Diario de Morelos
Copa Morelos 2016

Teodolito: El “Güerito”...

La peluquería se llamaba “El Rizo de Oro” y era de las clásicas, con asientos giratorios de acero cromado y vestidura de vinil y su inseparable fajilla para afinar la navaja. Casi pared con pared con el cine Alameda (el piojito) sobre la calle de Matamoros casi esquina con Aragón y León, frente a donde estuvo acuartelada la tropa de mi general “Miliano” y que después se convirtiese en el tianguis de las vísceras y las fondas para construir años más tarde una tienda del ISSSTE, cerrando con el pastelito, edificio del Congreso del Estado como lo llaman muchos por su decorado exterior. Su propietario don Rufino Martínez, aficionado de corazón al Ajedrez, permitía que todos los días por la tarde se reuniera una palomilla de contlapaches a jugar en una desvencijada mesa de madera, donde colocaban un tablero demasiado desgastado por el tiempo, con piezas de regular tamaño de madera barnizada color nogal. Los jugadores colocaban dos botes y sobre ellos un puñado de periódicos que servirían de cojín y a tupirle que era mole de olla. La primera ocasión fui con mi progenitor a que me cortaran el cabello lo cual me disgustó mucho, porque no tenían aquella base redonda que se ajustaba a los brazos del sillón y que permitía darle altura a mi cabeza, para estar el menor tiempo posible agachado, aburrido y a punto de mentarle la madre al peluquero. Mientras esperaba mi turno, me reventaba varios ejemplares de mi revista favorita “La Familia Burrón” escrita por el Cronista Urbano don Gabriel Vargas. Decía don Guadalupe Ceballos que hay personajes que nacen con una sensibilidad extraordinaria, poseen una gran facultad para percibir cada detalle de su entorno, como en el caso de Gabriel Vargas; en sus obras se identifica claramente similitud de las costumbres populares, en sí, de todos los aspectos culturales de nuestra sociedad. Es así como conocí a Borola Tacuche, don Regino Burrón, Foforito, Floro Tinoco y Avelino Pilongano. Además de leer  a los Burrón, me vuelvo asiduo visitante a la peluquería a curiosear las partidas de ajedrez que en ella se daban todos los días invariablemente, y la única condición que don Rufino ponía era comprarle al menos un refresco que en aquel entonces no pasaba de 35 centavos su precio. De las páginas de “El Universal” compilo un párrafo escrito por no sé quién que me parece extraordinario: “Allá por 1973, acudía con cierta frecuencia a la peluquería “El rizo de oro” de Cuernavaca, el licenciado Heliodoro Brito Román. Abogado de profesión y Director del INJUVE (Instituto Nacional de la Juventud), Brito era considerado una gloria local en aquel recinto, por haber derrotado en alguna ocasión al Coronel Joaquín Araiza. Blanco y a su vez propinador de puyas, Helio sorbía un refresco -pago exigido por el maestro peluquero, Don Rufino- y a la primera oportunidad se acomodaba frente a las grandes piezas del tablero de ajedrez acodado junto a la banqueta de la calle Matamoros. Capoteando por igual los jaques del adversario y los chascarrillos de los mirones, a Brito no le resultaba difícil derrotar a la mayoría de los aficionados que ahí se reunían. Para evitarse la enfadosa tarea de estudiar aperturas, Heliodoro había dado con un sistema universal, que practicaba con ambos colores. Mezcolanza lírica entre las defensas Francesa y Pirc, aquel empecinado planteo terminó bautizado como “La defensa Chilindrina”, en honor al apodo que el maestro Rufino confería al licenciado Brito.  Dudo mucho que el joven Ruslan Ponomáriov, en la lejana Ucrania, supiera de estos antecedentes. En aquellas tierras seguramente conocen el esquema como la defensa Kiev o algo por el estilo, y lo habrán sometido a estudios más rigurosos que los que presenciábamos en “El rizo de oro”. Tan es así que Ponomáriov ensayó sorpresivamente “La Chilindrina” durante el torneo magistral de Biel y se alzó con una magnífica victoria”. Una tarde llegó un “Güerito” de escasos 12 años de edad; se mantuvo observando tres o cuatro partidas y cuando se sintió seguro reto a Heliodoro; sorprendidos vimos como el chiquillo le partía su mandarina en gajos a la defensa chilindrina. El maestro Heliodoro jamás volvió a ganarle a aquel osado mocosito de nombre MARCEL SISNIEGA. A los tres días llegué como todas las tardes a mirar las partidas y para ese momento Marcel se enfrentaba a un gran amigo mío también de profesión licenciado de nombre Apolinar Hernández Bravo apodado “el zanquita” por haber nacido en la costa chica de Guerrero. Vi como el abogado de pequeña estatura y risueña figura sudaba preocupado en tanto el güerito se mantenía incólume, y hasta cierto punto arrogante, característica propia de su naturaleza, hasta que por fin venció a mi amigo. Cuando salimos de la peluquería el zanquita tan solo me comentó “hay que chingarse con este güerito”, va a ser muy fácil que llegue a campeón. Como director del Injuve, Heliodoro nos invitó a un grupo de jóvenes a participar en los concursos nacionales de la juventud en diversas áreas que se realizarían en la ciudad de México, D.F. A bordo de un autobús de aquellos que conocíamos como los urbanos, proporcionado gentilmente por un hombre de extraordinario carácter y generosidad don Agustín Pedraza Avalos, nos trasladamos a la ciudad de los palacios un inicio de semana de 1974. Marcel Sisniega resultó campeón nacional de Ajedrez, Helio Brito Cantú campeón nacional de Oratoria y el que escribe campeón nacional de Prensa mural, carteles y posters y durante los 4 años que estas competencias duraron siendo dirigente nacional el diputado Enrique Soto Izquierdo jamás nos quitaron dichos campeonatos que además eran remunerados muy bien económicamente hablando. Fue así como entable amistad con este gran personaje quien en alguna ocasión me comentó que de su madre doña Julia Campbell había recibido las primeras nociones de este arte-ciencia y que cuando al fin le pudo ganar se atrevió a ir a la peluquería el Rizo de Oro a la cual ya había estado pajareando y picando la salsa del talento de los que ahí jugaban. Cuando entre a la universidad le perdí la huella a mi amigo y no fue sino hasta ese desgraciado 19 de enero del 2013 cuando me enteré que había fallecido. Sin embargo no dejaba de leer acerca de su trayectoria porque independientemente de ser Gran Maestro Internacional de Ajedrez Mexicano, Marcel fue director de cine, guionista, periodista y novelista; obtuvo en nueve ocasiones a los 16 años el titulo de Campeón Nacional de Ajedrez en México y fue el primer mexicano en obtener el título de Gran Maestro Internacional de la FIDE en 1992. En 1996 hace su aparición en la industria cinematográfica con la realización del cortometraje La Cruda de Cornelio; a finales de ese año fue guionista de su primer largometraje Libre de Culpas, cinta que obtuvo el premio al mejor largometraje de San Juan Cinemafest, en San Juan de Puerto Rico en 1997 y el Ariel a la mejor fotografía y al mejor tema musical en 1998, además de participar con éxito en un festival en Toronto, Canadá. Podríamos escribir muchas páginas acerca de la vida de Marcel Sisniega pero por condiciones de espacio debo de manifestar mi profunda satisfacción y mi agradecimiento a su esposa Paty Aspe y a su señora madre doña Julia Campbell por haberme invitado a develar una modesta pero muy significativa placa en uno de los muros de la peluquería que en aquel entonces se llamaba el Rizo de Oro, durante el Primer Festival Internacional de Ajedrez Marcel Sisniega que se realizó la semana pasada en su honor con la asistencia de grandes ajedrecistas y amigos de Marcel, con una esplendida organización del joven Rubén Canales Inocencio quien fungió como director del certamen. Ese día en el pequeño local de la peluquería se llevo a cabo una partida ping-pong entre Víctor Reyes Adams y Aquilino Chiuh concediéndole el honor de mover la primera pieza del tablero al peluquero don David Robles Maldonado encargado actual del negocio. Tuve la oportunidad de saludar a don René Santoveña, ex rector de la Universidad de Morelos y amigos de Marcel como Heliodoro Brito Román, Luis Alberto García, Francisco Javier Capistrano Ocampo, Miguel Ángel Castillo, Benito Ramírez y Don Raúl Ocampo Vargas. Salude y conviví con el actual campeón de la Universiada Nacional, Isaac García Guerrero quien además ostenta el título Guines por haber sido el único jugador que a los 22 años de edad se enfrenta a 128 jugadores al mismo tiempo habiéndoles ganado a todos en una partida que duro más de 7 horas y le di un afectuoso abrazo a mi cuaderno de cuadrícula Juan Elías Salomón Noriega “La Mitotera”, hijo de doña Ramona, aquella que preparaba la mejor barbacoa del mercado A.L.M. Nuestro recuerdo imborrable para Marcel Sisniega Campbell quien definitivamente es ya parte de la crónica y sentido de pertenencia de Cuauhnáhuac. No me cansaré de repetir: ¡Cuánta Crónica!...verdad de Dios ¡Cuánta Crónica!