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El Sueño Americano

Los Ángeles, CA.
Conclusión

Dentro de un clima festivo por esta noticia de la reforma migratoria, continúa la entrevista con Israel, un joven correcto, decente, con valores familiares y humanos, pero sobre todo, con el agradecimiento al Padre Wasson, por haber acogido en Nuestros Pequeños Hermanos, en Miacatlán, a sus padres. “Paralelamente al servicio que mi padre prestó a NPH, al salir de la escuela, durante tres años en Nicaragua, se dedicó también a seguir estudiando para obtener títulos que sabía le servirían algún día en los E.U. Además de su carrera de Administrador de Empresas, que cursó en este país gracias a que NPH envía a sus alumnos a prepararse.
“Por cierto, en esa época que quedé solo y pobre en Cuernavaca con toda mi familia en Nicaragua, tuve un amigo, Alberto Mujica, que me brindó techo y familia. No lo olvido. Así es que cuando mis padres regresaron mejor armados para enfrentar el futuro, comprendí que yo, a mis casi 20 años, estaba ya listo para emprender mi propia historia. Y eso hice. Comencé en Los Ángeles, con la oportunidad que me dio una tía, hermana de mi mamá, también ex Pequeña Hermana. Ella me ayudó a buscar y a encontrar trabajo.
“Pero a pesar de que el tiempo pasa, cada agosto, mientras vivimos en México, mis padres nos llevaban al encuentro anual de ex Pequeños Hermanos. Era emocionante cómo se abrazaban todos, llorando de volverse a ver, porque aunque separados geográficamente, todos siguen siendo una sola familia. El verlos nos enseñó a nosotros el valor del agradecimiento a ese gran sacerdote.
“Pero volviendo a mi vida, mi primer trabajo fue en una fábrica, de 11 de la noche a 7 de la mañana. En ese tiempo, el salario mínimo era de 7.25 dólares la hora. Ganaba bien para ser mi primer trabajo, pero como mi tía tenía dos recámaras y dos hijos, busqué y encontré otro trabajo con mejor horario. Eran ventas por teléfono, lo que con el tiempo se convirtió en mi especialidad. Realmente me sirvió mucho estudiar inglés en el Angloamericano, cuando todavía vivía en Cuernavaca.
“Pero si en L.A. no tienes un auto, no haces nada, así que busqué otro trabajo para comprarlo; pude así moverme con facilidad y comenzar a mandar dinerito a mis padres. Estaba ocupado todo el tiempo y pude también rentar un departamento. Pagaba 300 dólares al mes y sólo tenía un colchón, mi ropa, un despertador y mi auto. Con eso la hice en un principio.
“Tiempo después, apliqué y entré a un mejor trabajo: más sueldo, más ayuda a mis padres y hermanas. Tenía ya prestaciones médicas, días de descanso, vacaciones, salario y comisiones. Seguía en el ramo de televentas vía telefónica. Al mes, pude traerme a mi padre, llamado José Hernández, y ya ambos trabajando, al siguiente año llegó mi mamá, María Trujillo, con el resto de la familia. Y desde entonces, tratamos de dar estabilidad a mis hermanos menores; sólo nos hemos cambiado una vez, pero ya a nuestra casa. Aunque también hemos pasado días tristes.
“Una Navidad que llegaron a pedir papeles, pude esconderme, pero me quedé sin trabajo. Ese día supe lo que significaba ser ‘ilegal’. Pero por algo fue, encontré mejor trabajo, ahora eran ventas telefónicas, pero de casas. Yo hacía las citas y mi patrón iba a visitarlos. Mi jefe estaba feliz. Ahora que yo tengo mi propio negocio de bienes raíces, una de las ramas que atendemos es ayudar a que la gente no pierda sus propiedades. Logramos que les rebajen intereses y salvamos sus casas. Al fin tenemos la oportunidad, ayudando a la gente, de devolver un poco de lo que recibimos del P. Wasson en NPH.
“Como se nos agotó a todos la visa de turistas, no podemos salir de E.U., pero con la reforma migratoria que está encabezando el presidente Obama podremos al fin alcanzar el Sueño Americano y volver a Cuernavaca a visitar a mi amigo Alberto. Y aunque ahora nos va muy bien, jamás olvidamos al  P. William B. Wasson. Siempre presente en nuestras oraciones”.

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