El calendario grecorromano dividió el año en 52 semanas de 7 días cada una, éstos fueron denominados según los dioses imperiales como sigue: lunes en homenaje a la Luna; el martes al dios de la guerra Marte; el miércoles a Mercurio; el jueves a Júpiter; el viernes a Venus; el sábado a Saturno y el domingo, día primero dedicado al Sol (en inglés “Sunday” y en alemán “Sontag”). Para fines laborales, los ingleses crearon la bendita semana de cinco días: lunes a viernes, de ocho a 17 horas, por lo común. Veamos cómo se aplicó en tres situaciones ejemplares: PRIMERA: Se trata del gerente de una gran empresa con diversas plantas industriales, distribuidas en el territorio del país. Día viernes por la tarde, después de un turno muy ajetreado. Tiene su coche deportivo MG listo en el garage, maleta con ropa de campo, palos de cricket, bella acompañante: joven y agraciada, esperándolo sentada. Ambos están dispuestos a disfrutar el fin de semana en amoroso y aislado chalet, vista al mar, sin teléfono ni vecinos, ni tráfico alguno. En el momento en que está apagando la luz de su oficina, recibe un mensajero que le trae un telegrama, al abrirlo se entera: “planta incendiándose”. Ve la hora en su reloj: marca las 17 horas con 10 minutos. Lo cierra cuidadosamente, lo pone en su escritorio y exclama: “¡Qué coraje me va a dar el lunes cuando me entere de este desastre!” Cierra la puerta y sale como si nada. SEGUNDA: Anotaciones en el diario de una distinguida señora inglesa, realizando un viaje de placer por el mar Caribe en un hermoso barco turístico. Lunes. Querido diario, qué maravilloso crucero voy a disfrutar, me siento muy honrada porque esta noche cené en la mesa del capitán junto con otros distinguidos pasajeros . Martes. Me pasé toda la tarde en el puente de mando; el capitán me enseñó personalmente brújulas, instrumentos de control, manejo del sextante... ¡qué persona tan fina y atenta! Miércoles. El capitán me invitó a cenar a solas en su camarote. Dispuso flores, finos vinos, un excelente menú; al término nos sentamos en un sofá, bebimos un licor, oímos música clásica; me propuso hacer el amor. Lo rechacé con firmeza: de ninguna manera, soy una dama. Jueves. El capitán me amenazó con hundir el barco si yo no acepto hacer el amor con él. Viernes. Esta tarde yo he salvado 1,600 vidas. ¡Dos veces! TERCERA: Lunes a viernes: 6 am, suena la chicharra del despertador. El señor brinca de la cama, va al baño todavía semi dormido, abre la llave del agua caliente (ojalá no se haya acabado el gas, piensa); la prueba, entra, se enjabona y limpia, sale, se seca y viste. En la cocina desayuna de golpe, ya son las 6.25. Sale disparado a tomar las dos rutas que lo llevarán al trabajo. Tiempo de recorrido: una hora con 40 minutos. Entra a su oficina y del checador (de horas/minutos/segundos) toma su tarjeta; marca las 7:58. ¡Cristo salvador! Ese infeliz Drácula del supervisor, no me descontará medio día por 15 minutos retrasado y, después de los 15 minutos, el día completo; feliz, tranquilo, calmado, llega a su escritorio; lo abre, saca de la gaveta un bonche de papeles, los amontona en la cubierta; va presuroso al sitio de la cafetera. La limpiadora entra a las 7. Toma su taza, regresa, sube los pies en un cajón y empieza a leer su ejemplar de suscripción del DDM, al servicio de la comunidad, que tomó del zaguán de su casa, antes de salir. Por hay de las 10 hrs., empezará a despachar los documentos. Los dioses grecorromanos vigilan y vigilan a los mortales ingleses semanarios. Es cuanto.
baldovinos@uaem.mx
Comentarios
"...Por hay de las 10 hrs., empezará... ". Supongo que quiso decir "ahí" y no "hay". COn la mejor intención
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