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La musa del Violín - En mi ciudad

Julio Rutiaga
julio.rutiaga@diariodemorelos.com

Cuernavaca, Morelos.-  Una dulce melodía embellece la fachada de la Catedral de Cuernavaca. Parada a un costado de la capilla se encuentra Alejandra, una virtuosa de la música, quien por azares del destino toca en la calle para poder sobre vivir.
“Yo toco porque amo la música muchísimo, porque es un don que se me dio, porque así era mi madre, así era mi padre, entonces pasa por herencia y lo disfruto”, asegura.
“Empecé chiquita, de tres o cuatro años, aprendí con  un maestro ucraniano y fui traída a México recién nacida. Viví primero en el DF, después viví en Estados Unidos  y otro tanto en Europa”, cuenta.
De su familia sabe muy poco, ya que no tuvo la fortuna de conocer a su madre: “Mi mama era pianista, yo no la conocí, ella murió cuando yo nací, la custodia se la dieron a mi familia paterna”.
El recuerdo de su padre la llena de ilusión: “Mis primeras clases de balet, aunque era una bebé grandota, fueron con él, yo sin saber que era mi papá.
Era un maestro era muy duro, al principio de cursos entraban como 20 o 30 alumnas, y ya para final de mes nada más quedábamos cuatro porque nadie lo aguantaba, era muy estricto”.
Sus estudios de música en el extranjero, le han valido de poco, ya que Alejandra prefiere tocar en las calles. “Mucha gente me ha preguntado que porque no toco en cualquier orquesta, cuando tocas bien y tienes un nivel, el hecho de tocar en una orquesta que no tenga el mismo nivel, aunque tengan papeles de conservatorio. Prefiero tocar en la calle, ni modo, como me vaya”.
La necesidad la obliga a trabajar para poder sustentar sus gastos: “Por necesidad y por gusto, es algo que amo con todo mi corazón, lo disfruto muchísimo, pero lo hago por necesidad.”

"Yo toco porque amo la música, porque es un don que se me dio, porque así era mi madre, así era mi padre, entonces, pasa por herencia y lo disfruto.”  Alejandra, artista callejera

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