Según el Comité Técnico Nacional de Estudios Fiscales del Instituto Mexicano de Estudios de Finanzas (IMEF), la reforma fiscal debe aglomerar a la economía informal para poder erradicarla, asegurando que la única forma de hacerlo es que se graven más productos con el IVA, como las medicinas y los alimentos. Dice que la población de bajos ingresos no consume medicinas en farmacias o tiendas de autoservicio porque regularmente usan las que les da la red de asistencia social. Sostiene que es fácil gravarlas. Vemos que los financieros desconocen que la mayoría de los mexicanos tienen bajos ingresos y que los hospitales del sector salud carecen, en muchas ocasiones, hasta de los paliativos que dan a los enfermos, porque hablar de medicamentos de calidad son palabras mayores para la realidad que priva en los servicios de salud de México.
Para conseguir que todos los mexicanos paguen IVA en medicamentos y alimentos, el Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas demanda una nueva reforma fiscal, porque aseguran que los nuevos tiempos de crisis impactarán a los empresarios mexicanos. Los hombres de negocios que integran este organismo dicen que los impuestos están mal diseñados, pues siguen dando beneficios a los grupos de la población que cuentan con un ingreso para consumir productos con IVA, y que el cobro generalizado serviría para no dejar caer la recaudación. Y como cuando se persiguen beneficios personales la cabeza se nubla, los hombres de negocios quieren que el grupo que ellos forman reciba más beneficios fiscales, como ampliar la base de deducibilidad en el IETU, para “no ahorcar a las compañías”; darles un mayor espacio para hacer sus pagos fiscales, que sería en lugar de mensual, anual; para darles mayor liquidez. ¿Y la liquidez de la clase trabajadora? ¿Y la liquidez de la economía doméstica cómo podría solventar este impuesto con los salarios que, precisamente, los empresarios pagan tan mal? Los ejecutivos de finanzas parecen desconocer que en México sólo el diez por ciento de la población vive sin privaciones; ellos son parte de este reducido grupo de privilegiados mexicanos. El resto duerme diariamente con un nudo en el estómago, pues no sabe qué le deparará el nuevo día, porque con salarios de tres, cuatro o cinco mil pesos mensuales no alcanza para pagar vivienda, luz, agua, teléfono, escuela, pasajes, vestido, calzado, alimentos y las medicinas que tienen que comprar con más frecuencia, porque los hospitales no son abastecidos.
Desde el 2009, el IMEF viene exigiendo una nueva reforma fiscal que incluya el cobro del IVA generalizado, y no contempla la reducción de impuestos para los trabajadores, por supuesto; sin embargo, habla del congelamiento de precios de las gasolinas y el gas doméstico, que impactarían favorablemente a la inflación en un rango de tres a cuatro décimas de punto, con lo que la expectativa anual sería de 4.2 por ciento, y reduciría los precios de los alimentos y muchos productos. Este punto jamás será aceptado porque Pemex es una minita de oro para gobernantes e iniciativa privada que interviene en el negocio. Hay que estar pendientes, porque los candidatos a la presidencia han tenido mucho acercamiento con los hombres de negocios y, para no variar, pueden darle la espalda a millones de mexicanos que esperan salir de la eterna crisis.
helenacardenas@hotmail.com
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