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PREDICCIONES Y PERJUICIOS

Es probable que los mayas estén decepcionados por su intuición un tanto cuanto errada. Y para buena parte de la humanidad que estaba enterada de lo que ellos habían vaticinado, su credibilidad, la fe que se tuvo en sus predicciones, cayó a los más bajos niveles durante las 24 horas de ayer en que el mundo estaba en la espera de la lluvia de fuego de los meteoritos, las olas gigantescas de los sunamis, los terremotos, y toda clase de apocalípticas catástrofes que acabarían con la humanidad y con el globo terrestre que habitamos... El Planeta Tierra no tuvo mayores percances que los habituales, la humanidad está a salvo, menos aquellos que no están ya para contarlo, ya sea que se hayan topado con un comando de malosos, o se les haya ultimado en alguna cama de terapia intensiva de Medica Sur, o a quienes los hayan dejado de intervenir quirúrgicamente por la huelga de médicos, o esos que sucumbieron por falta de algún medicamento en el sector salud, o aquellos que se empeñaron en manejar sin estar en condición y para su mala suerte no encontraron en su camino el alcoholímetro… Los demás, por lo menos aquí en México, seguimos vivos para buena y mala suerte… Buena, porque aún tenemos chance de ganarnos la lotería, o el melate e irnos a Yucatán, no a ver qué onda con las predicciones de los mayas, sino a disfrutar de sus playas y su afamada gastronomía. Mala suerte, porque en cuanto pasen las fiestas que ya se nos vienen encima, y con la rosca de reyes tengamos que enfrentar otra vez la realidad, sabremos lo que es la cuesta de enero, de febrero y de marzo que habremos de resistir con el miniaumento salarial, bueno eso los que gozan de salario, porque los que aún no hayan conseguido empleo, se las verán todavía peor… Hablando de empleo, en enero habrá una caterva mayor de desempleados: todos los que aún gozan de los abrevaderos que son las alcaldías, se verán en suspenso a partir de enero en que habrán de cambiar los alcaldes y con ellos, su corte de síndico, regidores, secretarios, directores, coordinadores y subdirectores, subsecretarios y la cadena amplia y bastante de aviadores, especie que por más que se dijera que no cabían en esas cortes celestiales de los ayuntamientos, ahí anidaban…
Podemos imaginarnos que los más deseosos de que la profecía maya se cumpliera debieron ser precisamente los alcaldes cuyas arcas andaban rayando los triples ceros. De haberse dado el fin del mundo, se habrían salido bien campantes, habrían acabado con las protestas de los empleados que se quedaron sin quincena sin aguinaldo, sin bono, sin liquidación… ¡Vaya que si hubo gente atribulada durante estas semanas y lo que les falta¡ La mayoría de los alcaldes –y no quiero hablar de todo México, porque necesitaría pedir prestadas todas las páginas del Diario— morelenses se quedaron con las arcas secas, sin siquiera polvo de aquellos lodos, de tan malos administradores que tuvieron, mismos que arrasaron no sólo con los presupuestos, sino con los créditos que pidieron a raudales, y luego tuvieron que pedir prestado hasta a los usureros para más o menos tapar los baches que dejaron. Y aún así, aquello está lleno de hoyancos…
Véase el caso de Cuernavaca: el alcalde que vino a “cumplir” y a hacer “el cambio” no dejó ni eso. Manuel Martínez Garrigós fue ejemplo del desorden que puede darse al administrar una ciudad en la que, por ejemplo, cuando se había resuelto uno de los graves problemas que la aquejaron como el de la basura, vino a darle al traste por uno de sus caprichosos negocios. Luego, inventando quién sabe qué historias se propuso copiarle al Peje haciendo una vía elevada sobre Plan de Ayala para la que empezó a endeudar la ciudad con 600 millones de pesos. Como no pudo hacer tal segundo piso con el que seguramente pensaba llegaría al cielo, pidió otros millones, mientras acumulaba descontento entre la ciudadanía que tuvo que padecer la súper propaganda con que tenía tapizada la ciudad… Como jamás le interesó realmente ser presidente municipal porque su meta era la gubernatura, dejó al garete muchas de las tareas que debió cumplir, ah, porque él era el que “cumplía” y cuando decidió que era el momento de irse para emprender ese camino que para fortuna de los cuernavacenses se le truncó antes de empezar, el municipio estaba ya no sólo sin dinero, sino con deudores haciendo cola en la tesorería y lo que no le perdonan los empleados del municipio, que tuvieron que padecerlo en directo: les esquilmaron hasta sus ahorros, los que ellos habían hecho para el Instituto de Crédito… Y así sin dinero, endeudado por todas partes, con créditos carísimos e impagables, el municipio se le quedó al sucesor de Martínez Garrigós, ese sucesor que pronto se vio rodeado de boquetes –además de los de las calles que no podían arreglarse— de faltantes de dinero, de protesta de los empleados, de demandas de empresas que habían sido contratadas por su antecesor y de las transas y más transas que hizo cuando fue alcalde y hasta cuando dejó de serlo… Ahora es cosa de esperar y ver cómo se ponen las cosas ante el cambio de estafeta… A quienes seguramente la espera les resultará de lo más amarga, es a los empleados esquilmados, sin quincena y sin aguinaldo, sin liquidación por supuesto y a los proveedores que no podrán cobrar los servicios que prestaron y para los que Manuel Martínez Garrigós, dicen que les cobró un porcentaje, vía el gemelo incómodo, al que mandó a correr la aventura de una diputación que por supuesto también perdió… Hasta el jueves.