En una de ésas se aclara el panorama y se desdibuja la imagen del perro que, sin lograrlo, busca morderse la cola dando vueltas, porque si alguien pudo embolsarse la millonada, no debe ser un cualquiera.
Y el saqueador no debe ser extraño, porque ni modo que Juan Pueblo acceda a la tesorería y claves secretas como para desaparecer la lana, vía un banco. Así, llegó la hora de cantar el “¡sálvense quien pueda!”.