Diario de Morelos
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Dan sentido adiós a sus tres familiares

Entre lágrimas y lamentos, dieron sepultura ayer, en el panteón de la colonia Lázaro Cárdenas, de Cuernavaca, a los tres miembros de la familia Luna Martínez. Fueron atropellados el domingo en sus bicicletas por José Antonio Lechuga, conductor ebrio que rebasó por el acotamiento y los arrastró, provocándoles la muerte.

Después de tres días de duelo, el momento del adiós llegó. Ayer, familiares, amigos y compañeros de escuela del menor Víctor Alexis y de sus tíos Ceferino y Rodrigo Luna Martínez sepultaron a sus seres queridos, en el panteón de la colonia Lázaro Cárdenas, de Cuernavaca.


Ellos fallecieron la mañana del domingo sobre el asfalto de la autopista Acapulco-México, luego de que José Antonio Lechuga Morales, quién se ostentó como ex servidor público del Gobierno del Estado, los atropelló cuando pedaleaban sus bicicletas por el acotamiento de la carretera. Se dirigían a su trabajo. Ese día, las autoridades reportaron que el presunto responsable conducía su automóvil en estado de ebriedad.
A pesar de los lamentos y lágrimas de los dolientes, la tristeza no fue mayor que el cariño que éstos demostraron a sus difuntos. La despedida que Alexis y sus tíos recibieron fue especial: desde su entrada al mausoleo, los tres féretros pasaron en medio de dos hileras formadas por los amigos de Alexis; como detalle, todos sostenían una rosa en su mano en señal de su cariño y adiós.
A decir del profesor José Luis Sandoval, quien durante el último año fue su mentor, tal vez Víctor Alexis no fue un alumno ejemplar, ni era el mejor de su grupo. Sin embargo, el cariño y aprecio que sus amigos de escuela sentían por él lograron que los dos grupos de sexto grado de la escuela primaria “Raúl Isidro Burgos” acudieran al panteón a despedirlo para siempre.
“Yo lo tenía como a tres metros de mi escritorio. No era malo, era muy buen amigo. Siempre se preparaba para entregar sus trabajos; sí se dedicaba al estudio, de hecho me sorprendió que en el promedio general obtuvo 8.9”, comentó.
Alexis era el portero de confianza de su equipo de futbol. Sus amigos aceptan que les va a ser mucha falta. Pero admiten que ello no se compara con el hueco que hoy dejan él y sus tíos en el corazón de sus familiares.
Y entre los abrazos y lamentos en la tierra santa, el momento llegó: de voz de los familiares, los sepultureros recibieron la orden y comenzaron a rellenar las dos fosas con sus picos y palas. Poco a poco, la tierra todavía humedecida por las últimas lluvias cubría los ataúdes y con ella aumentaba el dolor.
“¡Llévame contigo! ¡Quiero irme contigo! Siempre te voy a recordar, mi niño. ¡Dios mío, dame fuerzas!”, gritaba con desesperación la madre del menor. Sólo los brazos de tres mujeres la separaban del sepulcro de su hijo, al que se negaba dejar partir.
Finalmente, todo pasó. Los restos del infante quedaron en la misma fosa al lado de los de su tío, Rodrigo. A un par de metros descansan los de Ceferino, su otro pariente. Como en la mañana del domingo cuando se dirigían a su trabajo, ahora los tres ya descansan en su eterno lecho, ya sin dolor.












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