la cirugía para este mismo año; nos agarró completamente fuera de guardia”. Regina será intervenida el próximo 12 de julio.
A pesar de los esfuerzos de familiares y amigos de ambas familias, los problemas económicos continúan, por lo que apelan a la ayuda de la comunidad.












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