Entre amigos

Fíjense, amigos, que el título que se le puso a mi columna no pudo ser más atinado: Entre Amigos.

Porque a medida que entro en contacto con más y más migrantes, así me siento: Entre Amigos. Diario estoy comunicada con nuestro amigo Pablo Castro Zavala, que no fue acertada sino atinadísima su elección como Presidente de la Confederación de Morelenses en E.U. y Canadá. Por él, me entero de nuevas historias. Más pasa el tiempo, hoy cumplimos un mes de La Voz del Migrante, de domingo a domingo, y de alguna forma me estoy enlazando con todos ellos, con su diario vivir y sus problemas. Constato así que la distancia no existe. Sé si uno de ellos se quedó fuera de su cuarto porque dejó la llave dentro, y lo mejor es que me lo comparte, y ahí me tienen, contestándole a miles de kilómetros en la noche su correo y alegrándome de que pudo al fin entrar. O si otro, entrañable amigo, está viviendo una triste situación por la gravedad en que se encuentra su esposa y nos enlazamos todos rezando por ella. Espero con mucha ilusión la próxima aparición del poemario de la escritora Baldra Torres, para deleitarme con su poesía. O hablar con el papá de Vianney, Adolfo Nájera Brito, que vía Pablo Castro es la que recibió mi cuestionario y será la que me lo regrese con su historia en Mississippi. Qué cierto es que la familia morelense es una, dentro y fuera de Morelos y de México, y que sólo hay que estar comunicados. Espero regresar, poco a poco, a cada pueblo de Morelos, pero ahora, con una nueva misión: la de conocer y escuchar a las familias que quedaron aquí. Eso y las presentaciones de libros evitan que me vuelva una ratona, no de biblioteca, sino de computadora. Me invita mi amiga Ceci González Arenas, una auténtica luchadora social, gran amiga de muchos migrantes, a comer a  Axochiapan, y ya tengo amigos allá que nos hablamos como si nos conociéramos de toda la vida. Espero ser digna de las historias fascinantes que estoy conociendo, humanas todas ellas, para podérselas contar, y que, sin salir de Cuernavaca, conozcan la calidez de Morelos y sus habitantes. Ya no me sorprende levantar la bocina y escuchar una voz que me diga: “Seño, yo también le quiero contar mi historia”. Y aquí estoy, trayendo la segunda parte del relato de Érick y preparando varios más. Y hasta el próximo domingo, pues.

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