-Recuperación de la memoria...

Las leyes no escritas del poder político y social advierten que la democracia y sus instrumentos, como los procesos electorales, sólo conforman un disfraz, pero en el fondo la lucha sigue siendo encarnizada, feroz. En los regímenes monárquicos los cortesanos se traicionaban y mataban entre ellos para recibir los favores del soberano, y ahora en los sistemas republicanos y demócratas, los candidatos se dan hasta con la cubeta. Traiciones, cambios de chaqueta, trampas, ingeniería mapachera, compra de votos reeditan aquellas intrigas palaciegas ejercidas para obtener poder.
El preámbulo viene a cuento a escasos ocho días de las elecciones. Inmersas las campañas políticas en la propaganda de la “guerra sucia”, vale la pena rescatar –de una de las obras reeditadas por la Comisión Ejecutiva del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución– pasajes relacionados con los acontecimientos que vivimos en estos días.
Se trata del libro Raíz y razón de Zapata, de Jesús Sotelo Inclán, editado por primera vez en 1943. En el capítulo dedicado a  la situación política previa al estallido de la revolución maderista de noviembre de 1910 y la agrarista de principios de 1911, el autor describe el papel que jugó la prensa escrita en Morelos y la capital del país en 1909. A principios de ese año, jóvenes y viejos de todo el estado iniciaron campañas:
“En la capital de la República se emprendió la organización de un Partido Demócrata, cuyas bases se firmaron el 10 de enero de 1909. Pero como tardara su constitución, los afiliados quedaron en oportunidad de seguir distintos criterios: unos apoyaron la candidatura de (Francisco) Leyva, y otros, de (Pablo) Escandón. Para sus fines de propaganda aprovecharon opuestas publicaciones. Juan Sánchez Azcona publicó el periódico México Nuevo, partidario de Leyva, igual como lo era El Diario del Hogar, dirigido por don Filomeno Mata. En cambio los escandonistas tuvieron El Diario y otros, más o menos oficiales…”. (Pág. 475).  Igualito que hoy, se prodigaron al por mayor señalamientos, mofas y epítetos de toda especie. Al candidato oficialista-porfirista le apodaron “El presidente del Cuernavaca Jockey and Sugar Club”, y le endilgaron que en una entrevista Escandón admitió que no conocía nada de Cuernavaca, que se enorgullecía de ser designado por don Porfirio. Lo atacaron también porque no podía ser candidato pues, a pesar de ser propietario de una hacienda, no había  residido en la entidad durante dos años seguidos, como ordenaba la Constitución local. Por su parte, El Diario del Hogar se pitorreaba del candidato porfirista, asegurando que sus postulantes lo habían recibido y pedido que “les hiciera el favor de gobernar Morelos” durante una de sus esporádicas visitas a la capital del estado. De Patricio Leyva,  candidato de la oposición, los periódicos El Tiempo y El Imparcial (porfiristas, por supuesto) le recordaban que seguiría los pasos de su padre, el primer gobernador de Morelos, quien “había extorsionado a los hacendados y privó al pueblo de beneficios”, cuando en realidad fustigaban a Francisco Leyva  por haber pretendido limitar los abusivos privilegios de los que gozaban los integrantes de la oligarquía cañera de la entidad…
 
CUALQUIER SEMEJANZA…
La siguiente descripción que hizo Sotelo Inclán del ambiente de Morelos en su libro concuerda con la efervescencia electoral que vivimos hoy día: “La campaña en el pueblo fue apasionante, como ya no se esperaba que pudiera ser ninguna, después del letargo porfirista. Y las autoridades le dieron mayor impulso con las restricciones y sanciones que quisieron imponer a los simpatizantes de Leyva (…) El Club Liberal Morelos, presidido por Antonio Sedano, organizó una manifestación popular en Cuernavaca el 5 de enero y se informó que una multitud enardecida había desfilado en procesión interminable para saludar a su candidato Patricio Leyva. En otros poblados hubo otras demostraciones entusiastas, pero los jefes políticos, los policías, capataces de haciendas, jefes de cuadrillas y otras autoridades menores empezaron a llamar a los leyvistas para aconsejarles que se retiraran de la lucha electoral…”. (Pág. 476).
Cualquier parecido con la realidad actual no es mera coincidencia. Sustituyamos elementos como redes sociales, hartazgo de 70 años de la era priista en el poder y 12 de égida panista, y tendremos un escenario como el del Morelos de la primera década del siglo pasado. Por nombres, ni detenerse; sustituyamos los de aquella época por los protagonistas del presente y veremos que la derecha ortodoxa y conservadora de entonces, lo es como ahora, y que la oposición va a contracorriente para frenar el continuismo del statu quo. Los mítines de Cuautla y Cuernavaca de los candidatos presidenciales, el pasado viernes, dan una idea de lo que estamos comparando entre el ayer y el hoy.
En resumen, pese a la impopularidad del candidato porfiristas y la apabullante aceptación del leyvista, el fraude se consumó en marzo de ese 1909 con la imposición de Pablo Escandón, el último gobernador porfirista. Durante la jornada electoral, simpatizantes de  Patricio Leyva fueron enviados  a  las cárceles de los distritos, así como otros disidentes golpeados por los rurales y soldados de un coronel oaxaqueño llamado Juvencio Robles, quien habría de ser apodado por los zapatistas “El Incendiario”, por sus crímenes de guerra contra la población civil y guerrilleros. Menos de un año después de cometido el fraude y la usurpación, llegó la avalancha revolucionaria en pos de la democracia, la libertad y la restitución de tierras como principales reclamos.
A reserva del resultado de la elección que, se calcula, se irá despejando por ahí de las ocho de la noche del próximo domingo, la población de México anhela que los contendientes hayan dejado de lado las trampas y las corruptelas electorales. Es lo deseable, pero la ambición del poder económico y social que vienen con los relevos sexenales es mucha tentación y demasiados intereses como para que no hagan de las suyas los “movilizadores electorales” (vulgo,  “mapaches”) en la intención de “vender su alma al diablo”, con tal de agenciarse el poder. Se dice que la única forma de acabar con las tentaciones es cayendo en ellas. La gente quisiera estar segura de que no será fraudulenta la jornada electoral. El horno no está para conflictos postelectorales, hastiada la sociedad de la guerra fallida contra el crimen organizado, la hornada de nuevos ricos de todos los partidos, la apabullante impunidad a tantos y tantos delitos, la parálisis del crecimiento económico y las descripciones fantasiosas del “país de las maravillas” a que fueron tan afectos los últimos presidentes de la República, desde los priistas José López Portillo, que aconsejó a los mexicanos que debían prepararse para administrar la abundancia; Carlos Salinas, quien presumió a un México del primer mundo, y los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, a los que poco faltó para que le dieran la puntilla al país.        
Aunque una gran mayoría de jóvenes de todas edades están en pleno hartazgo, por los afectados de la economía neoliberal, las víctimas de la delincuencia, la falta de estudios, empleos y hasta de lo más elemental para vivir más o menos bien, es de esperar y desear que la sangre no llegue al río. Que los responsables y los participantes de los comicios del próximo domingo respeten la voluntad de la mayoría en las urnas y el conteo honesto de los votos; que las instituciones den una solución pacífica a las inconformidades por posibles abusos y violaciones…  
 
LOS LIBROS DE LA COMISIÓN
Creada para organizar y coordinar las actividades del Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia, la Comisión Ejecutiva de dichas conmemoraciones produjo facsimilares y otros títulos relacionados en materia de la recuperación de la memoria y fortalecimiento de la identidad morelense, entre 2010 y 2012,  así como materiales de divulgación histórica. De los  primeros están El sitio de Cuautla (1931), de Luis Chávez Orozco; Raíz y razón de Zapata, de Jesús Sotelo Inclán (1943), e Historia y evoluciones del cultivo de la caña y de la industria azucarera en México hasta el año de 1910 (1937), de Felipe Ruiz y Velasco.
Un título original editado por la Comisión Ejecutiva es "Rescoldos de la Revolución”, de Mauricio Lecón Rosales y Héctor Zagal Arreguín, un platillo de crónicas, “un abanico de charlas, una composición de encuentros en los que se descubre la Revolución (Mexicana) desde la experiencia personalísima de los personajes entrevistados” por los autores. El conjunto testimonial, producto de un trabajo cuidadoso de edición e impresión, se completa con varios folletos, entre otros, Emiliano Zapata y la revolución agraria, José María Morelos, El Siervo de la Nación, Maximiliano y Carlota, La Revolución Mexicana: 1913-1920, Zapata y Madero en el Jardín Borda, Episodios de la Independencia de México y Emiliano Zapata como lo vieron los zapatistas...
Con respecto a la recuperación de la memoria y rescate de obras intelectuales de personajes relacionados con Morelos, la mencionada Comisión reeditó la edición facsimilar del ya citado libro de don Felipe Ruiz y Velasco. Agrónomo con estudios en Europa, Ruiz y Velasco escribió la historia del cultivo de la caña, desde aspectos biológicos y botánicos hasta detalles de la industria, proceso y venta de los derivados de la gramínea. Es un libro de gran formato con  546 páginas, ilustraciones, tablas e información pormenorizada sobre haciendas y hacendados.
Reconocido el esfuerzo de los integrantes de la Comisión y de los responsables de las ediciones para renovar el trabajo editorial y literario de tales trabajos, es porque no hay otra manera de mantener viva y reflexiva la memoria de nuestro pasado, para no repetir los errores de antaño... Sobre todo cuando hablamos del anhelo tan legítimo como es terminar con una era de injusticias, victimización y desorden  como ha vivido México y nuestra patria chica en los últimos años… ME LEEN MAÑANA.
 
jmperezduran@hotmail.com


Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
Type the characters you see in this picture. (verificar usando audio)
Escriba los caracteres que ve en la imagen de arriba. Si no puede leerla, envíe el formulario y se creará una nueva imagen. No se diferencian mayúsculas de minúsculas.