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El Padre Wasson les dio vida digna

La obra del sacerdote norteamericano William B. Wasson al cambiarle la vida a la familia de Israel Hernández

1ª. parte

No deja de sorprenderme que cada entrevista con un migrante es distinta; y de todas, aprendo siempre algo. Al terminar de entrevistar a Israel Hernández -28 años-, plática que sostuvo conmigo desde su oficina de Bienes Raíces, sólo de pensar que su padre, de niño, era tan pobre que tenía que buscar comida entre la basura, no dejo de admirar la portentosa obra del sacerdote norteamericano William B. Wasson, quien, como forma de vida, se dedicó a crear hogares para recibir niños huérfanos, de preferencia a todos los hermanos, y poderles brindar un mejor futuro. El padre y la madre de Israel llegaron así, cada uno junto con sus cinco hermanos. Fueron admitidos en Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), y en ese lugar les cambió la vida para bien.
“En la Hacienda del San Salvador, en Miacatlán -refiere Israel-, uno de los muchos hogares de NPH que fundó el Padre a partir de los años 50, mi papá que estaba interno conoció a mi madre, también interna, a la que le habían matado a sus dos padres y dos hermanitos en Guerrero, razón por la cual el Padre se interesó por adoptar a los cinco hermanos. Ahí les brindaron educación, valores humanos y una mejor vida. Ahí crecieron y con el tiempo se casaron y salieron a emprender su propia vida.
“Yo ya nací en el IMSS de Plan de Ayala. Vivíamos en la calle Violeta, colonia Satélite. A mi padre, el P. Wasson lo envió a estudiar a una  universidad en E.U. Cuando yo nací, en el 83, mi padre me conoció un año después, porque él se graduó en E.U. Así que el tema migrante siempre ha sido familiar para mí. Al cumplir siete años nos fuimos todos a Los Ángeles y ahí estuvimos cinco años, pero viendo mis padres el ambiente terrible que había en ese entonces, donde vivíamos, con pandillas latinas y afroamericanas, decidieron sacarnos de ese ambiente a mis tres hermanas y a mí. Así regresamos a Cuernavaca.  Ellos tenían un terrenito en la colonia Ampliación Morelos, y como cada año mandaban dólares para construir, cuando regresamos lo hicimos a nuestra casita, aún no terminada, pero nuestra al fin. A mi regreso a Cuernavaca nos inscribieron en el colegio Fray Juan de Zumárraga, donde terminé la secundaria. En ese momento se me presentan dos opciones, quedarme en Cuernavaca o seguir a mis padres a Nicaragua, y opté por quedarme e ingresar al Colegio de Bachilleres, el que está en la Avenida Domingo Diez,  frente a los cuarteles militares. Ahí terminé el equivalente a tres años de prepa.
“Y lógico, el  P. Wasson fue tan buena persona, que para mis hermanos y para mí fue como un abuelo. Siempre lo recordamos con enorme agradecimiento. A mi padre le decía que él era su consentido, no sé si a todos los niños les diría lo mismo, pero todos los queríamos mucho. Ya ellos sabían que al salir de NPH, debían de prestar dos años de servicios sociales cuando se les requiriera. Ésa fue la razón de que a mis padres los transfirieran, varios años después, a Nicaragua.
“Mis padres aceptaron su nueva misión y se fueron con mis hermanos sin percibir sueldo alguno, sólo tendrían techo y alimentos. Pero como yo era el mayor, decidí quedarme y ver si podía ganar algo para ayudarles, y aunque me quedé solo, siempre me mantuve en contacto con el P. Wasson.  A mis padres los iba a visitar cada seis meses a Nicaragua. Ya después me uní a mi familia en Nicaragua y estuve allá sirviendo, al igual que ellos en aquel país.
“Cuando terminó el servicio social de tres años, mi familia ganó algo simbólico y ya era tiempo de que empezáramos a buscar un futuro más holgado, así es que de regreso en México, mi padre tuvo la oportunidad, paralelamente al servicio que dedicó como misionero en los hogares de Nuestros Pequeños Hermanos, de obtener varios títulos. Él es, además de maestro, Licenciado en Administración, pero como siempre lo vi que no ganaba dinero, temía yo que me pasara lo mismo. Él ya tenía más de 40 años y no le era fácil conseguir un buen trabajo. Así que a los 19 años decidí emigrar a los E.U. Me propuse ser el sostén principal de mi familia”.

Por Lya Gutiérrez Quintanilla
lyagquintanilla@hotmail.com
Los Ángeles, CA.

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