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Llevan a Morelos en alma y cuerpo

Cuando se platica con Alma Álvarez, oriunda de Cuernavaca, su voz bien timbrada se asemeja a la de una cantante. Tiene  27 años y salió un día hace ya ocho años de Miacatlán, Morelos, donde residía, hacia E.U. Se fue de su pueblo y de su estado “porque no encontré allá, Lya, las oportunidades económicas para pagar los estudios que quería hacer”.


Y lo hizo, llevando tras de sí los aromas y guisos de su estado de Morelos. Llegó directamente a California. “Ahí empecé a trabajar en una tienda de electrónica, no sabía inglés, por lo que no tenía acceso a los clientes. Más tarde amplié mis conocimientos al ingresar, primero, a una fábrica de ensambles electrónicos. Por las noches, esos cuatro años que duré en esa fábrica los empleé en aprender inglés en un instituto, la verdad, muy bueno. Ahí conocí a mi esposo que es guatemalteco, y al poco tiempo nos casamos.
“Realmente mi vida en E. U., ya casada, comenzó en Santa Anna, California y al poco tiempo sentimos que debíamos emigrar a un estado más al norte de California para encontrar mejores oportunidades. Llegamos a Utah.Y aquí sentí la necesidad de acrecentar la cultura mexicana. Nadie conocía lo que era un Chinelo, por ejemplo y junto con otros amigos morelenses, pocos, que encontré en este lugar, nos nació la idea de el primer grupo de Chinelos en Utah.
“No fue fácil. Comenzamos nuestras gestiones en el Consulado de México en este lugar y luego de varias entrevistas con distintos funcionarios consulares, al ver que estábamos decididos, nos pusieron en contacto con el gobierno de Morelos. Les pedimos trajes completos para 15 chinelos de distintas tallas, incluso uno o dos para niños, como en nuestra tierra, pues, que en ocasiones baila la familia entera.  Finalmente nos llamaron por teléfono, que podíamos pasar por las cajas que nos habían mandado. No sabe qué emoción sentimos. Al abrirlas y ver los hermosos trajes, nos pusimos a llorar, yo pasaba mis manos acariciando el terciopelo. En ese momento sentí lo que era patria, lo que era arraigo a la tierra de nuestros padres, al estado donde nacimos y pasamos nuestra infancia.
“Así que enseguida comenzamos a organizar al grupo. Nos llegó la música del brinco en C.D. Y comenzamos ya en forma a organizar al grupo que viendo los trajes ya le entraron con emoción. La primera vez que con música y el grupo entero la gente veía por primera vez a un primoroso grupo de Chinelos brincar  por las calles de Salt Lake City, fue en la Galivan Center, que es una plaza muy concurrida en el centro de la ciudad y causamos tal sensación, que ya de allí nos han seguido llamando, como que no hay ya festejo en esta ciudad, en el que no se tome en cuenta a los Chinelos, así nos sentimos cerca de México. Participa mi familia, nuestros amigos Juan, cuatro Migueles, Nancy, Aby, Rocío, dos Marías, Clara, Elizabeth, Isidra, Malena, Noé, Eduardo y Jazmin y hasta mis hijos Axel y Briana, de cinco años y de 18 meses. Aquí, pertenezco en Utah a una federación de mexicanos unidos en Utah y a la Confederación de Morelenses de E.U. y Canadá, donde Pablo Castro Zavala me invitó como directora de cultura.
“Así, mi tiempo transcurre entre mi casa, mi esposo, mis hijos y mi trabajo que sigue siendo la electrónica lo que me encanta y nuestras reuniones sociales transcurren entre mexicanos y por supuesto invitamos a norteamericanos a participar en nuestros festejos patrios. Por cierto, aquí en Utah no se celebran nuestras fiestas patrias, por lo que quienes quieren hacerlo se van a Las  Vegas donde se celebran por todo lo alto con los más famosos cantantes, charros, mariachis y bailarines mexicanos. Como ves Lya,  aquí está mi vida y aquí seguiremos viviendo, aunque siempre llevando a México en el corazón y agradeciendo los apoyos que nos dan tanto el gobierno del estado de Morelos, como el Consulado de México en Utah y las organizaciones a las que pertenezco”.

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