| Perdida, o casi, la convivencia familiar, pospuesta para nunca la conversación de la sobremesa entre padres, hijos y abuelos. Olvidadas por muchos las idas al cine, al parque, al día de campo en familia. A veces porque el dinero no alcanza, y otras porque los chicos y las chicas en edad de merecer prefieren el reven finsemanero que quedarse con los suyos en casa… La ubicada en el 123 de la calle Tabachines sería una residencia más de las tantas que ocultan las bardas altas, típicas de Cuernavaca. Un conjunto de pequeños edificios de una planta y dos en 2 mil 400 de construcción sobre 4 mil 286 metros de un terreno en desniveles formando terrazas que llegan a la barranca. De estilo arquitectónico indefinido para los legos como el columnista, sus espacios son suficientes para el auditorio, garage, oficinas, consultorios y lo demás que en tres meses la convertirán en una casa peculiar. Comprada por el Ayuntamiento a la familia Chagoyán en dieciocho millones de pesos y hechas las adecuaciones, será la Casa Cuauhnáhuac del DIF-Cuernavaca. El tema, entonces, tiene que ver con la familia, a propósito de lo cual en una visión global el alcalde Jesús Giles Sánchez confía algunas ideas enfocadas a la convivencia familiar. Por ejemplo, ¿qué tal proponerles el parque Melchor Ocampo a los trovadores del centro que los años han vuelto hacinado? Por supuesto, habría que platicarlo con los tríos que por tres generaciones han trabajado en el jardín Juárez. O revivir la Rondalla Bugambilia de los sesenta, integrada en esta ocasión por guitarristas y cantantes que quedan de los fundadores más sus hijos y nietos que siguieron el noble oficio de la música. Para empezar, suena bien la idea de ofrecer a la gran familia cuernavacense noches frescas en la remozada Plazuela del Zacate, amenizadas con la actuación de trovadores del Zócalo interpretando boleros inmortales de Los Panchos, Los Diamantes, Los Dandys, Los Ases, Los Caballeros, Los Fantasmas que, si despiertan la nostalgia de los hombres y mujeres de cuarenta en adelante, también avivan el romanticismo de chavas y chavos de veinte o más. Vale…QUE ni crean en la Secretaría de la Contraloría y el Palacio de Gobierno que “ya se enfriaron” los casos de Gemtel y los “seguros populares” pagados pero no practicados a la empresa Especialidades Médicas, S. A. de C. V., por medio de las cuales funcionarios del gobierno de Sergio Estrada perpetraron sendos fraudes por al menos ochenta millones de pesos. Pero en tanto la contralora Patricia Mariscal Vega le encuentra la cuadratura al círculo y sale o no una definición de carácter penal de las reuniones del secretario de gobierno Sergio Álvarez Mata, el oficial mayor Víctor Manuel Mendoza Moreno, el consejero jurídico Pedro Luis Benítez Vélez y el procurador Francisco Coronato Rodríguez, la señora Mariscal podría usar esta especie para una cortinita de humo. Uno fechado el 8 y otro el 15 de abril anterior, dos oficios girados por el subdirector del Cine Morelos, Miguel Ángel Mendoza Barrón, al ahora ex director del Instituto de la Cultura de Morelos, Gregorio Morales Avilés, infieren la posibilidad de dos transas. En el primer documento se informa que los días 28, 29 y 30 de marzo así como el 1, 2 y 3 de abril “no hubo ingresos en taquilla, debido (sic) a que el acceso a las tres salas del cine fue entrada libre”. En el segundo, que el 9 de abril y durante la presentación del libro Constitución de los Estados Unidos Mexicanos para las niñas y los niños de México “se obsequiaron 500 bolsas de palomitas a los alumnos que asistieron a dicho evento”. Desde luego no estamos insinuando una pandilla dedicada al robo de recursos oficiales, pero sí que la señora Mariscal puede abrir una investigación, preguntando personalmente a los empleados del Morelos si es verdad que los días citados “no hubo ingresos en taquilla” y si efectivamente regalaron las bolsas de palomitas. Por un lado, ambos oficios fueron avalados por el “visto bueno” del director operativo del ICM, Karl Ayala Ruiz, y por otro, Morales fue “renunciado” y sustituido esta semana con José León de la Rosa Segura… APARTE del escandalito, en un decir contra otro decir quedará la acusación del alcalde de Zacatepec, Gustavo Rebolledo Hernández, versus el diputado perredista Matías Quiroz Medina, asegurando que éste intentó chantajearlo pidiéndole tres y medio millones de pesos a cambio de que legisladores del sol azteca votaran a favor de la solicitud del crédito al cabo aprobada por el Congreso Estatal. A menos, claro, que Rebolledo tenga un video… ME LEEN MAÑANA. |