Siguenos en
    Redes Sociales

Sospechosismo

Será un fin de semana con luto por la tragedia del jueves pasado en la Torre de Pemex, donde 33 personas –cifra de ayer por la tarde— perecieron y decenas quedaron heridas al ocurrir una explosión, o implosión, que provocó un estallido, un flamazo y el accidente que conmocionó a todo México. Bien por la respuesta que dio la autoridad. Tanto las del D.F., el jefe de la capital del país, sus delegaciones, su policía, etcétera; así como las autoridades federales tuvieron pronta respuesta y coordinaron con rapidez la ayuda, presentándose en cuestión de minutos en el lugar donde ocurrió esa tragedia que de nuevo enluta a los hogares de este país. Sólo de recordar a la pequeña de nueve años que se encontraba en la oficina de su papá para realizar una tarea y la cegó la muerte junto con su padre, da escalofrío.
Como era de esperarse, entre el pesar por lo ocurrido, las “redes” virtuales, tan en boga en estos tiempos, participaron haciendo una labor importante para que muchos más que en otras circunstancias, supiéramos al momento qué estaba ocurriendo. Pero a través de esas redes, el facebook y el twitter, también se soltó lo que era de esperarse: el sospechosismo que tan acostumbrados nos tiene a dar por hecho que la información oficial que se nos da carece del valor que, en cambio, pretenden tener quienes de inmediato ven el catastrofismo en cualquier suceso relacionado con el mundo político… Tan ocurrió eso que a la misma hora que la Presidencia de la República informaba, el jueves mismo, que se desconocían las causas de la explosión, la teoría del sabotaje inundaba los amplios océanos de la información de los internautas… Y no es que las autoridades hubiesen descartado esa posibilidad: simplemente se dijo que se desconocía qué había ocurrido y por lo mismo cabían todas las posibilidades, desde la que corrió en el sentido de que las calderas, un circuito, un no sé qué y la falta de mantenimiento podían haber causado lo que se convirtió en desgracia para muchos de los seres humanos que tuvieron la mala fortuna de estar ahí en ese momento.
Están cambiando los tiempos, y lo ocurrido el jueves pasado así nos lo mostró con la pronta y efectiva respuesta que tuvieron las autoridades al hacerse presentes casi de inmediato en el lugar de los hechos. Lo mismo puede decirse en la cuestión informativa por parte de las autoridades, incluyendo al propio Presidente Peña Nieto, quien estaba fuera de la ciudad, sin embargo, al llegar de su viaje, se dirigió al lugar de los hechos y posteriormente ocurrió a los nosocomios donde se hallaban los heridos que habían sido hospitalizados… Cosa de los tiempos, cosa de que de las desgracias se aprende. Cosa que nos causa extrañeza después de la falta de sensibilidad que mostró Calderón en situaciones similares.
Y ahora lo que sigue será observar si realmente ese cambio que apreciamos será total y real. Si se seguirá informando con la credibilidad que se mostró el jueves y ayer viernes, si tendremos las respuestas que todos estamos esperando, si el asunto no tuvo implicaciones de ninguna otra naturaleza que un “accidente”, incluyendo saber si pudo preverse, por aquello que no tardó en difundirse la versión de la carencia de mantenimiento que ya sabemos suele darse en las instalaciones del gobierno… Llegar a saber, sin tapujos, si hay “responsable” y que éstos no resulten irresponsables. Porque casos como la guardería ABC de Sonora no deben repetirse, y ahí también entró en juego la negligencia y la falta de respuesta de las autoridades. Sería muy peligroso que la gente estuviera bordando de nuevo sobre ese sospechosismo que asoma cada vez que algún asunto –normalmente malo— tiene que ver con lo que acontece en torno a lo político.
Pero eso no es gratuito. Las autoridades se lo han forjado a pulso. Ya no digamos en casos como esas desgracias que mencionamos del ABC, o del asesinato de Colosio y los dos Aburtos, o de la muerte de Mouriño y de Blake Mora, sino en esos asuntos que son más cotidianos, pero que también nos afectan. Me refiero a esas autoridades que se supone deben ser responsables de la administración del país, de un estado, de una ciudad. Esos que roban a mansalva las arcas públicas, esos que se divierten haciéndoles truculencias a los ciudadanos que están a merced de su poder, esos que se les elige para administrar y que se convierten en depredadores… Esos mismos que cuando se van, se quedan tan tranquilos porque ya saben las respuestas que darán sus sucesores: “Vamos a buscar a los responsables y no pararemos hasta dar con ellos. Se hará justicia”… Y luego resulta que a esos responsables, perfectamente señalados por la ciudadanía que los padeció, no se les encuentra responsabilidad alguna. Así hayan robado hasta no dejar ni el polvo en las arcas públicas, así hayan causado los peores perjuicios a la ciudadanía, así hayan endeudado de por vida a un municipio, a un estado, todo queda en “vamos a llegar hasta las últimas consecuencias”… Y esas consecuencias no pasan de ser auditorías y más auditorías y más auditorías.
¿Qué es lo que está ocurriendo en Chiapas donde el gobernador Sabines endeudó hasta las futuras 40 generaciones de chiapanecos? Que ahí está en tanto su sucesor, Velazco, anda en busca de “responsables”. Como si los responsables hubiesen sido los extraterrestres. Todo mundo lo señala al tal responsable y sabe quién es y que hizo las trapacerías que hizo. Para no ir tan lejos, ¿qué pasó en Cuernavaca? ¿Cómo quedó el municipio al paso del que fue su alcalde Manuel Martínez Garrigós y su interino? ¿Alguien tiene alguna duda de quién fue el responsable de las raterías, el mal gobierno, el desorden que imperó durante su “administración” que dejó el endeudamiento histórico en el Ayuntamiento?...
Si las cosas realmente van a cambiar, ojalá no tengamos que seguir haciéndonos estas preguntas. Ojalá que así como las autoridades actuaron el jueves y ayer en el caso de la explosión en la Torre de Pemex, efectivamente no den espacio a la rumorología, al sospechosismo, y digan qué ocurrió tal como ocurrió y que los responsables sean castigados… Hasta el martes.

nadiapiemonte@gmail.com