Siguenos en
    Redes Sociales

Taxistas Halcones

¿Qué te pasó en la cara que parece que chocaste contra un árbol?– preguntó Sergio en la mesa de dominó.
Martín les dijo que en su calle acostumbraban a desvalijar camionetas, autos y sobre todo estaban robando en las casas a todas horas. Cuando llegaba del trabajo vio que un taxi estaba estacionado a un lado de su portón. No le dio importancia, pero esa mañana se lo volvió a encontrar a la entrada de la peluquería, casi enfrente de su casa.
-Acuérdate que la calle es libre y todos se pueden estacionar donde quieran, menos en las entradas o donde hay pintura roja, porque estamos en un país libre –arguyó Solís.
-Cierto, pero en la Junta de colonos quedamos que cualquier carro o peatón que fuese visto sospechoso se reportara a la policía, apuntáramos las placas y se le tomara una foto. Eso hice y el taxista me reclamó, entonces le expliqué que fotografiamos a quien se quede dentro de los autos. El tipo se molestó, llamó a uno de la esquina y entre los dos me golpearon llevándose mi cámara. Un vecino me dijo que vio todo y llamó a la patrulla, pero ésta llegó una hora después. Iba a levantar un acta ante el M.P. y me preguntó si tenía pruebas, pero la única prueba que tenía era mi cara golpeada ya que la cámara con la foto se la habían llevado.
Martín explicó que les llamaban “Taxistas Halcones”, quienes se estacionan para estudiar a los que viven en las casas, quienes dejan sus autos en la calle o tienen una rutina determinada. Casi siempre son parte de la banda de rateros por toda la ciudad. Llevan los autos a ciertos corralones, donde los pintan y los llevan a vender a otra parte. A veces los llevan a un deshuesadero donde los desmantelan y venden las partes a los particulares y en especial a los mecánicos que las compran sin pedir factura ni preguntar su origen. La policía ya conoce a los compradores, pero no se meten con ellos porque son influyentes y además, les pasan una buena lana.
-Mi primo es taxista y cuenta que es un grupo determinado de choferes que van de una colonia a otra a reunir información y no permiten que ningún otro taxi, sin la venia de la banda, se metan a hacer lo mismo. También tienen a los de “a pie”, quienes se bajan en parejas y a una llamada por celular del taxista halcón, asaltan a quien llega en auto o camioneta a su casa; en la puerta amagan con sus armas, se roban el vehículo y de paso la cartera de la persona infortunada. A veces los mismos choferes dejan una marca en las puertas de las casas: como un circulo, una diagonal, un punto dentro de un cero, que significa que la casa está vacía, que tiene perro, alarma, que hay una mujer sola y otras claves las cuales les sirven a los delincuentes –aclaró Solís.
-Llegamos a ver el futbol y una camionera de mudanzas estaba frente a la casa de los Garduño; creí que se iban a cambiar y no le di importancia. La vecina me habló para decirme que los señores habían salido y comencé a llamar a los colonos para que nos ayudáramos. Le avisé a la policía, pero preguntaron mi nombre, dirección y que les diera la media filiación... “¿Van a venir o no?, le grité al policía y me contestó que la patrulla ya estaba en camino. Prendí la alarma de mi casa y cuando salimos, la camioneta ya había desaparecido. Vimos el portón abierto con dos agujeros en lugar de las chapas. “Ya pintaron de rojo y los taxis halcón por ahora, ya no se pueden estacionar ahí, aunque a nosotros tampoco”, dijo con tristeza.

rafaelbenabib@hotmail.com