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Va de cuento: El Centro Histórico del sexenio

Joaquín el platero, se quejaba de que no sólo la situación económica estaba mal en Cuernavaca, sino que todo el País se encontraba igual. El presidente Peña Nieto comentó que los beneficios de las reformas para la población se van a ver reflejados hasta después del sexenio y para entonces va a bajar el precio del gas y de la gasolina; ¿Si los posibles turistas no tienen dinero para viajar y los del extranjero dejaron de venir a México desde hace treinta años, para qué se piensa gastar tanto en reformas que Cuernavaca no necesita?
-Lo que va a pasar con nosotros con el proyecto que se está llevando a cabo de reformar el Centro Histórico, es que nos vamos a quedar hasta sin los clientes locales, quienes no van a tener ni cómo llegar –aseguró la del restaurante.
-¿Qué cosas van a cambiarle al Centro Histórico, si en el sexenio anterior ya fue reformado?, porque a la población no le han mostrado ningún plano o maqueta de qué es lo que están haciendo y saber cómo prepararnos para el cambio; en qué época, cuánto tiempo y qué haremos los comerciantes para subsistir, ya que una cosa fue darle una pintada a las fachadas y otra que levanten la calle y no podamos vender nada. Cerrar el centro a la circulación, significa matar a Cuernavaca –dijo Joel el zapatero.
María Luisa y Angelita, habían ido al Ayuntamiento a preguntar por el proyecto de las obras del centro y les contestaron que era cosa del gobierno estatal. Que las obras estaban siendo dirigidas por el Secretario General de Gobierno, Jorge Messeger y por Obras Públicas del Estado y que tenían entendido que iban a cerrar algunas calles para hacerlas peatonales, comenzando por la de Guerrero.
-Pues quién sabe qué proyecto es ese, porque quien lo haya planeado no se ha dado cuenta que la ciudad está construida en pleno monte en medio de dos enormes barrancas. Lo que se necesita es que abran calles y no que las bloqueen, como lo hizo Adrián Rivera al cerrar  la calle veinte de noviembre, que sólo sirve como estacionamiento para las patrullas de la policía y no deja el paso hacia Morelos ni Álvaro Obregón, logrando un embudo en la avenida Hidalgo. Pero en fin, que si se obstruye otra vía, se va a acabar con la ciudad –expresó un ingeniero.
-Quisiera que el Secretario Messeger y quien planeó esto, se vayan caminando con sus esposas desde el mercado López Mateos o desde la glorieta del boulevard Benito Juárez hacia la calle Guerrero, a ver si a alguno de ellos no le da un infarto –retó don Jesús.
“Si no tienen en que gastar el dinero que les dio la federación, que lleven agua a las colonias que carecen de ella, que por lo menos arreglen el Jardín Melchor Ocampo o siembren áreas verdes dentro de las barrancas. Si lo que quieren es servirles a los turistas, que pongan autobuses turísticos para mostrarles los verdaderos atractivos de la ciudad, como son Las Pirámides de Teopanzolco, el Palacio de Cortés, la Catedral, la avenida Hidalgo con el Museo de la Casona y arreglar el Mercado Municipal López Mateos para mostrarlo con orgullo, como se hace en cualquier ciudad del mundo.
¿Dónde piensan meter a los 20 mil autos que circulan diariamente por las calles del centro? ¿A los enormes autobuses que la hacen de rutas? ¿O piensan que en lugar del “hoy no circula” van a meter el “esta semana nadie circula?”, se preguntó el zapatero.
-¿Quién de los turistas va a querer comprar un celular, una computadora, una tableta o esperar tres días para que les arreglen lo que se les haya descompuesto, porque ahí está la Plaza de la Tecnología o quieran comprar unas telas para el vestido de la novia o de la quinceañera, ya que en esa calle hay dos tiendas de telas? Ni modo que todos los negocios tengamos que cambiar de giro porque al señor de Obras Públicas o al Secretario Messeger se les ocurrió hacer la calle turística. Está bien que arreglen la calle H. Preciado, Morelos, Matamoros y hasta la de Guerrero, pero cerrar calles es de locos. Aunque dudo mucho que se vayan a meter en este berenjenal –terminó María Luisa.