Hacia finales de 2006, el entonces gobernador Sergio Estrada Cajigal reconocía, en corto, que el gremio del transporte es un monstruo de mil cabezas cuasi imposible de abatir, sino por el contrario, en crecimiento.
Él, con la entrega de un descomunal lote de casi 3 mil 100 juegos de placas y una metropolización del servicio, contribuyó a agigantar ese monstruo que, en su voracidad, hoy reclama más concesiones y tarifas.