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Voluble

A veces me pregunto si no caeré “gordo” al platicar frecuentemente en mis colaboraciones anécdotas de mi infancia. Si así fuera, ofrezco mil disculpas a usted, amable lector, pero a veces son ejemplificativas o caen como anillo al dedo en el tema que pretendo abordar.
En esta ocasión les contaré la historia del “Archie”, un mocoso pelirrojo que vivía a unas cuantas casas de la nuestra, allá en el sur de la Ciudad de México. La neta, parecía enano, ya que su léxico era abundante y siempre empleaba las palabras con una precisión de misil. Cada vez que pasaba cerca de nosotros, mi Padre, Don Arturo Brizio Ponce de León, le gritaba: “Archie, qué guapo eres” y el enano respondía agitando la mano como reina de carnaval. Así se sucedían los días y el mismo lisonjero saludo de mi progenitor, hasta que un buen día, el moconete del pelo colorado caminaba rodeado de chavitas. Entonces, mi jefe le gritó: “Archie, qué feo estás”. Nuestro pequeño amiguín, sin perder la compostura, le dijo: “Señor Brizio: ¡Qué voluble es usted!”.
El domingo pasado, previo, durante y después del juego entre los Pumas y el Pachuca, la gradería del estadio universitario coreó el nombre de Hugo Sánchez, actual timonel “tuzo”, aclamándole como lo que es: Un icóno fundamental en la historia del cuadro auriazul.
Hugo ha sido el mejor jugador mexicano de toda la historia. Sus logros fueron muchos, empezando por los títulos de goleo y el campeonato de liga conseguidos con el cuadro del Pedregal.
Su paso por España es legendario, consiguiendo una hazaña difícil de igualar: Cinco trofeos “Pichichi”, que acreditan al máximo romperredes en el futbol español.
Como director técnico, llevó a los Pumas a ser el primer bicampeón en la era de los torneos cortos, aunque sus detractores señalan que, pese al importante logro, los dejó hundidos en la tabla de cocientes.
Hay que señalar, con la mayor objetividad posible, que la carrera de Hugo como entrenador dista mucho de lo exitosa que fue la suya como jugador.
Incluso ahora, con Pachuca, le armaron un equipazo en el papel, que no ha logrado traducir en logros tangibles. Aunque la benevolencia del sistema de competencia le permita rondar la famosa “zona de calificación”, 14 méndigos puntos de 39 disputados son una magra cosecha para él y cualquiera que se precie de ser un técnico rentable.
Sánchez se escuda diciendo que el proyecto para el que fue contratado es “a largo plazo”. Caray, pues que le vaya apurando y que no se le olvide que ese mismo público que le ovacionó el domingo, es el mismo que hace algunos años coreaba el “fuera, fuera” que terminó con su gestión como responsable de la plantilla felina.
No le vaya a acabar diciendo al propietario de los “Tuzos”: “Señor Jesús Martínez: ¡qué voluble es usted!”