Siguenos en
    Redes Sociales

Tiempos de justicia

¿Y ahora que no hay propaganda de Calderón diciéndonos lo bien que estamos, tendremos que enfrentar la realidad?...
La toma de posesión del presidente Enrique Peña Nieto, la que vimos en el Congreso de la Unión y lo que supimos y vimos poco después cuando las cámaras de televisión nos acercaron a los grupos que ejemplificaron las protestas y al vandalismo de vidrios rotos, de monumentos pintarrajeados, de zona de desastre a su paso, de policías enfrentándose contra lo que fuera que se hayan llamado aquellos que no eran sino una muestra del descontento que existe en mucha gente frustrada por la falta de oportunidades de trabajo, de estudio, de sobrevivencia… Esa gente que es fruto de esa violencia que revolotea en el ambiente y que reacciona ante todo lo que sea o parezca autoridad; personas que en otro momento y circunstancia no explotarían de la manera que lo hacen y que muestran su descontento e impotencia así, con la brutalidad. De la misma manera que muchos de los enganchados en las filas del crimen organizado quizá no tuvieron otra oportunidad en la vida, porque eso es lo que ha faltado en los últimos años. Entre otras cosas.
Decía al principio, si al cabo de atiborrarnos con propaganda de lo maravilloso que nos dejaron este país los que se fueron, la terca realidad se impuso a partir del 1 de diciembre… Es decir, el día que el presidente Enrique Peña Nieto, ya portador de la banda presidencial –recién besuqueada por Calderón en un acto entre místico y clerical— pronunciara el discurso a la Nación en que explayó los 13 puntos que habrá desarrollar en su gobierno y de los que no hay quien ponga objeción –ya se ha bordado mucho al respecto— en vista de que todo lo expuesto en ellos resultará en beneficio de este país, que vaya si lo requiere… Pero, como se ha dicho también, el presidente Peña Nieto no podrá actuar solo, ni contando únicamente con su partido, sino va a requerir de que todos entendamos que efectivamente serán benéficos para México.
De ahí que el mismo domingo, es decir al día siguiente de su toma de posesión, se firmara en el Castillo de Chapultepec el “pacto” incluyente de todos los actores políticos –menos uno y sus secuaces— para que realmente intervengan todos los firmantes y que el país retome un rumbo en el que se beneficie la sociedad que conforma este país y vayamos hacia el progreso para todos.
Si durante su discurso a la Nación, Peña Nieto habló de presentar ante el Congreso la iniciativa de la ley nacional de responsabilidad hacendaria y deuda pública con el fin de reglamentar y poner en orden el endeudamiento de los gobiernos locales que ha llegado a niveles “inaceptables” y que pone en riesgo las finanzas nacionales actuales y de los próximos años, seguramente fue porque le da importancia a este punto, que ha sido uno de los que más han dado qué hablar durante los últimos meses, entre otras, motivaron a que el ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira tuviera que dejar el cargo de presidente del PRI al ser cuestionado por la enorme deuda pública que dejó en el estado que gobernó… A lo largo de estos meses, mucho se ha hablado de otras autoridades que dejaron el estado o el municipio que administraron en condiciones casi de miseria, como ha sido el caso de Cuernavaca, durante la administración de Manuel Martínez Garrigós, que endeudó a esta ciudad como jamás en su historia y la dejó en las deplorables condiciones que ya sabemos: calles desastrosas, la ineficiencia en el delicado asunto de la inseguridad, deudas con la CFE, deudas en SAPAC, deudas a proveedores, y hasta tuvo el inescrupuloso atrevimiento de esquilmar el patrimonio de los empleados del Ayuntamiento, a quienes se les despojaron de sus ahorros del Instituto de Crédito. Pero no sólo eso, sino los negocios que fue haciendo entre otros, mediante el haberse apropiado del servicio de limpia al quitárselo a la empresa que reclama su derecho de contratación por 20 años, el cambiar el POET para beneficiar a su cuate y a sus cuates. Y la persecución de la que ha hecho objeto a quienes han dado fe de lo que ha hecho en esta ciudad durante el tiempo que la administró, si bien ese término no sería el correcto.
Es hora de que se haga efectivo lo que promete el presidente Peña Nieto y que, a mayor abundamiento, lo refrendó durante el pacto firmado en el Castillo de Chapultepec, al celebrar el “acuerdo nacional”, que todos los participantes aseguraron que será de “gran trascendencia para el progreso del país”, pacto que en el cuarto punto establece la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción como prioritarios para alcanzar su cumplimiento.    
Si Manuel Martínez Garrigós en su defensa dijo que todos los préstamos solicitados y obtenidos durante su gestión fueron “avalados y autorizados por el Congreso”, ahora se establece que ni teniendo el Congreso una mayoría –como la tuvo a modo Martínez Garrigós—podría tener carta blanca para endeudarse en la forma que él lo hizo y de la que creyó que iba a poder sacudirse achacándoles culpas a los diputados o a quien se le viniera en gana… Es tiempo de rendir cuentas y de que cada quien se responsabilice por los errores o aciertos. En el caso de Martínez Garrigós no hubo muchos de estos últimos… Hasta el jueves.
 
nadiapiemonte@gmail.com