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Semblanzas de Morelos: Eugenio y la Oficina de Correos

Con un dejo de añoranza, don Eugenio Moncada López nos cuenta que la gente ha dejado de usar el correo tradicional y ha perdido ese contacto personal que da la palabra escrita, pues no sólo se trata de una relación epistolar, sino de un sentimiento humano al palpar la escritura de quien envía la misiva.
Después de trabajar en la Oficina de Correos de Cuernavaca durante más de treinta años, echa de menos a quienes lo llamaban por su nombre y lo esperaban con fervor y con la esperanza de que les trajera buenas noticias, ya sea de algún ser amado o de aquél tan esperado pago por sus servicios. “Hoy en día, la calidez de la escritura a mano, se ha convertido en la frialdad de los mensajes por internet o de la rigidez de los recados telefónicos”.
Eugenio nació el 15 de junio de 1935 en Morelia, Michoacán. Su mamá fue doña Isaura López y su papá don Socorro Moncada, llegando con su familia a Acatlipa donde cursó su primaria, luego se fue al Distrito Federal para la secundaria y primero de preparatoria. El señor Socorro, deseaba que su hijo también fuese plomero. Él era quien hacía las instalaciones del agua potable y el resto de las conexiones hidráulicas. El papá se encargo de la plomería  del Edificio Latino Americana de la calle Morelos, al igual que la del Pasaje Tajonar  y con conocidos constructores de Cuernavaca, como el arquitecto Tino Beltrán, pero su hijo Eugenio prefería incursionar por su lado y a los 17 años de edad consiguió trabajo en la Oficina de Correos de Cuernavaca. Sus jefes fueron don Antonio Mingo Lechuga y su secretario don Eduardo Martínez Izquierdo. Este último fue un famoso beisbolista quien trabajó en correos hasta su fallecimiento.
Comenzó a laborar, al igual que muchos, como repartidor de a pie y el que podía se compraba su bicicleta. Los días de navidad y fin de año, eran un verdadero dolor de cabeza. Las carteras estaban repletas de tarjetas de felicitación. Dice que la carga era tan pesada que hacían dos o tres viajes por el mismo recorrido.
A él le tocaba hacer los repartos foráneos y visitar las colonias Acapatzingo, San Antón Chipitlán, el panteón de La Leona, Chapultepec  y a veces cubría la plaza del primer cuadro de la ciudad. Contrajo matrimonio en la iglesia de Gualupita, con Bertha García. Al salir se encontraron con los estudiantes de la universidad que estaban en huelga. Fue tanta la algarabía, las porras y los aplausos, que se olvidaron de la huelga. Eugenio y Bertha, son padres de cuatro hijos: Marina, Isaías, Bertha Eugenia y Paloma.
Tiempo después, dirigió el  departamento de transportes, el cual se encontraba en la parte de atrás de las Oficinas Generales. En aquél tiempo, en el mismo edificio estaba la Central de Teléfonos de México. Ahí llegaban los camiones de Transportes Figueroa; se bajaba la correspondencia de todo el Estado de Morelos, se seleccionaba la de cada ciudad y luego se escogía la de Cuernavaca, separando primero las de domicilio y después la de los apartados.
Tiempo después se implantó el Servicio de Paquetería, para poder competir con mejores precios, con las demás empresas que ofrecen ese servicio     
Se acuerda de aquel día en que su compañero Rafael Salamanca Mérida se fue de bajada por la calle Salazar y se estrelló contra un auto estacionado. Llamaron a la Cruz Roja y mientras  él recogía la cartera con la correspondencia, llegaron la ambulancia y los amigos de correos. “No tengo nada”, dijo sacudiéndose el pantalón. “Lo siento pero nos lo tenemos que llevar”, le dijeron ante las burlas de sus compañeros.
Don Antonio Mingo, su jefe, le permitió que al mismo tiempo trabajara en la Compañía Singer, donde estuvo varios años, luego en el Hotel del Parque, con don Enrique Pérez Bonnin. Se jubiló del Servicio Postal Mexicano a los 48 años de edad. Ahí conoció al administrador de correos de Zihuatanejo, quien después de su jubilación,  lo invitó a trabajar a ese puerto, donde estuvo durante más de diez años.
Regresó a Cuernavaca porque sufrió un infarto. Después, fue miembro de un equipo de motociclistas, entre los que se encontraban: Pepe Uribe, Efraín García Paniagua, Javier Gómez Bolaños, Francisco Daugete y Xerxes Díaz. Eugenio compró un pequeño lote y edificó cuatro departamentos. Vive en uno de ellos y renta los demás. “Con lo de la renta y mi jubilación de Correos, es suficiente para cubrir los gastos de la casa”, dice satisfecho.
 Hombre probo, incansable trabajador y entregado padre de familia, ha logrado ser una parte importante de la historia de Cuernavaca.