Siguenos en
    Redes Sociales

Razones mayores: Mi querido Alejandro Chao…

De las primeras personas que recuerdo haber conocido en mi vida, entre las primeras cinco, no olvido a Alejandro Chao; su personalidad para un niño a los pocos años de edad era impactante, su forma de pensar las cosas y la manera en las que llevaba a la práctica generaron por decir lo menos, impronta en mi familia y en lo personal.
Alejandro, lo afirmo, fue una figura que dejó en mí, la primera experiencia de justicia; él como figura principal en la escuela, cuando existían problemas entre alumnos, valoraba, careaba a los del conflicto y de frente, sin mayor formalismo escolar, hacía que las cosas se emparejaran, siempre explicando las razones del porqué se estaba mal y cerrando éste (en ocasiones fuertes momentos) con las paces entre todos y el ejemplo de que a toda mala acción, devienen consecuencias.
Entristece a quien escribe enterarnos de cómo en Morelos perdimos a dos personas que hicieron mucho por Cuernavaca; todavía recuerdo que mientras en primarias tradicionales les incrustaban las tablas de multiplicar, a nosotros nos enseñaban primero a cuidar hortalizas, a convivir con animales y el medio ambiente, hasta generar conciencia siendo niños tomando el zócalo, en una campaña de separación de residuos sólidos. (en la década de los 80´s esto era visto como una locura)
No quiero dedicar una sola “coma” de este espacio, de cómo es que perdimos a Sara y Alejandro Chao; su vida no merece siquiera tener una mínima referencia de la forma en que la delincuencia en Morelos nos los arrebató.
En cambio, vienen a la mente de quien escribe infinidad de anécdotas, viajes a diferentes partes de la República y gratos momentos vividos con los Chao. Con sus hijas Ximena y Verania convivimos intensamente en la infancia, no fueron pocas las veces que estuvieron en mi casa, invitadas por mi hermana; los Chao estaban en todas mis fiestas infantiles, A Sara y Alejandro no sólo los veía en la escuela, también los asumía como parte de la Familia.
Alejandro fue único, nunca voy a olvidar sus huaraches y camisas de lino que le encantaba usar; era de esos que caía bien hasta en lo áspero de sus regaños. Fue, de mi querido Alejandro Chao de quien aprendí el valor que tiene la libertad en cada persona. De quien supe era mejor acampar en un colchón al aire libre, que en una casa de campaña, ya que lo importante según Chao, era poder ver las estrellas en la noche y despertarte con el rocío de las mañanas.
La felicidad de mi infancia y lo que he podido construir en mi vida profesional y personal no sería igual sin la presencia de Alejandro Chao, de su visión y de los conceptos que claramente compartió con mis padres y a la vez, ellos conmigo; todavía parece que fue hace unos días cuando me colaba a escondidas a la cocina de Sara –su esposa- y probaba siempre algo suculento en mi paladar; siempre generosos, siempre francos y de quienes valoré en sus consejos, muchos instrumentos de vida que a la fecha aplico.
Mi querido Alejandro: Con profunda tristeza y encabronamiento (si, esta palabra también la aprendí de ti) me despido por ahora; y aunque nunca nos dejaste tareas, ahora nos dejas un legado de vida por el cual quienes te conocimos y quisimos vamos a tener que luchar diariamente. Compromiso de vida que lamento no haber podido refrendártelo en persona ya que la última vez que tuve contacto contigo fue por facebook y me hubiera gustado agradecerte no solo tu amistad por mi familia y ser el vínculo con afectos que a la fecha tengo y con quienes sigues estando en mente. Pensé demasiado el momento de conversar temas actuales contigo, que conocieras a mi novia y compartir una buena comida para seguir aprendiendo de ti. Ahora soy yo el que te dice a ti: ¡Ubícate Alejandro! te nos fuiste, pero estás más presente que nunca.