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Subsidios diferenciados

Posiblemente el Dr. José María  Luis Mora  (1794-1850) haya sido   una de las personalidades más admiradas, aprobadas,  respetadas    y reconocidas por los grupos de la intelectualidad   liberal y, también, la más  discutida,   combatida  y reprobada por   los poderosos núcleos clericales, conservadores y  retardatarios,  oficiantes durante la primera mitad del siglo XIX. El  Dr.  Mora  destacó  como un ideólogo de la primera Reforma;  fue economista, orador y escritor político. Su labor ha sido objeto de una amplia bibliografía  que describe:  

1º.-Su preparación académica como bachiller del Colegio de San Ildefonso, licenciatura en derecho, ordenación como sacerdote y doctorado en teología.  2º.-A partir de 1821 empezó a exponer sus ideas liberales en artículos periodísticos,  en  conferencias,  en conversaciones y en círculos literarios.  

 3º.-Como diputado  constituyente participó en la redacción de la Constitución de 1824 y  posteriormente en  la Cámara Legislativa, argumentando y  redactando  las Leyes de Hacienda  del país, en general,  y las de índole municipal,  en particular. 4º.-En la enseñanza superior mediante los institutos científicos y literarios estatales, regulando la educación pública en sus diferentes niveles preparatorios, físico/matemáticos, ciencias médicas, minerías, derecho,  eclesiásticas. 5º.-Fue el primer postulante de la separación de la iglesia de los asuntos políticos de Estado, argumentando que “las religiones guarden recogimiento y no se mezclen en cosas políticas”.  6º.-Ordenó la Biblioteca Nacional.   7º.-Su  brillante participación política quedó resumida  en dos volúmenes publicados en París en 1836, titulados  “Mexico y sus Revoluciones”, tuvieron  amplia repercusión internacional.
8º.-La editorial  Ch Bouret  de París recogió en un volumen “Papeles Inéditos del doctor Mora”, fueron  publicados en 1906. (Cf. “Enciclopedia de México”, 1975, vol. l 9,  p. 177 y 178). Los antecedentes resumidos considerablemente sobre la egregia personalidad  intelectual del Dr. Mora ahora tienen que ver con la situación  que confronta el territorio morelense,  sus pobladores y sus sistemas de gobierno,  y, para el caso,  del país,  en  materia: Aº.-falta de comida abundante, de calidad y barata; Bº.-inexistencia de empleos permanentes y bien remunerados;  Cº.-escasez de inversiones productivas, y Dº.-carencia de  medidas sustentables de conservación   del medio ambiente.    Referidos al principio del Dr. Mora: “un trato igual a  desiguales, es desigual”, se aplicaría al sistema de subsidios, ejemplificados  de la  siguiente   manera: 1º.-En el pago del impuesto predial,  se otorga un descuento a las tarifas y  derechos efectuados por  jubilados, pensionados, de  la 3ª edad y/o incapacitados. 2º. En pasajes de autobuses foráneos se otorga  un descuento  a viajeros acreditados mediante la credencial del INSEN; sin embargo, 3º.-No hay excepciones  en el IVA generalizado para   la adquisision de medicinas. 4º.-El benemérito  Seguro Social es relativamente selectivo en sus derechohabientes y el  Seguro Popular carece  de  muchos  servicios  todavía. 4º.-En los cruceros de las principales avenidas citadinas hay  infinidad de  niños y jóvenes haciendo piruetas, aventando  y cachando tres  bolitas, tragando fuego para  recibir unas cuantas monedas de a peso o de a cinco cuando mucho por parte de  los automovilistas que esperan el cambio de  la luz verde  del semáforo  para arrancarse.   CONCLUSIONES: México no es un país  pobre. Es un país injusto. ¿Qué hacer?
1º. Legislar estableciendo subsidios diferenciados para la 3ª edad y discapacitados, mediante  vales de despensa,  cupones para cargar combustible, tanques de gas,  tarifas eléctricas.  
2º Organizando excursiones a lugares de interés turístico, históricos y geográficos.
3º Estableciendo comedores públicos, albergues  nocturnos  de bajo costo, clínicas de atención de  primeros auxilios. Claro que el neoliberalismo mercantil del FMI y del  BM opondría  tenaz resistencia  a estas medidas de salvaguarda  social   por ser  castristas, usted sabe, no.  Hay que tener paciencia para que las cosas cambien a favor de los desposeídos. Es cuanto.

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